Como siempre me gusta recalcar que es falaz que las mujeres no estuvieran en los comienzos del cine. Estaban como protagonistas en la primera película que se exhibió, La salida de la fábrica de la que salían las mujeres trabajadoras de la fábrica de los hermanos Lumiére en Lyon, estaban en aquella exhibición a la que acudió una joven Alice Guy que quedó fascinada con el nuevo invento y estaban en muchos oficios que iba generando alrededor del misterioso invento.
Dos de los oficios más feminizados del cine en aquellos primeros años (y también después) fueron los de cortadoras y los de coloristas. Las cortadoras eran las primitivas montadoras o editoras, las que cortaban físicamente la película de celuloide y la pegaban hasta componer las pequeñas películas de aquellos primeros tiempos.
Las coloristas eran las mujeres que pintaban los fotogramas a mano, uno a uno, para conseguir dar color al blanco y negro antes de que hubiera un proceso químico adecuado que permitiese filmar en color.
Para ambos oficios se requerían manos pequeñas, precisas, cuidadosas y perfeccionistas y las manos de las mujeres eran perfectas para ello. Jóvenes de clases bajas vieron en estos oficios “ocultos” cómo nuevas oportunidades de trabajo se abrían para ellas, más allá de las fábricas, las lavanderías, el campo o el servicio doméstico.
Sin embargo, el oficio de las coloristas no surgió con el cine. Era algo que ya se hacía para pintar postales, fotografías y fotogramas de las linternas mágicas (uno de los aparatos precursores del cinematógrafo). Era un oficio repetitivo, mecánico y no muy bien remunerado y sin prestigio artístico, por lo que las mujeres eran perfectas para ello.

En el cine de aquellos primeros años, dar color a las películas era otorgarles un tono más poético, ornamental y artístico. En muchos casos, solo se coloraban algunos elementos de la imagen y en muchas ocasiones se coloreaban las figuras femeninas o sus ropajes más vaporosos y dinámicos, como ocurría en las famosas películas de danza. La propia Alice Guy utilizó esta técnica en alguna de sus primeras películas La salida de Arlequín y Pierrette (1900). Y esa era otra de las razones por las que se prefería que el oficio lo realizaran mujeres, por su experiencia en maquillarse y vestirse combinando colores y texturas.

En EE.UU. hay fuentes que constatan la existencia de este oficio feminizado y se cree que una de las primeras que trabajó para Thomas Edison a mediados de la década de los 90 del siglo XIX fue la esposa de Edmund Kuhn (un trabajador de Edison Company que fundó en 1896 la International Film Company junto a Charles Webster) que destacó por el coloreado de las populares serpentine dance que fueron las primeras películas coloreadas de las que se tiene constancia.

Fueron varias las mujeres que trabajaron coloreando películas en aquellos años en EE.UU. de las que se conocen sus nombres, aunque no demasiado de cómo trabajaban y se organizaban. Algunas de ellas fueron Miss Martini, Miss Sarah Levy, y Miss Tompkins.
Madre e hija Thuillier
Sí que se tiene más información de las coloristas francesas, en parte gracias al trabajo de Stéphanie Salmon y Jacques Malthête que han documentado su existencia y rescatado sus aportaciones. Por ejemplo, se sabe que George Méliès, coloreó desde el principio sus películas (entre 1897 y 1912) y que este trabajo lo externalizó a una empresa situada la calle Varennes en París empresa regentada por una madre y una hija, Élisabeth y Marie-Berthe Thuillier.

(Centre national du cinéma et de l’image animée and the Cinémathèque française)
Elisabeth había nacido en 1841 en un pueblo cerca de la frontera de Francia con Luxemburgo. Vivió allí hasta que una epidemia de cólera que se desató entre 1848 y 1850 obligó a muchas personas a migrar del campo a las ciudades. Ella se fue a París con tres de sus hermanos. Tuvo dos hijos que murieron durante la infancia de padres desconocidos y en 1867 dio a luz a Berthe cuyo padre sí la reconoció, Jules Arthur Thuillier, aunque la pareja no se casó hasta 1874.
Elisabeth había estado viviendo en un barrio obrero de París, cerca del Canal Saint-Martin. Gracias a la ley Falloux de 1850, se crearon numerosas escuelas públicas a las que tanto Elisabeth como Berthe pudieron estudiar recibiendo una buena educación.
Elisabeth había trabajado como cocinera y como sirvienta y trabajaba en la tienda Binant cuando nació su hija Berthe. El sucesor de Binant, E. Souchard era un comerciante de arte que vendía pinturas en miniaturas, acuarelas, pero también materiales de pintura y hacía restauraciones de cuadros, por lo que es posible que su influencia le llevase a que, cuando su marido murió en 1875, ella abriera su propio negocio como colorista de fotografías y placas fotográficas.

Se cree que su hija Berthe podría haber empezado a trabajar con su madre en 1886, cuando tenía 19 años. Si bien, en el registro de su boda en 1888 ella figura como fotógrafa de profesión (según la hija de Berthe, Georgette, su madre firmaba las fotografías con el nombre de su marido, el escultor Eugène Boutier). El matrimonio se divorció en 1906.
El taller Thuillier
Cuando aparece el cine en 1895, Elisabeth y Berthe se van a especializar en colorear películas utilizando los mismos tintes de anilina que utilizaban para las fotografías. Se cree que comenzaron a trabajar para Georges Méliès hacia 1897. En 1929 la propia Berthe explicaba cómo era el proceso durante un homenaje que se hizo al cineasta:
Coloreé todas las películas del señor Méliès (…). Ese tipo de coloración se hacía enteramente a mano. Empleé a doscientas veinte mujeres en mi taller. Pasaba las noches seleccionando y probando los colores, y durante el día mis trabajadoras aplicaban el color según mis instrucciones. Cada trabajadora aplicaba un solo color y, a menudo, había más de veinte colores para aplicar en una película. Usamos tintes de anilina muy finos. Luego se disolvían sucesivamente en agua y alcohol. El tono obtenido era transparente y luminoso. (…)
Las palabras de Berthe nos dan idea de la complejidad con la que llegaron a trabajar en el taller, estructurando la mano de obra por colores para aumentar la productividad. Solamente, colorear la famosa Viaje a la Luna (Méliès, 1902) requirió pintar un total de 13.375 fotogramas.

La aprendiz Julianne Mathieu
En el taller Thuillier comenzó a trabajar en aquellos años Julienne Mathieu. Poco se sabe de esta mujer que a finales de siglo era actriz de variedades en París. Conoció a Segundo de Chomón (uno de los pioneros más prolíficos del cine español) cuando este estuvo pasando una temporada en París. Marchó con él un tiempo a Barcelona hasta que a él le enviaron a Cuba mientras hacía el servicio militar. En ese momento, ella se volvió a Francia.
Es en ese periodo de tiempo cuando se cree que comenzó a trabajar como una de las coloristas del taller de Elisabeth y Berthe y allí aprendió el oficio. Fue ella la que introdujo a Chomón en el mundo del cine cuando volvió de Cuba, y juntos abrieron en Barcelona su propio taller desde el que coloreaban películas, hacían títulos y distribuían cine francés. Aunque unos años después, volvieron a Francia para trabajar para Pathé.

Pathé Frères
La primera relación del taller Thuillier con la empresa de los hermanos Pathé (junto con Gaumont la otra gran productora y distribuidora de cine en Francia) de la que se tiene constancia es del 4 de enero y el 12 de febrero de 1898, que cuando se menciona en los libros de Pathé a “Thuillier, Coloriste” y “Vv Thuillier” (viuda de Thuillier).

Según esos mismos libros de registros, en noviembre de 1903 Pathé ya trabajaba con tres talleres diferentes: Verdier, Vallouy y Thuillier. Sin embargo, se cree que, durante la segunda mitad de 1905, la mayor parte de los encargos los hacía al taller de Elisabeth y Berthe, unos 3.800 metros de película cada mes a razón de 1,25 francos el metro.

Cuando Elisabeth murió entre 1904 y 1907 (no se sabe el año exacto) su hija Berthe se hizo cargo de la empresa.
Aunque el proceso seguía siendo manual, Pathé introdujo la utilización de unas plantillas que daban mayor precisión a la aplicación del color, así como una mayor rapidez. En 1906, Pathé quiso contratar el taller Thuillier en exclusiva, pero Berthe rompió el contrato en seguida, cuando vio que tenían que compartir mando con la jefa de las coloristas de Pathé, Mme Florimond.

Las coloristas de Pathé
A partir de ese momento, Pathé decidió que iba a expandir su propio departamento de color y pasó de tener 80 empleadas a 200. Una de aquellas mujeres que trabajaron en aquel departamento fue Germaine Berger que, junto a su hermana Lucie, comenzó en 1911, con 15 años de edad, cortando plantillas. Ella contaba en una entrevista en 1984 cómo era trabajar allí. El trabajo estaba muy regulado, trabajaban en una posición fija y no se les permitía conversar y socializar con sus compañeras durante la jornada.

Sin embargo, a Germaine le gustaba mucho su trabajo que, además estaba bastante bien pagado; las coloristas ganaban 21 francos a la semana en contraposición a los 15 que ganaban trabajadores masculinos menos cualificados de la productora. Debido a las ganancias que proporcionaban a la empresa, Berger y las demás coloristas eran conocidas en el barrio de Vincennes como las “las gallinas de Pathé” (recordemos que el logo de Pathé era un gallo).

Otra de aquellas mujeres que comenzó en el cine en este oficio en Pathé fue Marguerite Renoir que entró como aprendiz de colorista en 1921. Aunque no figura en sus registros ella siempre afirmó que aquel fue su primer contacto con el cine. Marguerite se convertirá, con los años, en la montadora habitual de las películas de Jean Renoir.

El declive y evolución de un oficio El oficio de las coloristas fue decayendo cuando en los años 20 se estaba ya más pendiente del advenimiento del sonido. Sin embargo, es una profesión que, después con el color y aún hoy en día, fue evolucionando del etaloje, color correction en inglés (la corrección y unificación del color de una película) a los y las coloristas de la actualidad que se encargan, en las últimas fases de la postproducción no solo de unificar sino también de dar el tono específico a una película siguiendo una determinada paleta de color y atmósfera visual.

Fuente: Women Film Pioneer Project
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