Cléo de 5 a 7, Agnès Varda (1962)

Hace 61 años, Cléo inicia su periplo por las calles de París. Es 21 de junio de 1961. Cléo está asustada. Cléo pregunta por su futuro. Esta tarde va a recibir los resultados del médico. Cleo está asustada.

Las calles de la rive gauche de París están abarrotadas. En 1961, abundan los puestos callejeros, los coches circulan sin mucho orden, la gente ocupa el paisaje urbano en una especie de horror vacui. París no parece una postal, porque París está lleno de vida. De vida popular, de vida de barrio. Ese París ya no existe. Desapareció con Cléo, con Agnès, con el blanco y negro del celuloide de esta película.

Cléo viste de blanco, sale a la calle. Es coqueta. La miran. Se mira. Es una cantante con cierta fama. Es bella, es rubia. Destaca entre las gentes populares de las calles, los cafés, las tiendas. Para Cléo es un juego. Se sabe mirada y disfruta. Hay cierta pose infantil. De hecho las personas a su alrededor la infatilizan, no la dejan crecer. Su asistenta (Angèle), su amante, sus compositores.

Cléo (Corinne Marchand) y Angèle (Dominique Davray)

Así que Cléo se harta. Porque está asustada. Porque la enfermedad le hace tomar conciencia de sí misma. De su cuerpo. De su imagen. Así que Cléo se despoja de lo superficial. Se esconde tras una gafas de sol. Desafía a todos, desafía a la superstición y vuelve a salir a la calle. Esta vez sola. Esta vez para mirar, para recuperar su lugar en el mundo como persona anónima. Cléo se siente fuera del mundo.

UNA PELÍCULA DE MIRADAS, REFLEJOS Y ESPEJOS

Es una película de miradas, de cómo mira Cléo, de cómo la miran a ella. Porque Cléo es guapa, es famosa, es sofisticada y elegante, así que todo el mundo la mira. Y ella se mira. Y acepta ser mirada. Y todo el mundo la hace caso y la escucha. La definen los demás. Y Cléo se queja: ´Me haces caprichosa. Una idiota, una muñeca de porcelana.”

Sin embargo, en la segunda parte Cléo pasa a ser anónima pues se ha vestido de negro y se ha despojado de los artificios y de la superficialidad. Cléo camina, pero ahora es espectadora, ella observa, escucha y en muchas ocasiones se convierte en cámara. La perspectiva de su mirada es la que ahora nos devuelve Varda.

Ya en esta película Varda juega con los espejos, con los reflejos en los cristales, con esa imagen reflejada. A veces honesta. A veces perversa. Cléo se mira, pero qué ve exactamente. Varda hace que la cámara siga constantemente a su protagonista, a veces incluso la suplanta y el personaje se vuelve cámara.

UNA PELÍCULA DE TIEMPOS

La película es engañosa, es un juego, es una trampa. La cineasta nos quiere hacer creer que asistimos en tiempo real al relato que nos cuenta. Y nos lo va marcando para que nos situemos y nos lo creamos. Pero la película está llena de cortes no hay plano secuencia, el montaje se hace esencial para que ese tiempo sea como Varda quiere que sea, no para que sea real.

El tiempo se expande y el tiempo es mentiroso, pues si creemos asistir a dos horas de la vida de Cléo, en realidad, solo asistimos a una hora y media, que es lo que dura la película. A las seis y media, la película termina. El resto del tiempo queda en suspenso. Le pertenece a Cléo, pertenece a la historia.

PELÍCULA FUNDACIONAL

Agnès Varda juega con el espectador, como jugará en el resto de su filmografía, mezclando géneros, siendo libre en su trabajo. De esta forma la película tiene mucho de documental al filmar a Corinne Marchand sin artificios por las calles de París. Aunque en un momento dado, en mitad de la película introduce un número musical. Y como no era suficiente es capaz de incluir una película dentro de la película, aunque sea diegética, eso sí, porque es un corto que Cléo ve. Varda ya deja sentadas las bases de las características de toda su carrera cinematográfica.

Michel Legrand y Corinne Marchand

LA MUJER EN TIEMPOS DE LA NOUVELLE VAGUE

Agnès Varda era la única directora de lo que se ha denominado la nouvelle vague francesa. Su amistad con Goddard y su matrimonio con Jacques Demy la llevó, en cierto modo, aparcar su carrera como fotógrafa y a aventurarse a hacer películas.  Y ser la única la convirtió en rareza porque fue la única cineasta del grupo que retrató a la mujer desde la mirada femenina. Varda coge a la musa, Corinne Marchand, y desmonta el estereotipo.

Si los directores proyectaban en sus películas mujeres idealizadas, mujeres soñadas o mujeres ideales, Varda mostró a una mujer que se rebela contra esos estereotipos, contra esa mirada masculinizada del cine. El personaje de Cléo, comienza siendo un ideal para terminar despojándose de esas imposiciones y aceptándose a sí misma como un personaje más humano y real. Un personaje que se tiene que enfrentar a los miedos que provoca una enfermedad grave como es el cáncer. Y Varda, aprovecha para hablar de ese pánico, pero no para juzgarla o debilitarla, sino para darle el derecho de asustarse ante la enfermedad. Para que no sienta la obligación de ser valiente, sino de ser humana.

VARDA FEMINISTA

Por otro lado, el cariz feminista de la joven directora ya lo deja patente en su segundo filme, no solo por la humanidad del personaje principal. También porque nos deja escenas entre mujeres (casi nada habitual en el cine de sus colegas de profesión), entre Cléo y su asistenta, Angèle, entre Cléo y su amiga, Dorothée. Y la que, para mí es una escena fundamental en el imaginario feminista del cine de Agnès Varda: el viaje en taxi conducido por una mujer.

Filmada con un claro tono documental, es toda una declaración de intenciones que Cléo y Angèle cojan un taxi conducido por una mujer en el París de los años 60. Uno de los personajes más interesantes de la película es la taxista, una mujer ejerciendo una profesión masculinizada y que habla de una forma muy asertiva y segura. Esta mujer taxista las impresiona por su seguridad al hablar, su valentía y su asertividad. Cléo se preocupa por cómo es trabajar de noche siendo una mujer taxista, qué mujer no pensaría en eso. Y la taxista aprovecha para contarles anécdotas y para mostrarles que sí, que no es una profesión fácil para una mujer, pero que ella se ha acostumbrado y lo hace lo mejor posible. Es una conversación impregnada de complicidad entre mujeres que viven y trabajan en una gran ciudad. Cléo comenta con admiración que esa mujer “es valiente y encantadora”.

CLÉO EN CANNES

Cléo de 5 a 7 se estrenó en el Festival de Cine de Cannes, hace 60 años. Hoy ya es un clásico, es una obra maestra, es uno de los mejores trabajos del cine de la nouvelle vague francesa. El productor de Al final de la escapada (Jean-Luc Goddard, 1960) quiso repetir el éxito de esta película así que habló con Jacques Demy y Agnès Varda (que había dirigido en 1955 La Pointe Courte) y les pidió algo similar para repetir el éxito. Ese algo similar es que tenía que ser una película de bajo presupuesto, rodada en París para no tener que pagar dietas y alojamientos y en blanco y negro.  

Agnès Varda y Corinne Marchand en el estreno en Cannes de la película

Era la segunda película de Varda y para ella se rodeó de sus amistades Goddard, Anna Karina, Michel Legrand… que participaron con cameos en el filme. Este segundo largometraje consagró a Varda como cineasta fundamental en la cinematografía francesa y en el cine en general, siendo una de las cineastas más originales y brillantes que se recuerdan.

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