Este año 2025 se cumplen 50 años de una de las películas fundamentales de la historia del cine. Una película clave en el llamado “nuevo Hollywood” y que cimentó las bases de la carrera de uno de los cineastas más relevantes, Steven Spielberg. Sin duda, ya sabes que hablo de Tiburón que se estrenó en junio de 1975 y causó un auténtico revuelo social, aquel verano, la gente no se metía alegremente a bañarse en el mar. Fue una película modesta en realidad pero que en seguida se convirtió en un éxito popular.

SUS INICIOS
Una de las personas clave de ese éxito fue, sin duda, su montadora, Verna Fields. Y es de ella, aprovechando la efeméride de la película, de quien quiero hablar en este post.
Nació el 21 de marzo de 1918 en St. Louis. Su padre, que era periodista, se mudó a Hollywood con toda la familia para trabajar como guionista. Allí, la joven Verna estudió periodismo en la University of Southern California. Pronto comenzó a trabajar en los estudios 20th Century Fox en diferentes posiciones. Fue asistente del editor de sonido de la película de Fritz Lang The Woman in the Window (1944). Allí conoció a su futuro marido, el editor Sam Fields que murió muy joven en 1954 con apenas 38 años.
Verna quedó viuda con dos niños pequeños, así que trabajaba en televisión como editora de sonido y por las noches instaló en su casa un pequeño estudio de montaje para trabajar en películas. La primera película en la que ya figuraba como editora de sonido fue en otra película de Frizt Lang, Mientras Nueva York duerme (1956). En 1962 ganó el premio Golden Reel del Motion Picture Sound Editors por su trabajo en la película El cid (Anthony Mann, 1961).

Durante la década de los 60 siguió trabajando como editora de sonido en películas menos conocidas, entre otras, la ópera prima de Peter Bogdanovich Targets (1968) que fue uno de sus últimos trabajos en sonido.
SU TRABAJO COMO MONTADORA
Verna Fields entró en el oficio de montadora en 1960, cuando la contrató el director Irving Lerner para que editase su película Studs Lonigan. A partir de ahí, durante esa década compaginaba su trabajo en sonido con el de montadora en películas independientes y también documentales para organizaciones gubernamentales.

A mediados de esa década comenzó a dar clases de montaje en la University of Southern California, donde ella había estudiado años antes periodismo. Fue allí, donde entró en contacto con algunos de los que luego serían parte del nuevo Hollywood y con los que ella trabajaría. Entre otros, Gloria Katz, que fue guionista y productora junto a George Lucas y trabajó en guiones como American Graffiti e Indiana Jones y el templo maldito, John Millius o el propio George Lucas.
Sus clases en la universidad la devolvieron en cierto modo al cine comercial como montadora, tras haber cogido tablas con los documentales gubernamentales.
Sus primeras películas como montadoras fueron las del director Peter Bogdanovich que, hasta entonces se había estado editando él mismo sus films. La volvió a llamar, esta vez como montadora, para trabajar en la que se convertiría en una de sus películas más famosas, ¿Qué me pasa, doctor? (1972). Ambos colaboraron en dos películas más Luna de papel (1973) y Daisy Miller (1974).

En 1967, Verna Fields decidió contratar como ayudante de edición a uno de sus alumnos, George Lucas, para trabajar con ella en el documental de Gary Goldsmith, Journey to the Pacific (1968) y también a una joven llamada Marcia Griffin, lo que unió una sala de montaje lo separó después el hombre, pero lo cierto es que George y Marcia se casaron y, hasta su divorcio en 1983, formaron uno de los tándems creativos más importantes de aquel nuevo cine de Hollywood.

En 1972, George Lucas estaba dirigiendo American Graffiti y quería que fuera Marcia la que se encargara del montaje. Sin embargo, el estudio le pidió que contratase también a Verna Fields para el equipo de edición. Durante las 10 primeras semanas de montaje, consiguieron dejar una película que duraba 165 minutos. Verna abandonó entonces el equipo y la post produción continuó durante seis meses más hasta conseguir la versión de 110 minutos definitiva.
Por American Graffitti, Marcia y Verna fueron nominadas en la categoría de Mejor Montaje en los premios de la academia (Oscars) de 1974.
TIBURÓN
Su primer trabajo con Steven Spielberg fue el montaje de la segunda película del director, Loca evasión (1974). Tras esta colaboración, Spielberg la contrató para trabajar en lo que ya se ha convertido en un clásico del cine y una película que cambió para siempre la historia del cine de Hollywood, Tiburón.
Gran parte del mérito de la película, es algo en lo que coinciden la crítica y la academia, tiene que ver con el trabajo de Verna Fields que consiguió crear un personaje atemorizante gracias al montaje. Limitaron pues las apariciones del tiburón mecánico, pues tenían miedo de que si se veía demasiado consiguieran el efecto contrario y el público terminara riéndose en lugar de con el miedo en el cuerpo. Como dijo Spielberg más tarde “… pasó de ser una película japonesa de terror matinal de los sábados a un thriller más al estilo de Hitchcock, en el que cuanto menos se ve, más suspense se consigue». El director estaba maravillado con el trabajo de Verna. Él le daba pequeñas instrucciones y tres adjetivos que describían lo que quería y cuando veía lo que había hecho Verna podía distinguir sus tres adjetivos más el de Verna.

Efectivamente, eso fue lo que consiguió Fields con su montaje visible, en una película donde los cortes se sienten, se palpan dejando atrás el montaje clásico “invisible”. Unos cortes que, como señaló Susan Korda en su conferencia de 2005 We’ll Fix It in the Edit!?, le otorgan personalidad e inteligencia al tiburón e incluso sentido del humor. En definitiva, el trabajo de edición de Verna Fields convirtieron en un personaje con personalidad propia y no sólo en una amenaza fantasma.

Fields ganó el Oscar a Mejor Montaje en aquel año y el American Cinema Editors Award, conocido como «Eddie.» y el film está en la octava posición en el listado de las 75 películas mejor editadas según la lista que elaboró en 2012 el Motion Picture Editors Guild.

Verna se involucró mucho en la producción de la película, no sólo realizó su trabajo como montadora. Según parece estuvo muy presente en el rodaje iba y venía en bicicleta del escenario de rodaje al pueblo donde se alojaban los productores informando de las decisiones que se iban tomando en el último momento. El rodaje en Martha’s Vineyard estaba sujeto a las inclemencias meteorológicas por lo que el ritmo de trabajo era muy irregular, había días de mucho trabajo y días en los que no se conseguía filmar ninguna escena.
Tras el estreno de Tiburón y su enorme éxito, Universal le ofreció un puesto de consultora ejecutiva. En 1976, la independiente Verna entró a formar parte de la compañía como vicepresidenta de la producción de largometrajes. Era la primera mujer en tener un puesto ejecutivo tan elevado en un estudio de Hollywood. Como ejecutiva de producción Joel Schumacher dijo de ella en 1982: “En la industria cinematográfica, como ejecutiva que trabaja con películas, solo está Verna. Ella le ahorra a Universal una fortuna… todos los días.”
Así, los últimos años los pasó Verna Fields como vicepresidenta de Universal. Tiburón fue la última película que montó. Murió el 30 de noviembre de 1982 a consecuencia de un cáncer con apenas 64 años de edad. En su memoria, Universal nombró uno de sus edificios con su nombre. Además, The Motion Picture Sound Editors (MPSE), otorga cada año el Verna Fields Award para estudiantes de edición de sonido. The Women in Film Foundation, que en 1981 le había otorgado el Crystal Award, administra una beca, la Verna Fields Memorial Fellowship para mujeres estudiantes de cine en UCLA.

«Todos nos referíamos a Verna Fields como la Madre Cortadora. Era muy sencilla, muy maternal. Montaba sus películas en su casa, en la piscina, en el Valle de San Fernando, y era un lugar de trabajo muy peculiar… ¡Todos nuestros desacuerdos surgieron con ese maldito tiburón! Verna siempre defendía la idea de menos es más. Y yo intentaba meter esa toma más, ¡porque me llevó DÍAS conseguir esa toma! Así que volvía a estar en una barcaza durante dos días intentando que el tiburón pareciera real, y la triste realidad era que el tiburón solo se veía real en 36 fotogramas, no en 38. Y esa diferencia de dos fotogramas era la diferencia entre algo realmente aterrador y algo que parecía un gran excremento blanco flotando.» – Steven Spielberg
