Margarita Alexandre, la mujer libre

El 3 de julio de 1923 nació en León Margarita Alexandre, por lo tanto, celebramos este año su centenario. Su nombre es poco conocido y su trayectoria también, pero no podemos obviar su carrera cinematográfica que se inició con la interpretación y que fue evolucionando hasta llegar a dirigir, escribir y, sobre todo, producir.

PRIMEROS AÑOS

Su familia era de clase acomodada y Margarita pasó su infancia en Madrid hasta que en el 38, en plena guerra civil fue evacuada a Valencia junto a su madre y sus hermanas. Tras la guerra, regresan a Madrid, Margarita comienza su carrera en el cine. Siendo estudiante de la alianza Francesa se presentó al casting de la película Tierra y cielo (Eusebio F. Ardavín, 1941), para que el director buscaba a una chica joven que se pareciera a la Inmaculada de Murillo. Margarita era de padre francés y madre costarricense por lo que su físico la hacía diferente al resto de las actrices candidatas: ella era alta, con un rostro, el pelo negro y ondulado, de porte elegante. Aquello fue su debut como actriz.

La familia no termina de ver con buenos ojos que se dedique a la interpretación por lo que la casan a los 19 años con el XII Conde de Villamonte, Juan José Melgar y Rojas con quien mantiene un matrimonio abierto en una relación poco convencional, que dura poco a pesar de que el matrimonio no lo disuelven.  Con él tuvo dos hijos y se adentró en la alta sociedad española de la época en la que nunca terminó de encajar y en la cual se sentía incómoda.

Por supuesto, ella no abandona su carrera como actriz pues le permitía compaginarlo con su papel de esposa y madre. Así que también se mueve en los círculos culturales del cine y del teatro madrileño y se codea con los nombres más relevantes del momento. Entre 1941 y 1953 trabajará en 10 filmes como actriz, en papeles cada vez más largos y con directores de la talla de Juan de Orduña en Porque te vi llorar (1941) o Edgar Neville en Correo de Indias (1942).

En 1952 conoce al que será su compañero profesional y sentimental hasta la muerte de él en 2005, el crítico de cine Rafael Torrecilla, durante el rodaje de Puebla de las mujeres (Antonio del Amo, 1952). Torrecilla era uno de los guionistas y ayudante de dirección de la película donde coincide también con el director de fotografía Juan Mariné. Al año siguiente abandona la interpretación, un trabajo que cada vez le aportaba menos y se lanza a producir y dirigir junto a Torrecilla y Mariné, los tres fundan Altamira Films para producir la película documental Cristo (1954), en el que narran la vida de Jesús a través de las grandes obras pictóricas españolas.

La película encantó al gobierno de la dictadura y recibió el Premio de Interés Nacional. Así pues, se prepararon para el siguiente proyecto, la adaptación de la novela de Mercedes Fórmica, La ciudad perdida. De nuevo la pareja produce y dirige en conjunto esta coproducción con Italia que está considerada la primera película de cine negro realizada en España. Sin embargo, sufrió varios cortes por parte de la censura, lo que la dejó bastante mutilada, al fin y al cabo el protagonista era un exiliado republicano que vuelve a Madrid para participar en un atentado contra el régimen de Franco. Cortes que dejaron a los personajes bastante pobres en su construcción y desarrollo, así como una trama carente de tensión.

La siguiente película que hicieron los tres fue La gata (1955), la primera película rodada en Cinemascope del cine español. Un western andaluz en el que el deseo femenino es el protagonista de esta historia de amor y pasión. Pese a estar contada desde el punto de vista del protagonista la mirada del deseo es femenina y María (Aurora Bautista) tiene la dualidad de ser a la vez objeto de deseo y sujeto deseante (algo muy poco habitual en el cine de la época). Con su productora, además, producirán en esos años Un hecho violento (José María Forqué, 1958) y Nada menos que un Arkángel (Antonio del Amo, 1958).

Cuba

Fue entonces, cuando decidieron irse a México, debido a la imposibilidad del divorcio en España. Margarita ponía el Atlántico de por medio y se iba a vivir con Torrecilla lejos de España en un país donde tenían amigos exiliados. Sin embargo, para conseguir la entrada desde España tenían que solicitar el visado desde Nueva York debido a las nulas relaciones diplomáticas entre ambos países. Mientras esperaban los visados, en la primavera del 59, se enteraron del triunfo de la revolución cubana, por lo que decidieron partir hacia La Habana a vivir de primera mano esos primeros días del triunfo. Sin embargo, los 15 días que planeaban estar se convirtieron en 11 años.

Margarita Alexandre y Fidel Castro

Viniendo de un país como España, aquel ambiente revolucionario de izquierdas fue decisivo para la pareja que se sumó al entusiasmo y vivieron aquellos primeros años entregados a la causa.  Alexandre desarrolló allí su carrera más intensa ligada al cine. Su primer trabajo fue como guionista de La vida comienza ahora (Antonio Vázquez Gallocomo, 1959), después fue contratada como productora, productora ejecutiva por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Allí donde conocerá a sus fundadores Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea o Cabrera Infante y trabajará para varios de sus miembros.

Margarita va a entablar una estrecha relación profesional con Gutiérrez Alea y será la productora de sus primeras películas, entre ellas, el clásico del cine cubano La muerte de un burócrata (1966). En total producirá 8 largometrajes durante los 11 que viva en Cuba.

Sin embargo y dado su espíritu inconformista según se va solidificándose el nuevo régimen, Alexandre se irá sintiendo cada vez más incómoda. Según ella recordaba, no se habían marchado de una dictadura para vivir en otra, y la libertad de creación y expresión cada vez las sentía más constreñidas. En el ICAIC cada vez será más incómoda su presencia hasta que llega un punto en el que no la renuevan el contrato. Ante la imposibilidad de seguir trabajando en el cine el vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura, Lisandro Otero, le ofrece la dirección del Teatro Musical de la Habana.

Italia y el regreso a España

Finalmente, en 1971 decide irse del país y se marcha a Italia, donde Rafael ya vivía. A partir de entonces vivirán entre España e Italia. En esos años, ayudó a sacar del país la película de Basilio Martín Patiño, Canciones para después de una guerra (1971), que el gobierno le impedía sacar por lo que no podía explotarla comercialmente en el extranjero. Ella estaba en Málaga e intenta sacar los rollos a París. Pero es interceptada y pasará el mes de julio de 1975 en una cárcel malagueña, hasta que es liberada y consigue regresar a Italia.

Desde Italia, van a intentar producir un filme clave del cine político español, Operación Ogro (Gillo Pontecorvo, 1979). Margarita y Rafael habían financiado el libro en el que se basaba la película y no dudaron en meterse en la producción de esta historia en la que se cuenta el atentado de ETA a Carrero Blanco. Este será el último trabajo para el cine.

Operación Ogro (Gillo Pontecorvo, 1979)

En 1982 regresan a España definitivamente.  En 2004, reciben la medalla Medalla de Honor de la Asociación Española de Historiadores del Cine. Un libro de memorias, La otra cara de la luna. Una autobiografía de Margarita Alexandre (Ed. Pre-Textos, 2023)  y un documental en el que ella misma narra su vida (Margarita Alexandre de Fermín Aio, 2017) se hacen imprescindibles para reivindicar su vida y obra y conocer su legado mejor. Margarita Alexandre murió en Madrid el 23 de diciembre de 2015.

Deja un comentario