Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles, Chantal Akerman (1975)

Chantal Akerman tuvo la idea para esta película una noche, tenía 25 años y una historia que quería contar. Durante las dos semanas siguientes se dedicó a escribir todas y cada una de las acciones y movimientos que realiza el personaje de Jeanne Dielman. Para las que no conozcáis el filme, lo que en él se cuenta es la vida de un ama de casa durante tres días a lo largo de más de tres horas. Cuando terminó el guión se dio cuenta de que había descrito cada una de las acciones que Jeanne Dielman realiza durante el filme. No había dejado ni un solo hueco en el día a día de su personaje… hasta el tercero. Ella misma cuenta que se basó en la rutina de familia judía que ella vivió siendo niña, rodeada de mujeres y con un abuelo metódico con el rito. Rituales judíos que transformó en rituales domésticos para su primer largometraje.

A pesar de su juventud, Akerman tenía muy claro lo que quería. Para empezar el ofreció a Delphine Seyrig el papel protagonista. Por aquel entonces, Delphine Seyrig era una estrella del cine francés, además de estar muy comprometida con el movimiento feminista de los años 70 y se estaba convirtiendo en una vídeo artista dentro de dicho movimiento. La razón por la que la eligió a ella, era muy poderosa, y así lo cuenta la propia directora ella en una entrevista que concedió en 2016; el trabajo doméstico del día a día es un trabajo que no se ve, como tampoco se ve a la persona que lo hace: “el marido no ve a la mujer lavar los platos”, la persona que hace esas tareas se vuelve invisible y por lo tanto su trabajo. Por tanto, elegir a una estrella de cine como Seyrig con lo que esto implica de belleza, elegancia y glamour, elegir a alguien a quien no veríamos nunca fregar los platos, pelar patatas o hacer una cama, significaba para la directora “visibilizar” esas tareas invisibles y prestar atención al trabajo doméstico. Toda una declaración de intenciones.

Así pues, en la película, Akerman aborda la vida del trabajo invisible del ama de casa con un personaje que ha convertido todas las tareas que realiza durante la jornada en una serie de ritos inamovibles y reiterados. Cada día de los que nos muestra el film nos va mostrando en detalle cada uno de esos rituales la forma metódica y precisa en la que la protagonista los lleva a cabo.

Otro de los temas que retrata esta película es el de la prostitución. Jeanne Dielman es una mujer de mediana edad, viuda que tiene que mantener a su hijo adolescente. Así que recurre a la prostitución para poder mantenerse. Es un retrato de absoluta denuncia. Sabemos que Jeanne Dielman recibe a los clientes en su casa. Sabemos que son habituales. Pero no vemos lo que ocurre durante el “servicio” que sucede a puerta cerrada fuera de plano (con excepción del cliente del último día). Sí vemos cómo los recibe, con una absoluta frialdad y distanciamiento y cómo los despide, de la misma forma. También vemos qué ocurre después de que esos hombres se hayan ido, cambia las sábanas y se baña de una forma compulsiva y metódica, intentando eliminar de su cuerpo cualquier rastro de lo que acaba de suceder toda la suciedad y la repulsión que le provoca. De este modo, Akerman muestra la prostitución como algo que repugna y antes de llegar a la escena con el último hombre, ya intuimos cómo va a ser: incómoda, desasosegante y desagradable.

EL TEMPO NARRATIVO

La duración del filme puede parecer excesivo, 200 minutos, pero no lo es en absoluto. El tiempo y su representación es uno de los temas de la película y de lo que seguirá siendo el estilo personal de Akerman, porque para ella lo importante es que el espectador sienta el paso de ese tiempo, que las horas de su vida que pasa viendo una película sean vividas. Tal vez por eso es tan fácil entrar en el universo que propone la directora en Jeanne Dalmain, porque no hay un momento en el que no dejemos de acompañar a su protagonista. Tenemos, además, esa sensación de conocer tan bien su vida que poco a poco vamos buscando las diferencias que van surgiendo en la rutina de cada día, hasta el tercer día en el que todo se dinamita, cuando nada es como debería ser, lo que descoloca a su protagonista y le genera una tensión que traspasa el universo narrativo del filme y crea un suspense que planeará durante el resto del filme hasta el abrupto y sorprendente final.

Sus planos son estáticos, largos, jugando con los encuadres que re enmarcan la escena a su vez en puertas y pasillos. Son planos que recogen una acción que se desarrolla dentro y fuera de cámara, una mirada estática y una mujer impertérrita que entra y sale de plano como si nada más que su propio ritual diario importara.

El uso del sonido es otro de los elementos más importantes en un filme en el que apenas hay diálogo. El sonido de todas y cada una de las acciones que realiza la protagonista constituye un paisaje sonoro absolutamente musical y acompasado que nos guía durante el relato. Los pasos, la apertura y el cierre de puertas, los ruidos de la cocina, nada se escatima o se disimula, todos los sonidos están ahí para formar una auténtica banda sonora musical sin música.

LA MEJOR PELÍCULA DIRIGIDA POR UNA DIRECTORA

En la década de los 70, cuando muy pocas mujeres conseguían dirigir películas, Chantal Akerman tenía claro que quería el mayor número de mujeres en el equipo, quería que hubiera mujeres encargándose de la cámara, la iluminación o el sonido…, profesiones que siempre desarrollaban hombres. El equipo técnico estuvo formado por un 80% de mujeres. Quería demostrar que las mujeres podían hacerlo…

… y lo consiguió y de qué forma. Según el ránking que elaboró en 2019 la web Indiwire, Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles es la mejor película de la historia dirigida por una mujer. Yo diría más, debería de empezar a estar incluida en la lista de las mejores películas de la historia (lista en la que, en general, nunca hay filmes de directoras). Se habla mucho de los espectaculares comienzos cinematográficos de directores jóvenes, pero este es el segundo largometraje de una directora de 25 años en los años 70 y es toda una declaración de intenciones en cuanto a contenido y una maravillosa filigrana narrativa. Es una obra contundente y madura de alguien con un claro dominio de la técnica cinematográfica. Es una obra cuyas imágenes quedan en la retina durante mucho tiempo, una película a la que no dejas de volver y reflexionar sobre ella. Una película de la que no te puedes olvidar, de la que recuerdas sus planos, sus escenarios, sus escenas…, su personaje. Así que sí, para mí es una de las mejores películas de la historia del cine.

Un comentario

  1. […] En 2020 escribí una reseña en este blog. La dejo tal cual, no la modifico, aunque desde luego no refleja mi pasión… tal vez todavía se estaba gestando. Hoy me sería raro escribirla así, sería mucho más intensa, de eso seguro y no abordaría el tema de la prostitución de la misma manera, porque después de leer y escuchar muchas más entrevistas de Chantal Akerman, no estoy segura de que sea una denuncia, sino, como ella decía, una metáfora. Cuando se lo escuché por primera vez no lo entendí, pero ahora tengo el conocimiento para hacerlo, sobre todo después de haber leído a Gerda Lerner y a Adrienne Rich y, también después de haberla leído a ella. La prostitución en Jeanne Dielman es una metáfora de la servidumbre sexual de la esposa. Y esto es así cuando sabemos que en la primera versión del guion que escribió Chantal la película comenzaba con Jeanne y su marido después de tener relaciones sexuales y dejándole él dinero en la mesilla para los gastos del día. […]

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