En Gran Bretaña, las mujeres tardaron en poder tener una filmografía como directoras de cine. Hay pocas pioneras de ficción y cuando se habla de pioneras siempre salen a colación las directoras de documentales que, estas sí, constituyeron una nómina interesante. Muchos de sus trabajos terminaron ocupando horas de emisión o retransmisión para la BBC.
Durante el periodo mudo, Mary Field y las hermanas Marion y Ruby Grierson aprovecharon la camaradería y el espíritu pionero de la época uniéndose al movimiento documental británico, donde crearon oportunidades para ellas y otras mujeres para conseguir acceder al sistema de producción cinematográfica. Su influencia e impacto en el movimiento fueron significativos: Field es conocida por su trabajo en la serie Secretos de la Naturaleza (1922-33) y por inaugurar, en 1944, la división de entretenimiento infantil de British Instructional Films.
Durante la Segunda Guerra Mundial, muchas cineastas fueron contratadas para realizar películas para el Ministerio de Información. Muriel Box, por ejemplo, era script antes de empezar en esos años a dirigir cortos documentales. En la posguerra, las mujeres exigieron mayor autonomía y la oportunidad de desarrollar su potencial en el audiovisual. En contraste, la industria cinematográfica, los sindicatos y las condiciones laborales mantuvieron una estructura rígida, y muchas directoras fueron rechazadas o relegadas a puestos menos influyentes.
Jill Craigie
Una de las pioneras más relevantes de aquel momento fue Jill Craigie feminista y de ideas socialistas que realizó trabajos muy interesantes con un claro tinte social y político. Está considerada como una de las cineastas pioneras de Gran Bretaña, aunque para la historia ella quedó muy eclipsada por su matrimonio con el político líder del partido laborista, Michael Foot. Pasó a ser Jill Foot la historiografía tardó bastante en entender que ambas eran la misma persona.

Jill Craigie nació en Fulham, Londres en 1914. Su madre era rusa y su padre escocés. A los 18 años dejó de estudiar para comenzar a trabajar como periodista, pero para 1937, debutó como actriz de cine en la película Make-Up, haciendo un pequeño papel. Durante esa década, Jill se había ido interesando más por la política lo que le hizo decantarse por un futuro en el medio audiovisual pero detrás de la cámara, como creadora de la narración.
De 1940 a 1942 consiguió un trabajo como guionista, pero lo abandonó para dedicarse a escribir un largometraje que dirigiría su marido en aquella época, Jeffrey Dell. El film en cuestión fue The Flemish Farm (1943). Esto le hizo querer dirigir ella misma una película así que escribió, produjo y dirigió el documental de media hora Out of Chaos (1944) sobre las obras de artistas como Graham Sutherland, Stanley Spencer, Henry Moore y Paul Nash en relación con colectivos de aficionados como Firemen Artists y Civil Defence Artists. En la película se ahondaba sobre la apreciación e interpretación del arte, más allá de la intención propagandística en los tiempos de guerra.

Terminado el conflicto bélico realizó otro documental, The Way We Live (1946). Jill armó la película como un mosaico de secuencias visuales y entrevistas en la que una joven pareja tiene que buscar una nueva casa, ya que la suya había sido destruida durante los bombardeos. Su estilo, más que cinematográfico resultó ser muy televisivo, adelantándose a lo que será el reportaje de televisión de las décadas posteriores. Durante el rodaje de este trabajo fue cuando conoció a su siguiente y más famoso marido, Michael Foot con quien se casó en 1949.

De nuevo la vida de la población tras la guerra fue el tema de su siguiente trabajo, un corto documental encargado por la UNESCO sobre las condiciones de vida de las niñas y niños durante aquellos años las medidas que dicha organización estaba llevando a cabo para mejorarlas, Children of the Ruins (1948).
Tras este documental, Jill dirigió su única película de ficción Blue Scar (1949) que trataba sobre la pobreza y los conflictos mineros en el sur de Gales. La realizó con la productora Made by Outlook Films que había fundado el año anterior con William MacQuitty. Aunque era un film de ficción todos los actores y actrices que intervienen eran no profesionales, habiendo sido elegidos entre la población local.

La conciencia feminista de Craigie
A lo largo de los últimos años, Jill Craigie, había ido escribiendo y diseñando un proyecto para llevar a la actualidad y poner en valor al movimiento sufragista inglés. Años después recordaba que, durante la guerra, había asistido a una ceremonia conmemorativa en los jardines de Westminster y se dio cuenta de que pocas personas conocían a las activistas que todavía vivían y mucho menos las mujeres de su generación. A partir de ahí, fue cuando comenzó a trabajar en su proyecto.
Acabada la guerra, cuando el servicio de televisión de la BBC recuperó su normalidad, le dieron la posibilidad de poner en marcha dicho proyecto con el que pretendía incentivar el movimiento de las mujeres en los tiempos de la posguerra.
Su guion tenía varias preguntas como premisas: “¿Significa tanto el voto para las mujeres hoy en día? ¿O el movimiento sufragista, visto en perspectiva, parece poco más que una broma eduardiana?». En un intento por refutar estas actitudes desdeñosas, se centraba en la historia de Charlotte Marsh, una de las primeras sufragistas en ser alimentada a la fuerza en prisión.
Craigie propuso una combinación experimental de una entrevista con Marsh con secuencias dramáticas que recreaban los momentos clave de su carrera como sufragista. Como iba a ser emitido en directo desde el Alexandra Palace, Graigie tuvo que modificar el guion para enfatizar las secuencias dramáticas para la gente que lo seguía desde sus casas.
Pero el documental de Craigie sobre las sufragistas estuvo archivado durante más de un año, ya que se consideró que necesitaría la ayuda de un guionista de televisión con experiencia para adaptarlo a la producción. Cuando se consiguió retomar, Craigie se retiró debido a las reacciones negativas de las sufragistas a su documental radiofónico, The Women’s Rebellion (1951).

Sin embargo, todos los documentos relativos a este proyecto como notas, guiones y correspondencia arrojaron una nueva perspectiva sobre su persona, pues fueron muy emotivos sus esfuerzos por transmitir a la audiencia la importancia que tenía la lucha por los derechos de las mujeres en su propio tiempo, en los años posteriores a la guerra.
Y en esa línea fue el documental que hizo en 1951, To Be a Woman.
To Be a Woman
Para Jill Craigie, la guerra supuso un despertar de su consciencia tanto feminista como socialista y esto se notará en sus documentales, como hemos visto. Uno de ellos, el corto To Be a Woman es uno de sus mejores ejemplos.
Craigie planteó la primera parte como una encuesta a las mujeres para mostrar a qué se estaban dedicando tras la guerra, salieron todo tipo de profesionales que, además, como apostillaba la directora, se tenían que ocupar de la casa. Les preguntaba también por sus oportunidades de ascenso, por su papel en la vida pública de su comunidad. Craigie llegó a la conclusión de que no se había avanzado mucho. Esta premisa le llevó a la segunda parte del documental: la desigualdad salarial.
To Be a Woman resultó ser un documental adelantado a su tiempo que se planteaba la cuestión de lo que significa ser mujer y sobre todo ser una mujer que tiene un trabajo remunerado.
En definitiva, este trabajo de Jill Craigie fue un ejemplo pionero de documental que se implicaba en la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres.
Sus últimos años
Jill terminó muy frustrada por todas las trabas que la industria audiovisual ponía las mujeres que querían dirigir en Gran Bretaña. Dejó de dirigir y sólo escribió dos guiones: The Million Pound Note (1953) y Windom’s Way (1957). Retirada de su trabajo documental, Jill vivió como la esposa de Michael Toot. Sólo volvió en 1995 para dirigir un último trabajo, un documental sobre la población civil de la ciudad de Dubrovnik durante la guerra de Yugoslavia, Two Hours from London Falleció cuatro años después el 13 de diciembre de 1999.

