Tomates verdes fritos, Jon Avent (1991)

Se cumplen 30 años del estreno en España de esta maravillosa película y, rápidamente, se convirtió en un clásico, en un referente de cine de mujeres (aunque estuviera dirigida por un hombre). Y es que en aquellos años seguíamos con escasez de buenas películas con buenos personajes femeninos que hablasen de las mujeres. Había una sequía histórica en el relato cinematográfico de mujeres hablando de mujeres como lo hace esta película.

Esta era una historia para que la dirigiera una mujer. Si se hubiera realizado hoy, no hubiera habido ninguna duda. Pero hace 30 apenas había directoras en Hollywood, aquel año de 1991 apenas se estrenaron películas de realizadoras.

Así que la dirección recayó en Jon Avent, un director correcto sin más. Pero el guion y la producción tenían nombres de mujer. Así en el guion colaboró la autora de la novela en la que se basa la película, Fannie Flagg junto a Carol Sobieski. Sara Duvall y Anne Marie Gillen fueron las productoras y en departamentos como la edición, el diseño de producción, vestuario y decorados también fueron mujeres las responsables.

UNA ESTUPENDA ADAPTACIÓN

La novela se publicó en 1987 y estuvo 36 semanas en la lista de los libros más vendidos del New York Times. Fannie Flagg arma un caleidoscopio de acontecimientos con varias voces narradoras. Los años se entrecruzan y nada ocurre linealmente, apela al esfuerzo de la persona que lee para que vaya recomponiendo el rompecabezas de las historias y los personajes principales de las tramas.

Siendo su autora también guionista es capaz de extraer de su propia novela a los cuatro personajes protagonistas, Ruth (Mary-Louise Parker), Idgie (Mary Stuart Masterson), Evelyn (Kathy Bates) y Nini (Jessica Tandy), y reducir la estructura de la narración a solo dos saltos temporales: el pasado en los años 30 en el que se narra la historia de Ruth e Idgie y el presente (los años 80) donde se nos cuenta la relación entre Evelyn y Nini. También se reducen los personajes secundarios, muy abundantes en la novela, manteniendo los que están relacionados con las historias de las cuatro protagonistas.

Mary Stuart Masterson, Mary-Louise Parker, Kathy Bates y Jessica Tandy, protagonistas de «Tomates verdes fritos»

Sin duda, es una de las películas más famosas con protagonistas femeninas en las que se hablan de las relaciones y las redes de apoyo que se tejen entre las mujeres. Por un lado, la historia de amor y devoción de Ruth e Idgie, en la que la amistad va más allá. Sería demasiado fácil reducirlo a una posible o latente relación lesbiana, aunque, por supuesto, Idgie es bastante clara respecto a sus sentimientos románticos hacia Ruth. Y digo fácil, porque creo que su relación va mucho más allá es una comunión perfecta entre dos mujeres que se hacen fuertes juntas y que se unen en una relación que no admite clasificación posible para que no quede reducida a una mera historia de amor al uso. Su relación trasciende más allá de cualquier convención social y forma una de las historias más emotivas, entre dos mujeres, vistas en el cine.

Ruth e Idgie conseguen crear un universo en el que las personas diferentes, discriminadas y oprimidas son bien venidas. Un mundo fuera de juicios y prejuicios, en el que las diferencias se aceptan como cualidades enriquecedoras para los demás.

Ruth (Mary-Louise Parker) e Idgie (Mary Stuart Masterson)

LA MEDIANA EDAD EN LAS MUJERES

Por otro lado, la relación de Evelyn y Nini es una entrañable relación que comienza siendo un apoyo para ambas y termina siendo una profunda amistad. Evelyn termina incluyendo a Nini en su familia y Nini es el faro que ayuda a Evelyn a superar el difícil dos crisis propias de una mujer de mediana edad: el síndrome del nido vacío y la inminente menopausia. De hecho, el personaje de Evelyn, sobre todo en la novela es uno de los grandes aciertos. Fannie Flag retrata de una manera asombrosa a una mujer de mediana edad, fuera de cualquier canon convencional de representación.

Nini (Jessica Tandy) y Evelyn (Kathy Bates)

Las mujeres de mediana edad, por lo general han estado infrarrepresentadas en el relato colectivo (sea cine, literatura, teatro…) y cuando han aparecido no han estado exentas de estereotipos, bien se las ridiculiza, bien se las sexualiza para que sean aceptadas por el canon patriarcal. Es cierto que en la película está al límite de la caricaturización y que la novela retrata mucho mejor a este personaje. Sin embargo, no llega a tal punto, pues en el fondo lo que hay es una evolución de la autocomplacencia y la autocompasión a la autoestima y la positividad. Evelyn es un fantástico personaje en la novela que, gracias a la actriz que lo interpreta, Kathy Bates, adquiere una gran vitalidad en la pantalla.

¿UNA PELÍCULA FEMINISTA?

No me gusta poner el calificativo de feminista porque considero que no tiene por qué serlo y porque muchas veces se desvirtúa calificando algo de femenista cuando no lo es, solo por el hecho de que sea una historia protagonizada por mujeres.

En este caso, creo que sí hay algo de verdad. Para empezar, por la denuncia hacia los malos tratos. Por supuesto está tratado de una forma sutil, pero es un tema fundamental en la trama, Ruth tendrá que ser “rescatada” de su matrimonio por Idgie que no duda un momento en sacarla de allí en cuanto tiene ocasión.

Por otro lado, la disidencia de género de Idgie. Está claro que no acepta desde niña el papel que se le ha reservado como mujer en la sociedad y que deja de ocultar cuando se quita el vestido (siendo niña todavía) y decide que va a ser ella misma: lesbiana, libre, asertiva, con iniciativa propia y llevando la vida que desea sin importarle ni las imposiciones de género, ni las convenciones sociales, aunque eso la relegue a una cierta marginalidad.

Mary Stuart Masterson como Idgie

Por otro lado, el personaje de Ruth, que evoluciona de mujer convencional siempre definida por las miradas de los demás a mujer, dueña de su vida y de sus decisiones, de una forma muy discreta, sí, pero igualmente contundente. Porque a pesar de todos los inconvenientes tanto Ruth como Idgie son capaces de romper las normas, cada una a su manera, y plantar cara a una sociedad que no las entiende (un ejemplo de ello será también su realción con los negros a los que incorporan sin complejos en su vida, pese a la sociedad racista en la que se encuentran).

Otro punto, es la crítica a la vida vacía impuesta al ama de casa, a través del personaje de Evelyn. Esa imposición de ser madres y esposas que deja a la mujer varada, cuando su papel de madre ha terminado y como esposa su vida queda reducida al hogar y el cuidado del marido sin más aspiraciones ni más futuro que seguir relegada al espacio privado.

Y no hay que olvidar el papel de Nini, el de la mujer mayor como mujer sabia poseedora de experiencia, de vida, de historia, de conocimiento El enlace entre el pasado y el presente, el personaje que enlaza las dos historias con sabiduría y empatía.

Si tenemos en cuenta, además, que la historia está situada en el sur de EE.UU., una sociedad muy tradicional y machista, tenemos este cóctel explosivo que solo podía triunfar y convertirse en un referente para las mujeres.

Los personajes de Tomates verdes fritos, sus vivencias, sus mundos interiores son los de la gran mayoría de nosotras y por eso siempre serán personajes universales y su mensaje seguirá vivo en el tiempo. La película está envejeciendo estupendamente porque, lamentablemente, muchos de sus temas siguen vigentes y también porque nos podemos reconocer en sus personajes en sus vidas interiores, en sus experiencias vitales, en sus frustraciones, en sus anhelos y en su condición de mujeres en un mundo de hombres.

Deja un comentario