Elvira Notari, la primera cineasta italiana

Se cumple el 150 aniversario del nacimiento de una de las pioneras del cine, la italiana Elvira Notari. Notari, no fue flor de un día, no probó suerte e hizo un par de películas. No. Elvira Notari tuvo una prolífica carrera en el cine como directora, productora, guionista y dirigió su propia productora. Según su hijo, Eduardo, la llamaban la generala, por su manera perfeccionista, rigurosa y exigente de trabajar. Su historia quedó borrada durante el siglo XX, casi desde el mismo momento en el que Mussolini monopolizara el poder en los años 20.

Hubo que esperar a 1993 a que la teórica Guliana Bruno utilizara la obra de Elvira Notari para su libro Streetwalking on a Ruined Map y se la empezase a mencionar por primera vez. En 2011, apareció uno de los primeros estudios sobre la cineasta, Elvira Coda Notari. Metellian Traces of a Pioneer in Cinema de Patrizia Reso y en 2022, la periodista Flavia Amabile escribió una biografía novelada de la pionera, Elvira.

Este año 2025, la ciudad que vivió y retrató con tanta pasión, Nápoles, se ha volcado en la celebración de la efeméride de su nacimiento y contribuye a reclamar y revalorizar la figura de esta pionera del cine italiano y, por extensión, del cine universal.

Rosè Angione como Nanninella en ‘A Santanotte (1922)

¿Cuál fue su historia?

Maria Elvira Giuseppa Coda nació el 10 de febrero de 1875 en Salerno, Italia. Aunque era de orígenes modestos, sus padres decidieron darle una educación (algo que no era muy habitual para las mujeres), llegando a completar la educación secundaria y a estudiar literatura. También iba a clases de danza como hobby. Su padre era comerciante de telas y decidió que la familia se mudara a Nápoles en busca de mejores oportunidades que hicieran prosperar a la familia. En Nápoles la joven Elvira ayudará en el negocio familiar y trabajará como sombrerera.

En Nápoles, Elvira conoció a Nicola Notari que era un pintor y fotógrafo que se había especializado en colorear película de celuloide. Ambos tenían en común su gran atracción por el cine que lo consideraban un medio con gran futuro. En 1902, Elvira se quedó embarazada de su primer hijo, Eduardo, y la pareja se casó (tuvieron dos hijas más Dora y María). En aquellos primeros años de matrimonio, vivían sobre todo del negocio de Nicola coloreando películas y diseñando postales publicitarias para eventos y ferias.

Elvira y Nicola Notari

En 1906, dieron el primer paso hacia su carrera en el cine, crearon su productora Dora Film, en honor su segunda hija, Dora. Comenzaron produciendo arrivederci que eran cortos que se proyectaban después de las películas. Aquellos primeros cortos de los Notari estaban protagonizados por su hijo Eduardo. En el trabajo de hacer películas, Elvira era la guionista y directora y Nicola el operador de cámara.

No fue hasta 1912 cuando, construyeron el primer estudio en su casa de Ponti Rosi y se convirtieron en una productora cinematográfica en toda regla, con laboratorio, plató, sala de montaje y sonorización, tenían toda la infraestructura para hacer sus películas.

Además, Notari abrió una escuela de interpretación para jóvenes aspirantes a actores y actrices y donde se formó su hijo Eduardo que luego participaría en varias de sus películas. Una de las profesoras fue la actriz Rosè Angione que será la recurrente femme fatale en las producciones de Notari.

Elvira Notari apostó por introducir en sus producciones a intérpretes con diferentes rasgos físicos que interpretasen diferentes comportamientos y tipos de personajes. Su hijo, Eduardo, con su piel y ojos oscuros y su pelo abundante y negro, se convirtió en el prototipo del chico de la calle, pícaro, pero de gran corazón.

Eduardo Notari como Gennariello en Fantasia ‘e surdato (1927)

Además, de las personas allegadas a los Notari, fueron muchas las personalidades culturales de la ciudad las que colaboraron y trabajaron en las películas de Notari.

Las películas de Elvira Notari estaban dirigidas al público napolitano, especialmente a las mujeres de clase media y estaban llenas de referencias a la cultura local. Se apoyó al principio en la literatura popular, uno de sus primeros trabajos ficcionales fue un serial basado en los folletines de Francesco Mastriani. También adaptó novelas que habían tenido mucho éxito como Chiarina la modista de la escritora Carolina Invernizio.

Las mujeres eran las protagonistas de estos melodramas domésticos llenos de tragedias y figuras crueles. El melodrama fue también el género que utilizó para lo que llamó sus películas urbanas, en las que las historias de la calle, llenas de criminales, cárceles, violencia y venganzas, fueron recurrentes.

È Piccerella (1922)

A partir de los años 20 comenzó a poner el foco en realizar un trabajo más artístico y creo la sceneggiata un espectáculo híbrido que utilizaba canciones dramáticas populares y un escenario de variedades. Notari se dio cuenta del poder narrativo de utilizar múscia y comenzó a filmar estas sceneggiate y a crear películas que también estuvieran dirigidas a la población italiana que había emigrado a EE.UU.

Y fue entonces cuando comenzó a distribuir las películas de Dora Film en Estados Unidos, sobre todo a ciudades de la costa este como Baltimore y Nueva York, aparte de las latas de película, solía ir un o una cantante para interpretar las canciones de la película. Carmela la Sartina di Montesanto (1916), ‘A legge (1920), ‘A Santanotte (1922), È piccerella (1922), Carcere (1923) y Fantasia e’ surdate (1927) fueron algunos de los títulos que más éxito tuvieron tanto en Italia como en las comunidades italoamericanas de Estados Unidos. Entre 1920 y 1921 tuvieron incluso una sucursal en aquel país.

Algunas de las películas que no conseguía estrenar en Italia por problemas con la censura, también las enviaban a EE.UU. donde, según las menciones en prensa, tuvieron bastante éxito. Sin embargo, tampoco estuvieron exentas de la censura estadounidense. Ese fue el caso de A Santanotte (1922), un filme que se descubrió a principios de los 2000 en la George Eastman House y que se restauró entre 2007 y 2008. Esta película no pasó la censura de Roma, pero cuando cruzó el Atlántico se encontró con muchos problemas por la violencia de algunas escenas en las que el padre maltrataba a la hija y que tuvieron que ser cortadas para su distribución. No fue la única película que se encontró en esta situación, el realismo de las películas de Notari, algo a lo que el público de la época todavía no estaba acostumbrado, le trajo muchos problemas tanto en Italia como en EE.UU.

El cine de Elvira Notari

Durante la década de los años 20 es cuando Notari filmará sus obras más importantes. Fue entonces cuando comenzó a rodar en las calles de Nápoles, utilizando actores y actrices no profesionales para darle un mayor realismo y autenticidad a sus películas dramáticas. Las calles de la ciudad napolitana se convirtieron en protagonistas indiscutibles de sus películas. En ellas, Notari se movía en dicotomías espaciales: interior/exterior, privado/público. Las protagonistas de sus melodramas se mueven entre los espacios domésticos y las calles, las plazas, los bares. Sentía la necesidad de contar las historias de las gentes de Nápoles.

Esta ciudad estaba abandonada por el gobierno de Roma, a principios del siglo XX se comenzaron a construir nuevos barrios que dejaron la parte antigua de la ciudad en la pobreza y la decadencia. En estas zonas depauperadas es donde Elvira Notari encontrará su inspiración, en las calles llenas de historias de feminicidios, familias desestructuradas, embarazos ilegítimos, crímenes… en las callejuelas oscuras y olvidadas hasta por la luz del sol.

De allí surgieron sus mejores personajes. Para ella la calle representaba el placer prohibido. En la ciudad de Nápoles la vida en el interior y la vida en los exteriores se funden y no es clara su separación. Aquí el elemento fundamental son las arcadas o soportales que conectan las casas con la ciudad. Las casa ya no es un refugio para la vida privada sino que se proyecta al exterior convirtiéndose en pública.

Una de las claves de su estilo era el uso metafórico de las ventanas. Es a través de ellas que se descubren las tramas de la historia, a través de las cuales se revelan secretos y desde donde se escuchan las serenatas. La altura de la ventana, también servirá para definir los valores morales de las protagonistas, según esté más o menos alta, más o menos pegada a la calle. Al fin y al cabo, la calle no era el lugar propio de las mujeres y las que lo ocupan eran las consideradas de pobre moral y mala reputación, ligado también a la pobreza de éstas. Las mujeres burguesas y de clase alta salían acompañas a la calle, generalmente de sus maridos, sólo las mujeres en situación de prostitución y las mujeres de clase trabajadora salían solas.

Por ultimo señalar que el entorno doméstico era para Notari como una prisión y su objeto de deseo, que parece como un sueño, era la ciudad. Según Giuliana Bruno, el deambular por la ciudad era comparable al placer erótico; un instinto que le lleva a estar en constante movimiento y a cambiar de dirección. La mujer erótica y sensual en sus películas se mueve libremente por los espacios públicos y necesita explorar incansable todo lo que le rodea.

El final de su carrera

La llegada al poder de Mussolini cambió el panorama fílmico en Italia, como todos los dirigentes de la época, fueran dictadores o presidentes de países democráticos, il Duce no podía dejar pasar la enorme influencia que ejercía en el pueblo y la gran herramienta que era de difusión de ideas y propaganda. Se apostó por el cine de estudio, el cine grandilocuente e impostado y la producción se institucionalizó y se concentró en Roma. El cine de Notari era poco apreciado entre los círculos cinematográficos italianos.

Elvira se negó a mudarse a Roma, ni a plegarse en sus decisiones creativas. En 1928, la comisión de censura del gobierno envió a Dora Film una notificación que prácticamente obligaba a cesar la actividad de la productora:

«Estas películas protagonizadas por carteristas, mendigos, pillos callejeros, callejones sucios, harapos y gentes dedicadas a no hacer nada suponen una calumnia para una población trabajadora y que trata de ascender en la vida social y material que el régimen quiere para el país; considerando, además, que tales películas están realizadas con criterios carentes de todo sentido artístico, indignos de la belleza que la naturaleza ha prodigado a la tierra de Nápoles, se ha decidido denegar en principio la aprobación de películas que persistan en presentar circunstancias que ofenden la dignidad de Nápoles y de toda la región.”

Esta presión del gobierno, así como el incipiente cine sonoro, fueron minando las ganas y la ilusión por hacer cine de Elvira Notari. En 1930 la familia cerró Dora Film. Su hijo y su marido siguieron trabajando en el cine, Nicola como distribuidor. Pusieron una tienda de equipo fotográfico y Elvira se retiró a Caba de Tirreni cerca de la ciudad que la vio nacer, Salerno.

Elvira Notari murió en 1946. Su obra se ha comenzado a reivindicar hace poco, en parte por la dificultad de encontrar sus películas, muchas fueron enviadas a Estados Unidos las cuales, además, en muchos casos, fueron cortadas y montadas de nuevo y la gran mayoría, de momento permanecen perdidas. Es probable que puedan ir apareciendo en archivos, o almacenes y que poco a poco se recupere algo más, como pasó con la filmografía de Alice Guy que se ha ido recuperando en este siglo. Sin embargo, según avanzan los años, lo que quede de material se irá deteriorando y cada vez será más complicado poder conseguir y digitalizar su corpus fílmico.

Se estima que Elvira Notari dirigió más de 60 largometrajes y cientos de cortos y documentales entre 1910 y 1930. De todos los trabajos que realizó sólo se conservan tres largometrajes, dos documentales y fragmentos, en total 163 minutos. Está considerada la primera directora de cine italiana.

Deja un comentario