Una mujer bajo la influencia, (John Cassavetes, 1974)

Se cumplen 50 años de una de las películas más memorables del llamado “nuevo cine americano”. Una película que define muy bien, a pesar de ser muy personal, por dónde van los derroteros del cine independiente en los años 70. Años en los que el cine en EE.UU. se está reinventando tras una década en la que Hollywood ha perdido esplendor y capacidad de sorprender. Es, además, una película con uno de los personajes femeninos más impactantes e icónicos del cine, Mabel Longhetti.

Su director, John Cassavetes, actor de cine y televisión, ya llevaba cinco largometrajes a sus espaldas, así como algún capítulo para series de televisión. Durante los años 60 se había codeado con el grupo de cineastas experimentales que trabajaban en Nueva York amparados por Jonas Mekas. Sin embargo, tras ese coqueteo inicial, probó suerte dirigiendo para algún gran estudio de Hollywood. El resultado fue un estilo muy personal que navegaba entre el cine experimental y el tradicional, todo ello sin perder de vista su formación y su carrera actoral. Y todo ello va a quedar reflejado en la película que nos ocupa.

Una mujer bajo la influencia la concibió como una obra de teatro, sin embargo, cuando se lo enseñó a su esposa, Gena Rowlands le dijo que era imposible representar eso cada noche, tal era la intensidad del personaje de Mabel. Así que la convirtieron en una película. Con un presupuesto mínimo, actores amigos de su confianza y rodada en la casa del matrimonio en Los Ángeles, Una mujer bajo la influencia retrataba al matrimonio Longhetti, ella de origen sueco, él de familia italiana, de clase obrera acomodada que se convirtieron en el paradigma del reverso del sueño americano.

MABEL

Mabel se perfila como la protagonista de la historia. Un ama de casa inestable que se debate entre la insatisfacción y la locura, que no sabe gestionar su frustración, su mundo interior choca constantemente con la realidad que le rodea. Consciente de que lo único que ha creado en su vida es a sus tres hijos lidia con el estrés, con la incomunicación y la dificultad de ser ella misma constreñida por su entorno.

Mabel no es capaz de verbalizar cómo se siente, tampoco tiene un entorno en el que hacerlo, es un personaje solitario, encerrado y nervioso. No tiene amigas, vecinas o un lugar al que acudir para expresarse en voz alta, así que se expresa con su cuerpo y con sus acciones, su histrionismo, su nerviosismo devienen de su necesidad de salir, de liberarse.

Su marido, Nick, por su parte, es incapaz de responder a los momentos transitorios de locura de Mabel y generalmente opta por la vía de la ira y la violencia. Cuanto más se esfuerza por controlar a Mabel para que se reestablezca la “normalidad” más incapaz se siente.

EL SELLO CASSAVETES

En las películas de Cassavetes, los personajes están inacabados, están en proceso de creación y el director, que también era actor, entendía perfectamente el proceso creativo actoral y les daba margen de libertad, de improvisación, según algunos de sus actores, sabía crear el perfecto ambiente de confianza para poder dejarse llevar.

Este filme tiene una apariencia de película casera, atropellada, recoge las imágenes dentro de la escena desordenadamente, apenas se aleja y la sensación de realismo y de dejar fluir de los actores le da una pátina casi de documental, el rodar en escenarios naturales acrecienta esa estética de autenticidad.

Para Cassavetes la naturalidad de las primeras tomas era fundamental, así que rara vez repitía tomas. En esta ocasión, la cámara se cuela en la casa del matrimonio Longhetti como si intentase captar imprevistos, momentos “no preparados”, como si estuviese filmando a un matrimonio real. El uso de planos largos, en el que los actores marcan la longitud de la secuencia, se combina con secuencias más fragmentadas como la de la comida con los compañeros de trabajo de Nick en la que opta por la naturalidad, pero también por un montaje de planos cortos para poder plasmar las relaciones de miradas entre los personajes.

La puesta en escena es fruto de la inercia, de la improvisación, la cámara hace esfuerzos por seguir a unos personajes que parecen imprevisibles y que se mueven espontáneamente por el plano y busca imágenes intuitivas. Hay un desprecio por la estructura más tradicional en favor de los personajes y por tanto de los intérpretes. Es una película de emociones, de espíritu humano, de la magia de la espontaneidad y es por ello que huye de la planificación al uso del cine tradicional y del distanciamiento conceptual e intelectual del cine experimental.

Todo ello se nota en las interpretaciones de unos personajes a los que los actores se entregan y se rinden incondicionalmente. La veracidad, la espontaneidad, la expresividad y el trabajo corporal de Gena Rowlands está fuera de toda lógica cinematográfica. Peter Falk le sigue el juego y no puede expresar mejor su temperamento que va de la ira, a la ternura, de la complicidad con Mabel a la más absoluta incomprensión entre ambos.

Cassavetes rodará sus películas apoyándose en estos intérpretes recurrentes, a Peter Falk le habían conocido en televisión y esta no era la primera vez que se ponía a las órdenes del cineasta, tampoco sería la última.

MALOS TIEMPOS PARA LOS PERSONAJES FEMNINOS

Una mujer bajo la influencia se rodó a comienzos de los años 70. A mediados de los 60, coincidiendo con el Movimiento de Mujeres que inició Betty Friedan y los inicios del feminismo radical, el cine comenzó a tratar muy mal a las mujeres en sus películas. Había acabado el reinado de las grandes estrellas y ahora las protagonistas femeninas había pasado a escasear, a estar definidas por los protagonistas masculinos y a sufrir mucha violencia en pantalla. En palabras de la teórica feminista Molly Haskell:

«Cuanto más nos acercamos al momento en que las mujeres empiezan a reclamar sus derechos y a lograr independencia en la vida real, con mayor fuerza y mayor estridencia nos dicen las películas que el mundo es de los hombres.»

Sin embargo, no dejaba de existir un público femenino y el cine no podía dar la espalda a lo que sucedía en la sociedad, así que también comenzó un cine que se catalogó como “nuevo cine de mujeres” con películas de protagonistas femeninas a menudo no demasiado atractivas ni seductoras con argumentos que hablaban de la búsqueda de la auto realización y la independencia.

Aparte de la película que nos ocupa, como ejemplo de lo anterior, ese mismo año se estrenó también otro clásico del nuevo cine americano, Alicia ya no vive aquí de Martin Scorsese. De nuevo una mujer protagonista, Ellen Burstyn, de nuevo un ama de casa llevando el peso de la historia, también de clase trabajadora aunque de un nivel más bajo que Mabel Longhetti. Había conatos tímidos y escasos que, sin embargo, no llegaban a constituir un corpus fílmico de relevancia en cuanto a historias de mujeres pero el interés y la oportunidad del momento estaban ahí.

Ellen Burstyn en «Alicia ya no vive aquí»

El personaje de Mabel, fue realmente relevante por su complejidad y su extraordinaria plasticidad. También por lo subversivo y excepcional.

EL RECONOCIMIENTO

El paso del tiempo le ha dado el caché y la importancia que se merece dentro del cine de aquellos años y del cine en general. La modernidad de la propuesta, además, hace que vaya cogiendo peso con los años y que esté envejeciendo muy bien. Cincuenta años, desde luego, no son nada para nuestra mujer bajo la influencia.

A pesar de su condición de filme independiente Una mujer bajo la influencia consiguió dos nominaciones a los Oscars en 1975, uno a la Mejor Dirección para Cassavetes y otro a Mejor Actriz para Rowlands, ambos se fueron de vacío; Coppola ganó por El padrino y Ellen Burstyn se lo llevó, precisamente, por Alicia ya no vive aquí.

John Cassavetes y Gena Rowlands acudiendo a la ceremonia de los Oscars en 1975

Consiguió, además, 4 nominaciones a los Globos de Oro a Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Guion y Mejor Actriz de Drama, esta vez Rowlands sí que lo ganó. También tuvo un gran éxito en el Festival de Cine de San Sabastián en la edición de 1975 donde ganaron Mejor dirección (compartido con Maximilliam Schell) y Mejor Actriz.

Gena Rowlands tras ganar el Globo de Oro a Mejor Actriz de Drama

LO QUE SE ESCRIBIÓ SOBRE ELLA

Fueron muchas las cosas que se escribieron aquellos años sobre la película por ejemplo:

En el número 218 (febrero 1977) de la revista Cinema77, Raymond Lefèvre escribió:

“… es el drama de una mujer que tiene una visión de sí misma que sólo se corresponde a la que los demás tienen de ella. La armonía de los papeles está rota. Mabel está enferma de normalidad.”

O Susan Schenker en 1979 en American Film Now:

“Cassavetes a diseñado su película concienzudamente sin dar a Mabel la más mínima oportunidad de explicarse a sí misma. No tiene ninguna amiga, nadie que la comprenda, y se puede decir que las cartas están barajeadas en su contra. Es importante que no olvidemos que Mabel es una invención de Cassavetes… y él no le ha dado ninguna oportunidad ni recurso personal para defenderse.”

Claude Benoit en Jeunne Cinema en 1976 decía muy acertadamente:

… no es realmente una película sobre la locura. Es una película sobre la dificultad de vivir (…) Si Nick es un obre, su esposa Mabel es un ama de casa, y el cineasta muestra, sin ninguna ironía, que es un trabajo que maltrata, extenúa y agota (…) En efecto, se da cuenta -psíquicamente- de que llega un momento en el que el trabajo del ama de casa efectivamente le vuelve a una loca.

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