Dorothy Arzner, la única directora del Hollywood clásico

A principios de los 70, Karyn Kay (escritora y docente) y Gerald Peary (cineasta y crítico de cine) localizaron en el archivo de la RKO en la State Historical Society de la Universidad de Wisconsin dos películas de Dorothy Arzner, Christopher Strong (1933) y Dance, Girl, Dance (1940). Quedaron sorprendidos al descubrir que una mujer había dirigido películas en Hollywood en una época en la no había directoras en los grandes estudios, películas personales protagonizadas por mujeres complejas y con personalidad. Kay y Peary decidieron localizarla para intentar entrevistarla. La anciana Arzner accedió sin nigún problema y gran parte de lo que sabemos de su carrera proviene de aquella histórica entrevista que tuvo lugar en 1974. A partir de entonces, la figura de Dorothy Arzner poco a poco comenzó a estudiarse y a tenerse en consideración como la gran cineasta y mujer de cine que fue.

Sus primeros años

Dorothy Arzner nació en San Francisco en 1897. En 1906, tras el terremoto que destruyó la ciudad, su familia se mudó a Los Ángeles, una ciudad en pleno desarrollo. Su padre regentaba una serie de restaurantes, entre ellos el Hoffman Café frecuentado por la gente del cine y del teatro de la época como Charles Chaplin, Mark Sennet o los directores David W. Griffith y James Cruze. Arzner enseguida conoció los oropeles de la ciudad de las estrellas y estuvo, desde muy temprana edad, en contacto con lo que sería su futura carrera profesional.

Sin embargo, tras pasar por una escuela para chicas, donde la envió su madrastra, preocupada de que Arzner no fuese lo suficientemente femenina, Dorothy se matriculó en Medicina en la Universidad del Sur de California. Al comenzar la Primera Guerra Mundial abandonó los estudios y se fue a servir como conductora de ambulancias y ya nunca más volvió a su carrera para ser doctora.

Dorothy Arzner. UCLA Film & Television Archive.

Cuando finalizó la guerra la futura cineasta quería vivir de forma independiente, así que comenzó a trabajar. Tras algún que otro trabajo administrativo sin importancia, consiguió un contrato como mecanógrafa en Famous Players-Lasky Corporation en el departamento de guiones. Su carrera en el cine acaba de comenzar.

Sus comienzos en el cine: guionista y montadora

Enseguida pasó a escribir sinopsis de películas y en seis meses se trasladó al departamento de montaje de Realart Studio, empresa subsidiaria de Famous Players-Lasky Corporation que ya se había convertido en el estudio Paramount. Tras editar y montar 32 películas llegó a conseguir el puesto de Jefa del departamento de montaje.

Estaba claro que Arzner era ambiciosa y muy competente así que de la subsidiaria Realart no tardó mucho en pasar al estudio grande, Paramount, donde editó aproximadamente 52 películas de serie B antes de que por fin le dieran la responsabilidad del montaje de una película de serie A, Sangre y arena de Fred Niblo (1922), protagonizada por la estrella masculina del estudio: Rodolfo Valentino.

En Paramount trabajó en varias películas con el director James Cruze, al que consideró su mentor convirtiéndose en su mano derecha. Lo estaba aprendiendo todo de la producción cinematográfica y enseguida comprendió que para trabajar en el negocio del cine lo que había que hacer era dirigir, según sus propias palabras el director es “el que dice a todo el mundo qué tienen que hacer, pero de hecho, él es el conjunto de todo el trabajo”. Arzner tenía claro su objetivo y, a pesar del mundo tan masculinizado en el que se encontraba, no se iba a dar por vencida.

Por fin directora

Tras un paréntesis en el que dejó el gran estudio para escribir guiones para productoras independientes, volvió a Paramount para ocuparse del guion de Old Ironsides de James Cruze (1926) que también montó. Sin embargo, su ambición por ser directora estuvo a punto de llevarla a la Columbia donde le habían ofrecido dirigir su primera película, cuando los ejecutivos de la Pramount le ofrecieron una película de Serie A para evitar que se fuera. Así fue como en 1927, Dorothy Arzner dirigió su primera película: Fashion for woman protagonizada por la actriz Esther Ralston. La película fue un éxito de taquilla y las críticas no fueron malas, así que la siguiente película que le ofrecieron también la protagonizó Ralston: Ten Modern Commandments (1927) y también fue un éxito comercial.

Era tal la reputación que se había ganado en el estudio que decidieron confiarle la primera película sonora de la productora. Iba a estar protagonizada por Clara Bow, The wild party (1929). La actriz estaba muy nerviosa pues era su primera película hablada así que Arzner tuvo la idea de colgar el micrófono de una caña de pescar para que Bow pudiera moverse libremente y ganase confianza a la hora de actuar. Tanto actriz como directora superaron con éxito la prueba del sonoro. Digamos que Dorothy Arzner, sin querer, inventó la famosa pértiga que se ha usado siempre para sujetar el micrófono en las producciones cinematográficas y audiovisuales.

Dorothy Arzner y Clara Bow en el rodaje de The wild party (1929)

En total, dirigió 11 películas en Paramount y consiguió tener su propio equipo de personal técnico. Según la propia Arzner contó años después, tampoco tuvo que lidiar con muchos contratiempos e imposiciones para dirigir sus películas. Fue la primera mujer y, durante muchos años la única, en formar parte del Sindicato de Directores (Director Guild of America).

En 1932, haciendo gala de su independencia, se marchó de Paramount para dirigir películas como directora independiente. De esta forma, trabajó para casi todos los grandes estudios de Hollywood en aquellos momentos: RKO, United Artists, Columbia y MGM. Y también trabajó con algunas de las mejores actrices del momento como Claudette Colbert o Rosalind Russell y dirigió algunas de las primeras películas de una joven Katharine Hepburn.

Dorothy Arzner en el rodaje de Dance, girl, dnace (1940)

Una nueva etapa profesional

Tras una severa neumonía y, se cree que también por sus fuertes discrepancias con el presidente de la MGM Louis B. Mayer, Dorothy Arzner dejó Hollywood en 1943. Sin embargo, este hecho no supuso que se retirara del trabajo en absoluto. La cineasta siguió asociada a la dirección cinematográfica, pero esta vez alejada de los estudios de producción. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en un conjunto de cortometrajes para el Cuerpo de Mujeres del Ejército.

Terminada la guerra, Arzner produjo algunas obras de teatro para la compañía Pasadena Playhouse y también produjo un programa de radio, You wanna be a star. En 1952 entró a formar parte del College of the Arts de Playhouse como responsable del departamento de Cine y Televisión donde impartió el primer curso de cine que ofrecía la universidad. Además, dirigió más de 50 anuncios publicitarios de Pepsi Cola protagonizados por su amiga, la actriz Joan Crawford que era accionista de la compañía.

Dorothy Arzner y Joan Crawford

Finalmente, en los años 60 fue profesora en la Universidad de California (UCLA) donde Francis Ford Coppola fue uno de sus alumnos. En esta universidad se conservan sus archivos, películas y documentos, un fondo que se creó gracias a la actriz y directora Jodie Foster. Como curiosidad, el propio Coppola, además, le ha dedicado un whiskey de su bodega: Dorothy Arzner Straight Rye Whiskey.

Arzner fue muy discreta con su vida privada y sin embargo nunca ocultó que era lesbiana, a pesar de que en los años en los que vivió. Mantuvo una relación de cuarenta años con la bailarina y coreógrafa Marion Morgan quien colaboró en algunas de sus películas. Y, aunque no era lo habitual en aquella época, vivieron juntas como pareja hasta la muerte de Marion en 1971.

Dorothy Arzner y Marion Morgan en 1927

Su legado

Dorothy Arzner fue una rara avis en su época y, sin embargo, supo aprovechar su oportunidad y hacer gala de su independencia. Las mujeres protagonistas de las películas de Dorothy Arzner eran muy semejantes a ella misma: inteligentes, modernas, independientes… entre las flappers y la new woman pues no llegaban a la superficialidad de las primeras y eran profesionales y vanguardistas como las últimas. Sus protagonistas eran complejas y se alejaban de los estereotipos de género que se intentaban imponer. Su clave era dar más importancia a sus protagonistas femeninas y a la relación entre los personajes femeninos de sus filmes que otro tipo de relaciones más ortodoxas como el amor romántico heterosexual.

La persona y el trabajo de Dorothy Arzner comenzaron a ponerse en valor cuando las historiadoras feministas de los años 70 la recuperaron y comenzaron a estudiar su cine. Hasta entonces, Arzner apenas era recordada por algunas de las personas que habían trabajado con ella. Sin embargo, poco a poco se ha ido convirtiendo en referente del cine feminista y en modelo para las futuras cineastas.

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