A pocas personas les sonará el nombre de Ruth Prawer Jhabvala, pero seguramente a la mayoría de las que me leéis por aquí os suenan Merchant Ivory Productions, sobre todo si sois fans, como yo, del cine de época. Pues en ese dúo de director, James Ivory, y productor, Ismail Merchant, había una tercera persona que convertía el dúo en trío y aportaba la parte literaria de las películas: Ruth Prawer Jhabvala, la guionista de los grandes éxitos del binomio Merchant/Ivory.

Ruth Prawer Jhabvala fue una mujer de letras, literarias primero y cinematográficas, después. Fue una mujer tan impresionante como cualquiera de los personajes femeninos de sus propias novelas y de aquellos que adaptó de otros autores para el cine. Así que, tal vez sea por eso que si muchas nos sentimos fascinadas por las protagonistas de aquellas películas de época maravillosas como Las bostonianas, Una habitación con vistas o Regreso a Howards End, seguramente sea porque las adaptó para la gran pantalla una mujer.
Infancia y adolescencia
La vida de Ruth Prawer Jhabvala es fundamental para entender su obra. Nació en Colonia (Alemania) el 7 de mayo de 1927 en una familia mixta, pues eran judíos por parte de padre que, además, era abogado. Así que la infancia de Ruth estuvo marcada por el ascenso del nazismo y, por extensión, del antisemitismo creciente. A pesar de la persecución a la que se comenzó a someter a los judíos con el ascenso de Hitler al poder, la familia Prawer se resistía a abandonar su país, hasta que la situación fue insostenible y, en 1938, decidieron exiliarse a Gran Bretaña.
Ruth, que había comenzado a escribir sus primeros cuentos en alemán, no volverá a utilizar su lengua materna en su obra, ni tan siquiera escribirá sobre primeros años de vida en Alemania. Este hecho le dejará una constante sensación de desarraigo que la acompañará siempre.
Así que, vivió su adolescencia y juventud en el Londres en guerra y asediado por el ejército alemán. Sin embargo, pronto consiguió dominar el idioma y se enamoró de la literatura de su país de acogida. Ella misma contaba que compensó su “desheredamiento absorbiendo el mundo de los otros. Cuanto más regional, cuanto más arraigado estaba el autor, más me entusiasmaba”.
Terminada la guerra, comenzó sus estudios de Literatura Inglesa en el Queen Mary College de la London University. Allí empezó a escribir en revistas sobre los problemas de las clases medias-bajas que vivían en los suburbios de Londres durante esos años de posguerra.
Pronto conoció al que fue su marido, Cyrus S.H. Jhabvala, joven parsi recién licenciado en arquitectura. Cyrus marchará durante dos años a su India natal para asentarse y comenzar su carrera como arquitecto y cuando Ruth terminó su máster en Literatura Inglesa, se casaron y se fueron a vivir a India en 1951.

Nueva vida en India y primeras obras
El matrimonio se instaló en Nueva Delhi en un vecindario joven y nuevo de clase media. Ruth recuperó la felicidad de la infancia, ha dejado una Europa empobrecida y arrasada por la guerra y se ha instalado en un lugar nuevo que explorar. Se conviertió en una observadora de todo lo que la rodeaba. Quedó fascinada por las diferentes etnias, que enseguida aprende a diferenciar y también por la complejidad de una sociedad en constante tensión entre los miembros más conservadores y tradicionales y aquellos que abrazaron las costumbres traídas de Europa por los colonizadores de occidente.
Así que comienza a escribir y a plasmar todo lo que ve, sus personajes pertenecerán a la clase media acomodada que es el entorno en el que ella se mueve. Dos años después de haber llegado a Nueva Delhi terminó su primera novela, A quien ella quiere y le seguirán Temperamento apasionado (1956), Esmond en India (1958) y El dueño de la casa (1960). Estas primeras novelas se caracterizan por ser corales, plagadas de ironía, protagonizadas por dos familias y, en general, mostraran una visión armónica y amable de India. Escribió desde dentro, pero con los ojos de alguien que ha conocidos otras culturas, otras formas de vida.

Aún así, en ellas, se va gestando su tema recurrente, que utilizará tanto en su literatura como en las novelas que adaptará al cine: el intercambio entre oriente y occidente. Una dicotomía que derivará también en las tensiones entre Europa y EE.UU. o entre lo tradicional y lo moderno, o entre diferentes generaciones. Sus personajes siempre estarán entre dos mundos (físicos o mentales) y esto se notará en la elección que hará, muy en sintonía con Ivory, de las novelas que adaptará para la pantalla.
Merchant y Ivory anexionan a Prawer Jhavbala
A finales de 1961, Ruth recibió en su casa a dos jóvenes aspirantes a cineastas: James Ivory e Ismail Merchant. Ambos se habían conocido en Los Ángeles, Ivory había dirigido algún documental, pero ninguno era profesional. Estaban buscando un proyecto para dirigir y producir su primera película juntos con la productora que acaban de fundar y les había encantado la novela de Prawer Jhabvala, El dueño de la casa. Así que viajaron hasta Nueva Delhi para comprarle los derechos a la escritora y proponerle que ella misma hiciera la adaptación cinematográfica. Ninguno pensó hasta dónde les iba a llevar aquella primera colaboración.

De este modo los tres se estrenaron juntos en el mundo del cine. La sinergia fue tan fuerte que colaboraron durante 45 años en más de 30 películas, hasta la muerte de Merchant en 2005. Sus películas tienen un sello personal que les une: sus gustos literarios, sus biografías peronales que les llevan a trabajar entre India, Nueva York y Londres. Un nexo común en todas las historias, ya sean originales de Prawer Jhabvala o adaptaciones de escritores como Henry James o E.M. Foster, entre otros, será la temática intercultural y unos personajes desubicados en constante búsqueda de su identidad cultural.
Entre la literatura y el cine
Desde entonces, hasta 1975, compaginará la escritura literaria con los guiones, lo que afectará al estilo de sus novelas en las que incorporará técnicas narrativas del cine como el corte, el flashback, las escenas paralelas, la simbología visual, los efectos sonoros y una progresiva naturalización de los diálogos.
En sus primeros guiones, India perderá su lado amable y cada vez lo mostrará como un lugar intercultural en el que europeos y americanos no terminan de entender ese país y se llenan de frustración y fracaso, arrastrando en esa frustración a los personajes indios: Shakespeare Wallah (1965), El gurú (1969), Bombay Talkie (1970) y Autobiography of a Princess (1975).

En 1975 escribió Calor y Polvo (Heat and Dust), una de sus novelas más famosas y por la que recibió el Premio Booker. Fue el año en el que, por problemas de salud, se mudó a Nueva York, donde vivirá alternando períodos en Nueva Delhi para estar con su familia. Comenzó una nueva etapa personal que se verá reflejada en su obra. India pierde protagonismo su obra literaria y ésta se volverá más personal, mientras que sus guiones se apoyarán en las adaptaciones de otros escritores. Ella será la que elija los textos que asimila como propios, Merchant y Ivory apoyan sus elecciones y el trabajo entre los tres se vuelve más fluido.

La filmografía y el estilo de los tres van evolucionando, creando poco a poco lo que será un estilo propio en el que siguen un criterio de empatía y afinidad moral con la obra elegida. Entre 1977, año de Roseland, a partir de una historia de Ruth, hasta 1985 (Una habitación con vistas), escribió 8 guiones. De ellos algunos son originales a la vez que comienzan a ser más habituales las adaptaciones literarias. Ivory y Prawer Jhavbala comparten gustos literarios y adaptan, en estos años, Los europeos (1979) y Las bostonianas (1984) de Henry James; Quartet (1981) de Jean Rhys y Una habitación con vistas (1985) de E.M. Foster. Además, vuelven a adaptar una novela de la propia Ruth, Oriente y Occidente (1983), basada en Heat and Dust con la que ganó el Booker.

Los años dorados de Merchant-Ivory Productions
Una habitación con vistas (1985) supuso un salto cualitativo para sus producciones. Si durante las dos primeras décadas de trabajo conjunto sus películas habían sido modestas, alternativas y ejercicios personales de estilo, la adaptación de la novela de E.M. Foster los pone en lo más alto de la popularidad. La película fue un éxito rotundo, recogieron numerosos premios en Europa y culminaron con 8 nominaciones a los Oscar, entre ellas, la nominación para Ruth al Mejor Guion Adaptado que terminó ganando.

Inevitablemente les surgieron ofertas para trabajar por separado y entre 1986 y 1990 no trabajaron los tres juntos en ningún filme. En 1990, se reúnen los tres de nuevo para hacer Esperando a Mr. Bridge, adaptada de las novelas de Evan S. Connell Mr. Bridge & Mrs. Bridge. Las dos siguientes películas serán las obras de madurez del trío y las más que gozaron de mayor prestigio: Regreso a Howards End (1992) y Lo que queda del día (1993), la adaptación de la novela de Kazuo Ishiguro. Con Regreso a Howards End, vuelven a adaptar a Foster y la película consigue nueve nominaciones de la Academia de Hollywood, Ruth recibió por ella su segundo Oscar al Mejor Guion Adaptado.
Los tres conviertieron en propio el material de las novelas que adaptaban. El nexo común era una sociedad cambiante, con valores que se vuelven obsoletos y personajes desorientados. Jhabvala no pierde en ellas la ironía que siempre la ha caracterizado y sigue trabajando con los contrastes y las paradojas. Fueron tres novelas de difícil adaptación de las que supo salir con un enorme talento.

Los años finales
A partir de aquí siguieron haciendo películas, aunque ya no tendrían la reputación de las anteriores, si bien, seguirán realizando filmes de calidad aunque no siempre contaban con el respaldo del público y de la crítica. Auspiciados por Hollywood, dos grandes productoras (Touchstone Pictures y Warner), les contratarán para dos películas sobre personajes históricos: Jefferson in Paris (1995) y Sobrevivir a Picasso (1996), con guiones originales de Ruth.
Las cuatro últimas películas en las que trabajaron volvieron a ser adaptaciones literarias, entre ellas, La copa dorada (2000) donde vuelven a su autor fetiche, Henry James. En 2009, ya sin Merchant, Ivory y Prawer Jhabvala hicieron su última película, The city of your final destination.
La escritora y guionista murió en 2013, con 85 años en su casa de Nueva York. James Ivory es el único que sobrevive de aquel maravilloso trío que nos dejó un corpus fílmico de gran rotundidad y calidad, con imágenes y personajes que ya forman parte de nuestro imaginario colectivo audiovisual.

Ruth Prawer Jhabvala, vivió para la literatura y el cine. Si bien nunca abandonó la primera y siguió escribiendo novelas y relatos durante toda su vida, en los que India siempre aparecía con mayor o menor protagonismo: In Search of Love and Beauty (1983), Three Continents (1987), Jirones en la memoria (1995), East into Upper East: Plain Tales From New York and New Delhi (1998) o A Lovesong for India: Tales from East and West (2011).
La identidad femenina en Ruth Prawer Jhabvala
Marta Frago, en su libro Leer, dialogar, escribir cine. Ruth Prawer Jhabvala y la adaptación cinematográfica, dedica un epígrafe a analizar los personajes femeninos en la obra de la escritora. Algunos apuntes interesantes que nos hace es que en sus historias siempre hay más personajes femeninos protagonistas y son más relevantes. Por otro lado, siempre es más benevolente con ellas, no importan los defectos que tengan, siempre se muestra comprensiva con sus actos y decisiones.
Sus protagonistas son mujeres poco convencionales en el contexto social en que se desenvuelven. Se cuestionan su grado de emancipación tanto personal como social, su participación en la vida pública, su independencia con respecto a los varones de su vida, su libertad para decidir si ser madres o no… Por otro lado, extrapola los parámetros contemporáneos a las mujeres protagonistas de contextos como la sociedad victoriana o la India postcolonial. En el último caso, es muy claro cómo representa los anhelos y las rupturas con las tradiciones y los roles impuestos a las mujeres. Lo hacen con un constante cuestionamiento interno y sin grandes aspavientos. Es decir, son mujeres que rompen determinadas normas de forma sutil, sin llevar a cabo grandes gestas, solo tomando sus propias decisiones.

Y junto a estas peculiares heroínas, los personajes femeninos que se mantienen en una posición más tradicional son tratados con respeto y empatía. Jhavbala no los juzga e intenta comprender el inmovilismo en el que viven, bien por sus antecedentes, bien por qué circunstancias les ha llevado a esa situación. En ese tratamiento hacia estos personajes anclados en la tradición se trasluce la denuncia social por parte de la autora de la posición de la mujer en la sociedad.
