Reconozco que tenía mucha expectación con la película Barbie (Greta Gerwig, 2023). Que el equipo creativo de Frances Ha (Noah Buambach, 2012) hubiera aceptado un proyecto que, a priori podía parecer un dardo envenenado me despertaba una insana curiosidad. Recordemos que en aquella ocasión dirigía él pero el guion era de ambos y la película era tan “Gerwig” que hasta sus propios padres interpretaban a los padres de Frances en el film. Ahora, es ella la que dirige aunque el guion lo vuelven a firmar ambos. Me chocó demasiado que les hubieran ofrecido a ellos un filme como este. ¿Qué habrían hecho con un proyecto tan palomitero estos dos cineastas surgidos del cine indie estaudounidense?

Durante meses y meses muchas nos preguntábamos qué se les habría ocurrido hacer con un proyecto así, sobre todo las que nunca hemos sido fans de la muñeca en cuestión. Era un misterio que comenzó a despejarse con el glorioso teaser en el que homenajean a 2001, Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), con una Barbie/Robbie monolito rescatando a las niñas de los años cincuenta de quedar condenadas a vivir en una eterna mística de la feminidad. La furia de las niñas golpeando las muñecas/bebés es lo más potente y subversivo de todo el metraje de la película.

Y es que como ya todo el mundo sabe a estas alturas, la muñeca Barbie supuso una pequeña revolución en la historia del juguete pues, si hasta entonces las muñecas representaban bebés para que las niñas (por el mero hecho de nacer mujeres) aprendieran cuanto antes a ser madres y a cuidar a todo ser viviente que tuvieran a su alrededor, con Barbie la idea era que pudiesen inventarse otras historias, que incluyeran una compañera de juegos y no una hija/o y que incluso las inspirase para querer ejercer cualquier tipo de profesión. La estética de la muñeca, correspondía al ideal de belleza de la época (recordemos que se había vuelto al ideal de mujer con los atributos femeninos bien marcados por el uso de fajas, sostenes que realzaban los pechos y una moda que recordaba a la figura victoriana), Barbie surgió en una época de reacción, eso no hay que olvidarlo, además de que su ideóloga tomó como referencia una muñeca alemana.

No se puede exigir feminismo
El hype estaba muy alto, la campaña de marketing fue brutal, así que las expectativas crecían y crecían o, como buen producto capitalista, las hacían crecer. He leído por las redes mujeres que critican la película, muchas veces sin haberla visto, porque no es todo lo feminista que debería o porque volvemos a ensalzar una belleza imposible, sin embargo nos olvidamos de varias cosas. La primera es que es un producto de Hollywood, pagado por la propia empresa Mattel y producido y distribuido por uno de los grandes estudios, Warner Bros. Por otro lado, ha costado 145 millones de dólares, sin contar el gasto de marketing (que podemos intuir que ha sido exorbitante), por lo que se ha apostado por un producto que tiene que funcionar sí o sí en taquilla, así que con esas premisas no podemos pretender que salga una película revolucionaria. Por último, con toda la hipersexualización que hay en la música, tik tok y demás redes sociales, en las series juveniles, en la cultura de masas en general… echar la culpa a una única película del ideal único de belleza femenina me parece tendencioso e injusto.

Recordemos, además, que no es una película destinada al público infantil. Quienes esperaban una peli feminista son las mismas personas que opinan que por el hecho de que una película esté dirigida por una mujer tenga que serlo. Esto no así y, además, pretender que un filme creado para ser un blockbuster lo sea es no entender nada del juego de Hollywood. Ir a ver Barbie es ir a pasarlo bien y si la directora es Greta Gerwig, seguramente habrá creado un entretenimiento inteligente, no podemos pedir más. Pero para feminismo, pues nos leemos a Kate Millet o a Chimamanda Ngozi.
La mirada femenina de Gerwig
A pesar de saber lo que tiene entre manos, Gerwig arriesga e inserta pullas muy bien colocadas a lo largo de todo el metraje, las justas para que pase la censura de Hollywood y aún así colar la película como feminista (para aquellos que no saben de qué va el feminismo en realidad). Y sin embargo, cuando despertamos de la borrachera del rosa nos damos cuenta de que los mensajes feministas han quedado diluidos en la cultura woke, esa que se está encargando de dinamitar y silenciar las verdaderas luchas sociales como el feminismo, la lucha de clases o el antirracismo. Barbie queda matizada por el buenismo de los colores pastel y el “vamos a quejarnos un poco, pero no demasiado para no molestar”.

Y es que sí, en Barbie hay crítica al patriarcado, pero sin más, crítica a golpe de hashtag, crítica que, en el fondo no transforma ni revuelve nada, aunque sí visibiliza (menos es nada). Y mientras escribo esto, me viene a la mente otra película también protagonizada por una mujer rubia y llena de colores pastel, pero que, no tenía la obligación de ser un taquillazo y que por lo tanto era mucho más libre, más incómoda y mucho más cruel…, efectivamente, Una joven prometedora (Emerald Fennel, 2020), claro que ahí no pagaba Mattel. Por cierto, que Margot Robbie era productora en aquella ocasión, como también lo es en esta.
Aún así Greta Gerwig, como me decía una amiga cinéfila, hace encaje de bolillos para poder incrustar esas pullitas feministas sin perturbar al personal y consigue realizar una sátira brillante y muy divertida que en algunos momentos recuerda la comicidad inteligente de los Monty Python.
Por otra parte, de nuevo una relación madre-hija se inserta en la trama aunque en este caso, lo importante no es tanto la relación entre ellas (que apenas se esboza) sino que sirven como ciceronas de una Barbie desconcertada con el mundo real.

Barbie no tiene la culpa
Para mí, lo más interesante de Gerwig es que exonera a la muñeca de toda la mala influencia que hayan podido sufrir las niñas que juegan con ella y responsabiliza a la sociedad patriarcal y a la propia empresa Mattel (suponemos que en dicha empresa han sabido reírse de la crítica, con tal de salvar a la gallina de los huevos de oro). De esta forma, pone sobre la mesa la culpabilidad inherente en las mujeres (como bien dice America Ferrera en el airado monólogo que les suelta a las Barbies). Y es que en Barbieland no es que todo sea perfecto, es que es perfecto para las mujeres, es además un mundo libre de violencia, de sexualidad y de obligaciones domésticas. Es un mundo superficial, sí, pero también es un mundo seguro para las mujeres.

Barbie no tiene la culpa tampoco de la hipersexualización que se ha vendido de la muñeca, porque Barbie no tiene genitales y por tanto, no tiene sexualidad, es única y exclusivamente en el mundo real cuando la mirada de la cámara cambia y se vuelve masculina y entonces Barbie es sexualizada, efectivamente, por dicha mirada. Una mirada que le hace sentir miedo e inseguridad, convirtiéndose en uno de los mejores momentos de la película, ese momento en el que a las espectadoras se nos hiela la carcajada al reconocernos en ese miedo que nos impide vivir y desarrollarnos plenamente en un mundo hostil para nosotras.

Así que no, Barbie no tiene la culpa de que ella no haya podido acabar con la opresión de las mujeres, no era ese su cometido.
Los campos de nabos
Otra de las genialidades de la directora/guionista son los personajes masculinos (bueno, personajes es mucho decir). Podemos distinguir perfectamente dos grupos de hombres: los ejecutivos de Mattel y los Ken. Los primeros representan a los hombres de toda la vida (el machismo más fácil de detectar); los segundos son los “nuevos” hombres que, disfrazados de aliados, terminan siendo igual de machistas que los primeros.

La corrupción de Ken cuando descubre el patriarcado es uno de los grandes aciertos de la película y nos regala los momentos más delirantes y termina siendo una sátira al mansplaining mezclado con manspreading en unas escenas que rebosan fratría homoerótica llena de orgullo masculino herido. Ryan Gosling borda un personaje grotesco y casi esperpéntico que en su intento por ser algo más que Ken termina robando la película.

Un final que no está a la altura
El final es lo más decepcionante. Un final made in Hollywood, complaciente y que se carga todo posible atisbo feminista que hemos ido detectando a lo largo del metraje. La sátira queda reducida a la nada y Barbie termina maternando y consolando a unos Ken que siguen sin enterarse de qué va la vaina.
No voy a ser más explícita sobre el final para no hacer spoiler, solo diré que, en comparación, podía haber sido mucho más potente y que se queda un poco a medias.
Reinas de la taquilla
Cuando escribo esto ya se ha confirmado que Barbie la recaudación en taquilla del primer fin de semana de estreno ha sido de 162.022.044 dólares en EE.UU., la mayor recaudación de la historia para una película dirigida por una mujer. En total, con la recaudación internacional ya ha ganado 356.322.044 dólares.

Estos números son importantes. Cuando se juega en el sistema hay que ganar en el sistema y, esta película, dirigida, escrita y producida por mujeres, protagonizada por mujeres, que habla de mujeres ha batido récords en términos económicos, y esto es importante porque es entrar de lleno en la narrativa hegemónica, en la narrativa global y en el imaginario colectivo del que siempre están excluidas las mujeres y su relato. Barbie no será un filme feminista, pero tiene momentos que sí lo son y sobre todo tiene el relato de las mujeres.
La taquilla es importante, también, para que las mujeres puedan contar con grandes presupuestos para sus historias, para nuestras historias. Mujeres ganando en los más prestigiosos festivales internacionales de cine, mujeres en las listas de las mejores películas… mujeres entrando, por fin, después de más de 100 años de cine, en la historia del séptimo arte. Y lo que hoy es excepción y noticia… debería de terminar por convertirse en norma. Si vamos a jugar el juego que hay sobre la mesa, queremos la mitad del tablero, si no, tendremos que inventarnos un Barbieland al estilo Women’s Art Colony Farm donde tengamos el 100% y creemos nuestras propias reglas (de, por y solo para las mujeres).
