La obra de la cineasta Cecilia Bartolomé es breve pero intensa. Tal vez si alguien le hubiera dicho de niña que “calladita estaba más guapa” su trabajo del tercer curso de la Escuela Oficial de Cine no hubiera sido secuestrado por la censura y tal vez no hubiera pagado cara su osadía al pretender salirse del tiesto. Nunca son buenos tiempos para las mujeres contestatarias y menos, si quieres transgredir a principios de los años 70 en plena dictadura franquista.
Aquel mediometraje que le trajo tantos sinsabores era Margarita y el lobo que la propia cineasta escribió y dirigió. Nunca antes ninguna mujer se había atrevido a tanto, hoy podríamos decir que es un símbolo de aquella época, la primera película abiertamente feminista y, desde luego, un pedazo de la historia del cine español que hay que rescatar. Si Cecilia Bartolomé hubiera realizado esa película en la vecina Francia, su historia hubiera sido muy diferente, pues tenía un toque muy nouvelle vague, casi como si Varda se hubiese venido a rodar a Madrid.
Sus inicios
Cecilia Bartolomé nació en Alicante, pero cuando tenía seis años su padre fue trasladado a Guinea Ecuatorial. Allí permaneció hasta los 20 años cuando se mudó a Madrid. A pesar de lo difícil de la vida en Guinea para una mujer, Cecilia se las apañó para comenzar a dirigir e interpretar teatro siendo adolescente.

Bartolomé era consciente de lo exótica que resultaba cuando llegó a Madrid y también de lo lúgubre y provinciana que ella encontró la ciudad, pues contrastaba con la mentalidad más abierta de la sociedad de Guinea. Desde los 14 años había querido hacer cine, así que aunque se trasladó para estudiar Ciencias Económicas enseguida consiguió ingresar en la Escuela Oficial de Cine. Tres mujeres estudiaron en aquellos años en la escuela: Josefina Molina, Pilar Miró y Cecilia Bartolomé. Sólo dos estudiaban Dirección Josefina y ella, Pilar se diplomó en Guion.

Cecilia fue la más osada. Durante sus años de estudiante realizó tres cortos: La siesta (1962) La noche del doctor Valdés (1964) y Carmen de Carabanchel (1965). Su tema principal en ellos era la vida sexual de las mujeres españolas de la época. Unos retratos de mujer que nada tenían que nada tenían que ver con el cine convencional de la época, ni siquiera con los retratos de mujeres de los directores del llamado Nuevo Cine Español. En los cortometrajes de Bartolomé podemos hablar de una mirada femenina (inexistente en aquella época) pero una mirada incisiva, contestataria y sin complejos. Hay que entender, teniendo en cuenta la época, que fue muy valiente en sus trabajos, pues se arriesgaba mucho al denunciar la pacata moral y la opresión y sumisión de la mujer en la dictadura. Ella se definía en aquellos años como anarco-feminista y reconoce que eso no gustaba ni siquiera a los círculos de la izquierda de entonces.

Los protagonistas de Margarita y el lobo en una escena de la pelicula: Lola Lemos, Luis Porcar y Miguel Buñuel Tallada
Margarita y el lobo (1970)
Este fue el mediometraje con el que se graduó. El argumento es sencillo, Margarita, una joven artista consigue divorciarse de su marido (bueno, anular el matrimonio eclesiástico, pues no existía el divorcio como tal) y a lo largo de la cinta mediante flashbacks vemos cómo era su relación y cómo es su vida tras conseguir de nuevo la soltería.
Está libremente basado en una novela francesa: Les Stances à Sophie (1963) de Christiane Rochefort. Como no era un texto muy cinematográfico porque apenas tenía argumento, ella lo adaptó para su propósito y a la vez quitó toda la seriedad y la gravedad del original para darle un barniz de divertimento.
Si el tema era audaz, una mujer en busca de su emancipación y de su voz como artista, también lo era su estilo. Recuerda claramente al cine de la nouvelle vague francesa y a los musicales de Jacques Demy. Está contada en clave ligera, con mucho desparpajo y alegría, está llena de vida a la vez que está llena de denuncia y de indignación. Margarita, al igual que la película, es vibrante, divertida, desprejuiciada y muy libre, todo lo que no debía de ser una mujer de los años 60 en España.
Por supuesto, la película fue secuestrada por la junta de censura y su nombre entró en una lista negra. Cecilia Bartolomé solo pudo trabajar en publicidad y en documentales institucionales.

¿Y tras la dictadura…?
Después de la dictadura, Cecilia Bartolomé se siguió encontrando con muchas dificultades para poder desarrollar una carrera en el cine. En 1977, le ofrecieron dirigir su primer largometraje: Vámonos, Bárbara (1977). Estaba inspirado en el filme Alicia ya no vive aquí (Martin Scorsese, 1974) y adaptó la historia a la situación de la España de aquellos años. Supuso bastante revuelo y se la catalogó como la primera película feminista del cine español.

Tras este largometraje, trabajó con su hermano, José Juan Bartolomé, en la realización de unos documentales sobre la transición política en España vista desde la perspectiva de los ciudadanos de a pie. Bajo el título de Después de… (1983) agruparon dos documentales: No se os puede dejar solos y Atado y bien atado que habían rodado entre 1977 y 1981. Su visión era de todo menos complaciente, había mucha crítica y, de nuevo, las películas fueron secuestradas por la censura. Este daño fue reparado en seguida por Pilar Miró, cuando en 1983 asumió la Dirección General de Cinematografía, rescató los trabajos que consiguieron su exhibición y además un premio del Ministerio de Cultura.

Cecilia Bartolomé rodó su última película en 1996, Lejos de África. La escribió con su hermano y se inspiraron en su infancia en África. El tema del colonialismo español en Guinea Ecuatorial había sido “materia reservada” por el gobierno. Cuando por fin se desclasificó, pudieron llevar a cabo su proyecto.
Reconocimientos
La carrera cinematográfica quedó truncada desde el principio. En los últimos años intentó poner en marcha varios proyectos pero no consiguió financiación. Cecilia Bartolomé tuvo que dedicarse a la escritura de guiones así como a ser conferenciante y docente. Su último trabajo tras las cámaras fue el capítulo documental que le encargó TVE sobre Carrero Blanco para la serie Cuéntame.
Poco a poco se fue reparando el ostracismo que le trajo su rebeldía y ha sido colmada con homenajes, reconocimientos y premios. Es socia de honor de CIMA, Asociación de Mujeres cineastas y del Audiovisual, recibió el premio «Mujer de cine 2012» en el Festival de Cine de Gijón que le entregó Josefina Molina y en 2014 se la condecoró con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, del Gobierno de España. El último premio fue el Feroz de Honor concedido por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España.

Cabe preguntarse, si Cecilia Bartolomé no hubiera preferido haber hecho más películas a cambio de un reconocimiento a deshora. Le tocaron tiempos llenos de lobos que devoraron a una Margarita (su segundo nombre, por cierto) rebelde y la privaron de mostrar al mundo sus historias y de haber podido construir una obra contundente y constante. Los lobos hicieron que la historia del cine español fuese menos rica y que la cultura de las mujeres quedase un poco huérfana de narradoras que nos dejaran sus relatos a las generaciones posteriores.



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