Chantal Akerman fue una cineasta libre que filmó desde la disidencia historias de mujeres, de migraciones, historias autobiográficas, historias interiores, autoretratos y retratos infinitos. Sin considerar mandatos comerciales, ajustaba la duración de sus filmes a lo que quería contar, más de tres horas, menos de 10 minutos, o simplemente una hora…, el metraje era circunstancial. Ella quería la experiencia del relato, la experiencia del tiempo del relato. Desde sus precoces trabajos con 18 años a su último filme dedicado a su madre, toda la obra de Akerman está impregnada de su personalísima mirada de mujer feminista, lesbiana, judía y artista.

SUS INICIOS
Nació en Etterbeek (Bélgica) en 1950, de familia judía superviviente de los campos de concentración de nazis. Ambas circunstancias marcarán sutilmente toda la vida y la obra de la cineasta. La estrecha relación con su madre, el rechazo a las rutinas y rígidas costumbres judías estarán presentes a lo largo de su filmografía.

Dejó los estudios a los 16 años, ella misma cuenta que con 15 años vio Pierrot, el loco de Goddard y decidió que quería hacer cine. Con 18 años ingresó en el Institut National Supérieur des Arts du Spectacle et des Techniques de Diffusion para estudiar cine. Pero enseguida lo deja y con sus ahorros decide rodar su primer corto, Saute ma ville, una sencilla película de 13 minutos en blanco y negro, donde ella es la única intérprete trajinando en su casa, haciendo la comida, limpiando, bailando, haciéndolo todo de una forma estrafalaria, extravagante, casi ridícula.

En 1971 se va a Nueva York donde permanece un año y donde rueda sus siguientes obras, cortos y mediometrajes muy influenciados por el cine experimental del que se empapa durante su estancia en EE.UU. Estos primeros trabajos pueden ser clasificados en la tradición del cine-retrato que practicaban artistas como Andy Warhol o cineastas como Philippe Garrel. Son experimentos en los que se apoyará el resto de su obra en la que Akerman compone estudios de mujeres lidiando con su condición en el día a día. Algunas de estas primeras obras son Hotel Monterrey (1972) o La chambre (1972).

LOS AÑOS 70 Y CONSAGRACIÓN
Cuando regresa a Bélgica dirige su primer largo, Je tu il elle (1974) que también protagoniza. En él explora su sexualidad y su relación con hombres y mujeres y se graba a ella misma en una escena de sexo con la ex amante de su personaje. La valentía de mirada y el contenido de esta película podríamos achacarla a la juventud de la directora pero, en realidad, esa honestidad y esa experimentación las mantendrá a lo largo de toda su carrera. Sin embargo, Akerman no encasillará su obra en su lesbianismo. Este es su trabajo más evidente, después, jugará más con la ambigüedad o la subversión de los roles de género y dinamitará las relaciones de pareja al uso.

Al año siguiente, con tan solo 25 años rueda su obra maestra y una de las mejores películas de la historia del cine (la publicación Sight and Sound la colocó en el número 36 de su lista de las mejores 100 películas de todos los tiempos): Jeanne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles. La película más arriesgada y también más hipnótica, de la que ya dimos cuenta en el blog, es un prodigio de ritmo, de planificación y de interpretación (por parte de la actriz francesa Delphine Seyrig).

Con este filme Chantal Akerman consagra su incipiente carrera y se coloca a la cabeza de un cine experimental, feminista y de vanguardia que proliferó en los años 70 cuando el video democratizó el audiovisual y los grupos de protesta y reivindicación comenzaron a crear una obra más crítica, más artística y sin tener en cuenta las reglas del juego del cine comercial.
A partir de aquí, va filmando otros rostros, otras mujeres y otras historias sin importar el dónde ni el cómo ni siquiera la duración de cada película. De esta forma, son varios los mediometrajes que forman parte de su obra. En los años 70 filmará a caballo entre Bélgica y Francia filmes como Noticias de casa (1976) o Las citas de Ana (1978).
En la década de los 80 experimenta con el género musical francés con la poco convencional Golden Eighties (1986) y vuelve a protagonizar alguno de sus trabajos, El hombre de la maleta (1983). Será una década donde siga experimentando y donde trabaje mucho el cortometraje.

La década de los 90 la comienza con una particular película romántica, Noche y día (1991) en la que la protagonista se debate entre dos amantes en una relación lejos de convencionalismos, en la que se explora el deseo físico y la libertad personal femenina.
Será una década llena de proyectos profesionales, no solo películas, también comenzará una etapa en la que realizará varias video instalaciones y escribirá libros de marcado carácter autobiográfico.

Durante esta década comenzará a trabajar con la montadora Claire Atherton, que montará la mayoría de sus películas, y a la par inicia su relación sentimental con la hermana de ésta: la chelista Sonia Wieder-Atherton a la que filmará en dos conciertos: Avec Sonia Wieder-Atherton (2002) y en A l’Est avec Sonia Wieder-Atherton (2008).
En esos años dirige la que será su película más comercial, la comedia romántica Un diván en Nueva York (1996) con Juliette Binoche, así como su documental autorreferencial Chantal Akerman por Chantal Akerman (1997) en el que habla de su vida como cineasta.
EXILIOS Y EL PASADO JUDÍO
Durante la última década del siglo XX, Chantal Akerman comenzará a realizar sus peregrinaciones para filmar lejos de Bélgica. Serán los trabajos donde explore las migraciones de las personas y también donde ahonde en su herencia judía, temas con los que trabajará durante el resto de su carrera. Entre sus trabajos más destacados en estos aspectos están Del este (1993), Sur (1999), Del otro lado (2002) o Allá (2006).

Akerman se convierte en viajera, en observadora, en cámara que filma desde la imposible objetividad del que mira sin omitir juicios. Todo ocurre delante de su lente, su cámara rara vez se mueve, es discreta, como su mirada, aunque valiente como su alma. Y de esta forma captrará en sus documentales viajeros el colapso del comunismo tras la caída del muro de Berlín, el clima de racismo del sur de Estados Unidos o la visita a Israel con su mirada de descendiente de supervivientes del Holocausto como equipaje.

AKERMAN Y LA MIRADA FEMINISTA
Chantal Akerman está considerada como una de las cineastas feministas más significativas de la historia. Ciertamente, la época en la que comenzó a filmar coincidió con todo el movimiento de los 70. A lo largo de toda su carrera desafió los modos en los que la mujer era representada. Sus obras de aquella época, ya desde su primer corto, son claves en los estudios sobre el audiovisual feminista de aquellos años. En sus películas la cuestión de quién habla cuando una mujer habla en un filme, ¿es el personaje?, ¿es la directora? se diluye en el relato.

En aquellos años surgieron nuevas narrativas de acuerdo a una nueva forma de contar propia del cine que estaban haciendo las mujeres. En el caso de Akerman, más que las historias es el lugar desde donde las filma, es su perspectiva sobre las mujeres y los personajes femeninos. El cine de Akerman puede ser en este sentido mucho más intelectual y emocional que narrativo. De lo que no cabe duda es de que su obra es imprescindible para establecer nuevas genealogías del audiovisual tanto desde la perspectiva feminista como de la historia de las mujeres en este campo artístico.

Chantal Akerman murió a los 65 años, el 6 de octubre de 2015. Se quitó la vida a consecuencia de una fuerte depresión que venía padeciendo y que se agravó con la muerte de su madre. Acababa de terminar su última película No home movie (2015), en la que filmó a su madre en su casa de Bruselas. Las vemos a las dos hablando, deambulando por la casa, saludándose por video conferencia. A su madre le había dedicado su obra magna, Jeanne Dielman y, la retrata en esta última. Un retrato intimista, lleno de ternura, estático, interior, en la cocina, en la sala de estar… También el libro póstumo de Chantal Akerman, publicado en 2016, estaba protagonizado por su madre My mother laughs.

