Rosario Pi está considerada la primera cineasta española. No fue la primera que dirigió una película, cierto. Antes de ella, Helena Cortesina y Elena Jordi habían dirigido cada una una película, sin embargo, ninguna consiguió sacar adelante una carrera como cineastas. Rosario Pi, por el contrario, a pesar de breve, tuvo una trayectoria en el mundo del cine y, a diferencia de sus predecesoras, ella no era actriz ni provenía del mundo del teatro. Empezó como productora y guionista y siguió como directora. Cierto es que solo dirigió dos filmes, pues su carrera quedó interrumpida por la Guerra Civil y el exilio.
Rosario Pi forma parte de esa escueta historia de las pioneras cineastas en España pues pasaron 14 años desde que Helena Cortesina dirigiera Flor de España en 1921 hasta que Pi debutara como directora en 1935, y hubo que esperar casi 20 (en concreto 18) hasta que Ana Mariscal dirigiera su primer largometraje en 1953.
Sus primeros años
Nació en 1899 en Barcelona en una familia que pertenecía a la burguesía catalana, su padre pertenecía a una familia de fabricantes textiles. Siendo niña contrajo poliomielitis lo que le provocó una cojera de por vida hecho que no le impidió llevar una vida de lo más activa y emprendora a nivel profesional. Sus padres fallecieron cuando ella tenía 24 años y heredó la casa familiar donde decidió montar un negocio de lencería con artículos que ella misma importaba de París. Hasta que en 1929 tuvo que cerrar.

Entró en el mundo del cine tal vez por la influencia de un tío suyo que era distribuidor de películas alemanas y rusas. Sea como fuere, tras cerrar la mercería, decidió mudarse a Madrid donde montó una productora de cine junto a Emilio Gutiérrez Bringas y Pedro Ladrón de Guevara: Star Films. Ella figuró como presidenta de la compañía.
Y llegó el año 1931, el año en el que se proclamó la República. Se vivieron tiempos de renovación cultural. Las mujeres españolas comenzaban a estar presentes en la esfera pública. Fue el año en el que la mujer española consigue el derecho al voto gracias a Clara Campoamor. Hubo una enorme efervescencia cultural y de mujeres escritoras, deportistas, políticas, filósofas, artistas… y en medio de todas ellas, una incipiente cineasta: Rosario Pi. En ese año 1931 produce su primera película, y no una cualquiera sino la segunda película del que será uno de los directores más importantes del cine español, Yo quiero que me lleven a Hollywood de Edgar Neville. Desafortunadamente, como muchas de las películas en las que ella trabajó, no se conservan copias.

Star Films también produjo los primeros filmes de Benito Perojo o José María Beltrán. Pi enseguida se lanzó también a escribir y en 1934 escribió el guion de Doce hombre y una mujer que dirigiría Fernando Delgado, también desaparecida. El hecho de que su productora se inclinara por un cine comercial y popular hizo que no fuera muy del gusto de la intelectualidad de la república que enseguida tacharon a Rosario Pi de filofascista. Pero eran los primeros años del sonoro y había una importante actividad cinematográfica que había que mantener intentando conseguir buenos ingresos en las taquillas.
Rosario Pi, directora de cine
En 1935, Rosario Pi se decidió a debutar como directora y lo hizo con la adaptación de una zarzuela de Manuel Penella, El gato montés. Rosario se encargó de colaborar, además, en el guion, reescribiendo el personaje femenino para convertirlo en protagonista de la historia. En el libreto de Penella, el amor se presenta como posesión por la persona amada y, Soleá, la protagonista, es abnegada, indecisa, insegura y siempre aparece acompañada por su madre adoptiva. Pi consiguió darle la vuelta y hacer de ella un personaje independiente, autosuficiente, capaz de protegerse a sí misma. En la pelea de los protagonistas masculinos por su amor, Soleá interviene activamente y pone fin al enfrentamiento entre los dos hombres.

La película tuvo un gran éxito comercial por lo que Rosario Pi se decidió a dirigir otra película. De nuevo se inclinaría por el cine popular al adaptar de nuevo una zarzuela, en este caso Molinos de Viento de Ricardo Frutos. La protagonista fue la actriz María Mercader y la rodó en Barcelona en plena Guerra Civil. Esta vez con más presupuesto y producida por CIFESA, la película se realizó con todos los avances técnicos de la época. Al final de la producción, Barcelona era una ciudad asediada por los bombardeos, así que, en cuanto pudo, Pi se marchó a París con los negativos para intentar montar y sonorizar la película en la capital francesa. Consiguió terminarla, sin embargo, de nuevo, la película está desaparecida.

Exilio
María Mercader la acompañó a este improvisado exilio, como pareja de la directora y como su representada, pues Rosario tomó la decisión de intentar promocionar la carrera de la actriz. Tuvieron ofertas de Nueva York y de Roma y, finalmente, las dos mujeres decidieron que marcharían a Italia.
Allí, Rosario vivió de traducir guiones al castellano así como de representar a María y a otras actrices. En Roma conocieron al director Vittorio De Sica, del que María se enamoró y con el que Rosario entabló una gran amistad pues les unía la edad y aficiones comunes. Los tres se hicieron inseparables, formando un curioso triángulo emocional. De hecho, los viajaron a Madrid tras la guerra para intentar conseguir financiación para realizar juntos una película. Sin embargo, al no conseguir dicha financiación volvieron a Roma. De vuelta en Italia, María y Vittorio terminaron casándose y Rosario se separó de la pareja.

Rosario Pi esa separación también la llevó a abandonar el mundo del cine y sobrevivió en otros sectores. Patentó pequeños inventos, como un envase para cerillas, organizó espectáculos y llegó a regentar un club nocturno.
Últimos años
Volvió a España en los años 50, completamente olvidada y sin recursos económicos. Una mujer como Rosario Pi no tenía cabida en el nuevo régimen franquista: independiente, creadora, vanguardista y siempre desempeñando profesiones “masculinas”. Se instaló en Madrid en casa de una sobrina suya y consiguió un trabajo de modista. Pero su espíritu siempre inquieto le llevará a montar en los años 60 un restaurante de lujo en pleno Paseo de la Castellana de Madrid. Esa será su última empresa.
Murió en 1967 sin que nadie supiera quién había sido. Sin embargo, había conseguido trabajar algo más de una década en el cine, ejerciendo diferentes labores y, aprovechando, cuando tuvo la oportunidad, de intentar “colar” en el cine más convencional y popular, un nuevo modelo de mujer que, como ella, era independiente y autosuficiente. Ella misma desafió cualquier estereotipo de género e intentó vivir según sus propios criterios desde su lesbianismo hasta su inquietud como empresaria o su masculinizada forma de vestir. Desde luego, debemos considerarla un referente no solo como pionera del cine, sino como mujer excepcional en una época en la que ser diferente y nadar a contracorriente era casi imposible.

