Alma Reville, la mitad del toque Hitchcock

En un artículo del 29 de Julio de 1982 de Los Angeles Times, el crítico cinematográfico Charles Champlin escribió: “El toque Hitchcock tenía cuatro manos y dos eran las de Alma Reville”. El artículo se titulaba Alma Reville Hitchcock: La compañera olvidada, unas semanas después de su muerte, este crítico de cine consideraba que no se había valorado suficientemente la aportación de Alma Reville al trabajo de Hitchcock. A día de hoy, 40 años después de su fallecimiento, Alma Reville sigue necesitando de una constante revisión y revalorización de su trabajo.

LOS PRIMEROS AÑOS

Nació en Nottingham el 14 de agosto de 1899 (curiosamente un día después de que naciera su futuro esposo). A la edad de 16 años, en 1915, comenzó a trabajar en la London Film Company, primero preparando té y en seguida en la sala de montaje para trabajar cortando películas. En dos años, se convirtió en la ayudante de dirección del director Maurice Elvey.

En 1921 comenzó a trabajar en Famous Players-Lasky en el estudio de Islington (Londres). Por allí también estaba contratado un joven Alfred Hitchcock. Aunque trabajaron durante dos años en la misma empresa, a veces incluso en las mismas películas, nunca se dirigieron la palabra. Y es que mientras que Hitchcock era un principiante, Alma ya tenía cierto estatus en la profesión. Era segunda asistente de dirección y sus tareas consistían en trabajar de script, llevando toda la continuidad de las películas, revisar y corregir guiones y, por supuesto, realizar el montaje de las películas.

En aquellos años, Alma Reville se estaba convirtiendo en una experta montadora. En 1923 llegó a publicar un artículo en The Motion Picture Studio en el que argumentaba que montar no era cortar y pegar mecánicamente la película, sino que era un “Arte… con mayúsculas”.

EL ENCUENTRO CON HITCHCOCK

Cuando Famous Players-Lasky cerró su estudio de Gran Bretaña, Alma estuvo unos meses sin trabajar, hasta que, según cuenta Pat, la hija del matrimonio, recibió la llamada de Hitchcock:

“¿Señorita Reville?- preguntó una voz masculina en un tono muy formal, antes de cotinuar con frialdad-: Soy Alfred Hitchcock. Soy ayudante de dirección en una nueva película y me preguntaba si aceptaría usted un puesto en ella como montadora.”

La entrevista tuvo lugar, pero Reville consideró que el salario era bajo y abandonó la sala. Sin embargo, Hitchcock la siguió y negociaron un salario más acorde con su nivel profesional, llegando a un acuerdo amistoso. Según Alma Reville le explicó a su hija, Hitchcock era un hombre muy conservador y solo se atrevió a hablar con Alma cuando él consiguió un oficio mejor y con sueldo mayor que el de ella.

Alfred Hitchcock y Alma Reville en la primera película en la que trabajaron juntos

La primera película en la que colaboraron estrechamente fue De mujer a mujer de Graham Cutts (1923). Al parecer el director no era muy profesional y terminaron tomando las riendas de la producción Alma y Alfred, nacía así el tándem profesional más famoso de la historia del cine. Para Alma la dedicación al trabajo debía de ser total y en Alfred encontró a su pareja perfecta, pues él era de la misma opinión.

Alma era en aquellos años, una figura de cierta relevancia en el cine británico por su condición de pionera, llamaba la atención el hecho de que fuera una mujer joven capaz de trabajar en tantos aspectos de la producción cinematográfica. En la primera película que le ofrecieron a Hitchcock para dirigir El jardín de la alegría (1927), ella fue la asistente de dirección pero también se ocupó de aspectos financieros y de producción, además de supervisar el montaje del filme. Parecía que el siguiente paso iba a ser el de dirigir su propia película, pero fue algo que nunca hizo. Según ella señaló años después, no consideraba que tuviera la suficiente presencia física (era muy menuda, apenas medía 1’52 cm) ni el carácter para dirigir.

Revisando guiones en los años 20

La pareja se casó en 1926 y, aunque Alma no dejó de trabajar, durante ese periodo en Inglaterra muchos de sus trabajos quedaron sin acreditar. No solo trabajó en películas de su marido, sino que también colaboró en otras producciones. Cuando nació Patricia en 1928, la única hija del matrimonio, Alma fue aceptando cada vez más trabajo de guionista, porque le resultaba más compatible con la maternidad, era un trabajo más flexible que no requería tener que estar largas horas en el estudio fuera de casa.

Comenzaron de esta forma sus contribuciones en la sombra. No hay documentos que acrediten las colaboraciones y el trabajo que hizo durante la etapa de cine mudo en Inglaterra, solo los documentos de Hitchcock, guardados en la Margaret Herrick Library, acreditan la importante contribución de Alma a la filmografía del director en su etapa en EE.UU.

LA AVENTURA AMERICANA

Con una carrera ya asentada en Gran Bretaña, Hitchcock entró en conversaciones con el productor estadounidense David O. Selznick. El resultado de varios meses de negociaciones fue que en febrero de 1939 los Hitchcock vendieron su casa de campo en Shamley Green y partieron a EE.UU. el 1 de marzo. Con la familia viajaba también la guionista y productora Joan Harrison, imprescindible en el equipo creativo del director.

Alfred Hitchcock, Alma Reville, Patricia Hitchcock y Joan Harrison en EE.UU.

En abril se establecieron en Los Ángeles, en un apartamento de Wilshire Boulevard. Selznick les dio una oficina en Selznick International en Culver City, donde Hitchcock trabajaría con Harrison en la adaptación de la novela Rebecca de Daphne du Maurier.

Alma trabajaba desde casa, pues se encargaba de su hija y de la cocina, pero eso no significaba que estuviese aljada del cine. Según cuenta su hija, sus padres siempre estaban trabajando y cuando no había ninguna película en marcha, leían y buscaban material e ideas para la siguiente. Alma no paraba de leer, escribir y revisar guiones y cuando Hitchcock recibía un guion o un libro para un posible proyecto se lo pasaba a ella. Si a su esposa no le gustaba, el director lo rechazaba, no había discusión ni vacilación.

Alma Reville y Joan Harrison trabajando en el guion de Sospecha (1941)

Alma también revisaba las pruebas de casting junto con Joan Harrison y su marido. Él confiaba plenamente en el criterio de ambas mujeres. Según Whitfield Cook, otro de los guionistas que trabajó en varias ocasiones con Hitchcock “Alma no siempre estaba en el rodaje, pero iba a visionar los copiones más o menos un día sí y otro no y le daba su opinión a Hitch”. Cook cuenta que Alma participaba en reuniones de guion y aunque el jefe era Hitchcock éste siempre tenía en cuenta sus propuestas y argumentaciones, ella no tenía ningún reparo en discrepar con su marido y él tomaba en consideración todo lo que ella le decía. Alma conocía perfectamente cómo funcionaban las películas y entendía cómo se construía el suspense. Todas las personas contratadas para una producción, ya fuera para trabajar delante o detrás de las cámaras tenían que pasar la prueba definitiva: la prueba de Alma.

En el rodaje de Psicosis (1960)

Así pues, parecía claro que Alma Reville estaba detrás de toda y cada una de las películas de Alfred Hitchcock, en mayor o menor medida ella contribuyó a construir una de las filmografías más estudiadas, interesantes y complejas de la historia del cine y dado que a ella le daba la última palabra queda bastante patente es una obra que también le pertenece. Se podría afirmar que Hitchcock hizo las películas que hizo porque tenía a Alma Reville a su lado, sin ella, su hubiera sido muy distinta.

Una de las anécdotas que su hija narra en el libro sobre su madre y que pone de manifiesto el trabajo de Alma, ocurrió durante el rodaje de Atrapa a un ladrón. Al parecer estuvo muy presente durante toda la producción y de hecho fue ella la que ideó la escena de la persecución en coche y propuso que se dividiera en tres escenas, pues la primera versión tenía demasiado diálogo y era lenta y pesada.

Photo by Paramount/Kobal/Shutterstock (5874603d) Alfred Hitchcock, Grace Kelly, Alma Hitchcock Hitchcock, Alfred – 1955 Paramount On/Off Set To Catch A Thief

UN EQUIPO INSEPARABLE

A pesar de su concepción conservadora del matrimonio y de la clara división tradicional de los roles de género, Alma no renunció a su profesión. Puede parecer que su carrera quedó aparcada cuando se casó o que hizo suya la carrera de su marido. Sin embargo, no podemos juzgar su decisión. Lo que está claro es que no dejó de trabajar nunca. Alma vivía para el cine, respiraba cine, tanto como su marido.

Alma y Alfred trabajando en el guion de Marnie, la ladrona (1964)

Los Hitchcock eran inseparables, dado su carácter particular, nunca acudían solos a eventos sociales, siempre iban juntos, es muy raro encontrar documentos gráficos de ellos por separado. Eran muy hogareños y no se dejaron apabullar por los oropeles de Hollywood, ellos mantuvieron sus discretas costumbres inglesas durante toda su vida en Estados Unidos. Desde luego formaban una pareja peculiar.

Fueron una pareja de iguales en el trabajo. Él confiaba ciegamente en ella y ella hacía todo lo posible para que las películas que hacían fueran las mejores. Consiguieron un perfecto equilibrio que les iba estupendamente.

EL HOMENAJE FINAL

“Pido permiso para mencionar por su nombre únicamente a las cuatro personas que me han dado todo su cariño, su reconocimiento, sus ánimos y su constante colaboración. La primera de las cuatro es una montadora cinematográfica, la segunda es una guionista, la tercera es la madre de mi hija Pat y la cuarta es la cocinera más excelente que haya obrado milagros en una cocina doméstica; y el nombre de las cuatro es Alma Reville.(…) Comparto mi premio, como he compartido mi vida, con ella.”

Eran las palabras que Alfred Hitchcock le dedicó a su compañera de vida cuando recibió el premio a toda su carrera del American Film Institute el 7 de marzo de 1979. Alma estaba ya estaba bastante enferma, desde principios de los años 70 su salud se había ido deteriorando. Finalmente murió, el 6 de julio de 1982, había sobrevivido a Hitchcock solamente dos años.

Fuentes:

Women Film Pioneers

P. Hitchcock y L. Bouzereau, Alma Hitchcock, CIRCE Ediciones, Barcelona 2009

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