Gena Rowlands fue una actriz fuera de tiempo, aunque no de lugar y hago mías las palabras que le ha dedicado Martin Scorsese:
Tenía una combinación de cualidades extremadamente inusual. Su talento, que fue extraordinario. Su valentía y compromiso con su forma de arte eran igualmente extraordinarios. Su presencia… era alguien que podía ocupar una habitación con sólo entrar y permanecer allí. Su amabilidad y humanidad que experimenté de primera mano. Su belleza, terrenal y etérea al mismo tiempo (…) Si Gena hubiera nacido un poco antes, podría haber sido un tipo diferente de estrella, más como Mary Astor o Bette Davis, cuyo trabajo amaba. Pero se casó con John Cassavetes.
Y menos mal que se casó con él.
SUS PRIMEROS AÑOS
Nació el 19 de junio de 1930, en Madison, Wisconsin, sin embargo, no vivió allí mucho tiempo pues la familia se mudó unos años a Washington D.C. en 1939 cuando le ofrecieron a su padre un puesto en el departamento de agricultura. En 1942, volvieron a Wisconsin, esta vez a Milwaukee y después se mudaron a Minneapolis, Minnesota. Sin embargo, Rowlands volvió a Wisconsin para estudiar en la universidad hasta 1950, cuando decidió coger las maletas y mudarse a Nueva York para estudiar en la prestigiosa American Academy of Dramatic Arts, había decidido ser actriz como su adorada Bette Davis. Fue en esos años de estudiante en Nueva York cuando conoció a John Cassavetes con el que se casó en 1954.

Sus primeros trabajos como actriz fueron en el teatro en compañías de repertorio durante los primeros años de la década de los 50, hasta que debutó en Broadway con La tentación vive arriba. Del teatro pasó a la televisión que comenzaba en aquellos años a ser una estupenda nueva oportunidad para actores y actrices. Su carrera comenzaba de manera poco habitual, fue de las primeras actrices que primero tuvo su oportunidad en televisión y después dio el salto al cine, trabajando durante toda su vida en ambos medios. También perteneció a las primeras generaciones de intérpretes de cine y televisión que habían pasado por una escuela de interpretación.
Su debut fue en la serie Top Secret en 1954 que coprotagonizó con Paul Stewart durante sus 26 episodios hasta 1955. Después vinieron apariciones en otras series televisivas. En 1959 coincidió con su marido en la serie Johnny Staccato, también trabajó en shows tan populares como Bonanza y en cuatro capítulos de Alfred Hitchcock Presenta.

El primer papel en cine lo consiguió en 1958, The High Cost of Loving, dirigida y co protagonizada por Mel Ferrer.
HABLEMOS DE CASSAVETES
Como apuntaba más arriba, se conocieron cuando ambos estudiaban interpretación en Nueva York. En 1959, John Cassavetes dió el salto a la dirección cinematográfica con Shadows en la que Gena participó sin acreditar como actriz. Esta fue la primera de las 10 películas en las que trabajaron juntos. Cassavetes, como Rowlands, se ganaba la vida como actor de cine y televisión. Sin embargo, eran trabajos para ganar un dinero que le permitió durante muchos años poder tener una carrera como director de cine independiente. En Nueva York, se movía en los círculos del cine experimental y underground de la ciudad y sus primeras películas están claramente imbuidas de esa estética. Su cine evolucionará hacia formas más narrativas, pero siempre tendrá esa influencia del cine menos comercial e independiente.
En 1961 consiguió un contrato con Paramount y dirigió dos películas en Hollywood aunque siguió trabajando como actor en filmes como La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968). Todos esos trabajos le permitieron independizarse de los grandes estudios e iniciar su particular obra como director, rodeado de un círculo de cercano de intérpretes que se fueron uniendo a su particular universo como Ben Gazzara, Peter Falk y, por supuesto, Gena Rowlands.

La siguiente película que hicieron fue Faces (1968), producida de manera independiente y rodada en su propia casa de Los Ángeles durante tres años. La película, consiguió incluso 3 nominaciones a los Premios de la Academia incluida al Mejor Guion Original. Este modesto éxito le permitió crear su propia distribuidora para poder tener el control de la distribución de sus filmes.
El binomio perfecto
Gena Rowlands participará en 10 de sus largometrajes y esta colaboración profesional será fundamental para la carrera de la actriz. Las películas del matrimonio eran de bajo presupuesto, muchas de ellas rodadas y editadas en su propia casa y con colaboradores recurrentes. Cassavetes irá ganando poco a poco el prestigio de los círculos más intelectuales y ajenos a Hollywood y ese prestigio se trasladará también al trabajo de Rowlands como actriz.
Y es que, en aquellos años 70, difícilmente hubiera podido conseguir papeles tan interesantes y potentes como los que escribía para ella Cassavetes. En una década donde las protagonistas femeninas en el cine más comercial estaban casi desaparecidas y los papeles femeninos estaban siempre definidos en función del protagonista masculino, Rowlands tuvo la suerte de poder desplegar todo su talento actoral y evolucionar en un tipo de interpretación que no se acomodaba a los estándares de Hollywood, gracias a personajes complejos y atípicos.

También hay que tener en cuenta que, en los 70, Gena ya pasaba de los 40, una edad en la que conseguir papeles protagonistas era casi imposible. Así que no podemos dejar de pensar que su carrera se fraguó fundamentalmente por su colaboración con Cassavetes, otras actrices de su generación no tuvieron tanta suerte y sus carreras quedaron diluidas en dos o tres apariciones estelares entre un montón de personajes prescindibles. Sí, el mérito y el talento es suyo, pero sin Cassavetes no hubiera tenido la oportunidad de brillar tanto.
SU TRABAJO COMO ACTRIZ
Rowlands era una actriz muy particular, actuaba con todo el cuerpo, desde las entrañas y no tenía miedo de parecer excesivamente teatral, al menos en las películas con su marido, donde la libertad creativa estaba asegurada. Ella se consideraba una actriz que trabajaba de adentro hacia afuera cuando tenía que abordar una interpretación. Estudiaba bien sus diálogos, se familiarizaba con ellos y las digería antes de comenzar a trabajar el personaje. Según sus propias palabras: “Creo que debe ser como escribir, te basas en cosas sobre las que te has preguntado, gente en restaurantes, cosas que has visto, peleas en la mesa, algo aquí, algo allá, y todo debe unirse en una sola pieza”. La autenticidad de sus personajes se basaba en observaciones antropológicas comunes, no en profundas investigaciones sobre la situación o profesión de un personaje en concreto.

Algunos de sus personajes más memorables de estas películas con Cassavetes fueron Mabel Longhetti de Una mujer bajo la influencia (1974), que le valió una nominación al Oscar, Myrtle Gordon de Noche de estreno (1977) y Gloria Swenson de Gloria (1980) que le supuso su segunda nominación al Oscar.

Más allá de Cassavetes
Por supuesto, durante estos años no sólo trabajó en las películas de su marido, siguieron siendo frecuentes sus trabajos para televisión medio que nunca abandonó y gracias al cual obtuvo 8 nominaciones a los premios Emmys y ganó 3 por The Betty Ford Story en 1987, Face of a Stranger en 1992 y por la tv movie de Mira Nair Ciegas de amor en 2003.
Tampoco se le resistió el cine y trabajó regularmente en películas hasta 2014, con directores como Paul Mazursky, Woody Allen, Jim Jarmusch, Terrence Davies, Lasse Hallström y también con sus hijos Nick y Zoe. Zoe la dirigió en 2007 en Broken English y Nick en la película por la que la recuerda el gran público, El diario de Noa (2004).

Sin embargo, su carrera no brilló igual que en los 70 y poco a poco sus papeles se hicieron más secundarios, tal vez su último gran papel protagonista fue el de Marion Post en Otra mujer (Woody Allen, 1988), después no tuvo oportunidades que estuvieran a la altura de toda su capacidad actoral.

El matrimonio Rowlands-Cassavetes duró hasta la muerte de él en 1989 cuando apenas tenía 59. Rowlands no se volvió a casar hasta 2012.
Por supuesto obtuvo reconocimiento durante su carrera, recibió muchas nominaciones y ganó numerosos premios, entre otros, la Concha de Plata en San Sebastián a Mejor Actriz en 1974 por Una mujer bajo la influencia, el Oso de Oro en Berlín por Noche de estreno en 1977 y dos Globos de Oro, el primero, de nuevo por Una mujer bajo la influencia y el segundo por la tv movie The Story of Betty Ford en 1987.
Fueron varios los homenajes que le hicieron por su trayectoria y en 2015, se le concedió el Oscar Honorífico a toda su carrera.

Su último trabajo fue en el cortometraje Unfortunate Circumstances (Troy Price, 2017) y en 2019 le diagnosticaron Alzheimer, enfermedad con la que vivió hasta que falleció el pasado 14 de agosto en su casa de Indian Wells (California).
Gena Rowlands vivió 94 años intensos, dedicados a la interpretación y da igual lo menores que hayan sido sus papeles o las películas en las que participase, ella siempre desplegó su gran talento y personalidad tanto en la pequeña como en la gran pantalla.

Sin embargo, fue en sus trabajos con Cassavetes donde más brilló. A veces la vida, el arte o el azar nos regala simbiosis perfectas de parejas creativas que son capaces de trascenderlo todo, Gena y John fue, sin duda, una de ellas.
Se desafiaban mutuamente, se retaban para ir más y más lejos. Con Faces, A Woman Under the Influence, Opening Night y Love Streams, hicieron filmes que han servido de inspiración para generaciones de cineastas y actores. Como dijo Peter Brook de Shakespeare, esas películas siempre iban por delante de nosotros.
Martin Scorsese

