Se han cumplido 40 años del filme de culto de la directora Bette Gordon, Variety (1983). Variety nos lleva de viaje a un Nueva York que ha desaparecido, a un universo bastante perverso para las mujeres, además de disoluto y errante, al Times Square de los bajos fondos, de las salas de cine X y de los locales de striptease.
Su protagonista, Christine (Sandy McLeod), necesita urgentemente un trabajo cuando su amiga Nan (Nan Golding) le dice que en el cine porno Variety de Times Square están buscando una taquillera. Christine comienza a trabajar en la sala y poco a poco se va sintiendo atraída por la representación pornográfica del sexo y se convierte en voyeur alienada de los propios hombres que miran a las mujeres expuestas a su obscena mirada.

Es, pues, un viaje al inframundo de las grandes ciudades donde las mujeres son un producto más que consumir. La fascinación de Christine es la de la propia directora que confesaba en una entrevista que ella misma se sentía tentada y atraída de mirar aquello que miraban los hombres. Es por tanto una película de miradas, de female gaze que va en dos direcciones, porque Gordon mira a través de Christine no solo a las mujeres sino, y sobre todo, a los hombres que consumen mujeres. Tanto es así que la protagonista se obsesiona con uno de los clientes de la sala donde trabaja y le persigue compulsivamente para intentar averiguar quién es. Él se convierte en perseguido.

Poco a poco se va apoderando de Christine el sexo tal y como lo ha diseñado el patriarcado y comienza a mutar en una mujer para ser mirada, a encontrar la excitación a través de lo que le van imponiendo (de forma inconsciente) los hombres y se va sumergiendo en el mundo masculino hasta llegar a una completa alienación. Es un filme que dialoga a muchos niveles con la también alienada ama de casa protagonista de Wanda (Barbara Loden, 1970).
Dando la vuelta al noir
Gordon construye la trama como si de un film noir se tratase, Christine cree que el hombre al que persigue está implicado en una trama mafiosa que está investigando su novio (Will Patton) periodista. Esto le permite dotar a la película de una estética noir muy sugerente. Bette Gordon reconoce que se sintió muy influenciada por las teorías de Laura Mulvey a quien pudo escuchar y conocer en una conferencia en los años 70. A partir de ahí, creó el universo para Christine apoderándose de la mirada masculina sobre la que Mulvey teorizó y sobre la que se había construido todo el imaginario cinematográfico del cine clásico en el que la mujer es sujeto pasivo expuesto a la mirada del espectador masculino.

En esta ocasión, es Christine la que se obsesiona con uno de los hombres asiduos a la sala. Ella es la que le persigue, le estudia, le observa. Él es el misterio. Gordon subvierte así uno de sus géneros cinematográficos favoritos y le da la vuelta a los estereotipos del noir. Christine, es un homenaje subvertido de Kim Novak en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). La cineasta no niega la influencia del director inglés en varios de los planos de su película.

Las miradas se retroalimentan durante toda la película, Christine está expuesta a las miradas de todos los hombres que acuden al cine, en su celda de cristal (como indica el título en castellano de la película), pero a su vez ella les mira también a ellos y es capaz de hacer un retrato robot de cada uno de ellos. Se retroalimentan también cuando, en sus descansos, ella deambula por el lobby del cine o cuando se adentra en el local de striptease de enfrente. Ella les curiosea a ellos y ellos se desconciertan al verla en una posición que, como mujer, no le pertenece. Así que Gordon reivindica su derecho a mirar, e incluso a mirar como un hombre a través de su alter ego en la película.

La noche y Nueva York
Nueva York no es un escenario de fondo, sino que adquiere status de personaje. Inunda todo el deambular de Christine. Define su vida, su mirada y su lugar en el mundo. Una ciudad que nunca llega a ser acogedora, una ciudad hostil y decadente, a la vez que seductora y atractiva. Una ciudad que Christine transita de noche, otra subversión del estereotipo. Pues si la noche es peligrosa para las mujeres, que la ocupan con miedo y con prisa, la protagonista de Variety la toma y la habita, al igual que hizo con sala prono donde trabaja. Christine coge lo que no le pertenece como mujer sin pudor y ni desconcierto.
Película de culto
Bette Gordon ya era una reputada cineasta en la escena underground del Nueva York de los años 70. De hecho, la película cuenta con personalidades de ese ambiente cultural como Tom DiCillo en la fotografía, John Lurie en la banda sonora y Nan Goldin como actriz y responsable de la foto fija.

Su estreno comercial no fue hasta el 8 de marzo de 1985 y, el año pasado, como motivo de su 40 aniversario se ha restaurado y se ha vuelto a proyectar en festivales de todo el mundo. Estamos pues, ante un eslabón perdido más en la cadena de la genealogía del cine hecho por mujeres. Una película que se hace imprescindible para entender la mirada femenina y el universo sociocultural de su momento, principios de los años 80, para conocer la posición de las mujeres en él. Un filme con el que su directora pretendía dar un puñetazo al patriarcado:
“Se ha creado el patriarcado. ¿Qué podemos hacer? Llamar la atención sobre él. Subvertirlo. Cambiarlo. Problematizarlo. Que no resulte fácil. Hacerle un agujero.”
Variety tiene una potente female gaze y ahí radica su fuerza, pero no podemos decir que sea feminista. Su posición ante el porno y la explotación sexual de las mujeres es la de espectadora. Lo plantea y pone sobre la mesa, pero no hay crítica, ni hay posición política. Estamos a comienzos de los 80, el feminismo radical de principios de los 70, ya es irrelevante y el neoliberalismo voraz se ha apoderado de la lucha feminista, se lleva el ser pro-sex y el concepto neoliberal de la «libre elección» sin ir a la raíz de qué subyace en esa supuesta libertad. El mundo decadente de Variety está a punto de desaparecer pues la industria del porno y está a punto de entrar en sus «mejores años» gracias al mercado del vídeo y de la televisión por cable de pago.
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