Cuenta Cecilia Bartolomé que la idea de Vámonos, Bárbara surgió del productor Alfredo Matas. Un señor muy conservador y productor de cine muy comercial. Al parecer su hija se acababa de separar y le propuso a la cineasta hacer una película inspirada en Alicia ya no vive aquí (Martin Scorsese, 1974) en la que se contase, en tono de comedia, la separación de una mujer de su marido.
En este caso es Ana (Amparo Soler Leal), una mujer de clase media alta, esposa y madre que hace poco comenzó a trabajar en una agencia de publicidad y que acaba de serle infiel a su marido con un compañero de trabajo más joven que ella. A partir de aquí, asistimos al despertar tardío (o no) de una mujer de mediana edad con un marido ausente y una hija de 12 años, Bárbara (Cristina Álvarez).

AIRES DE LIBERTAD
Al igual que pasaba con la primera película de la directora, Margarita y el lobo (1968), hay que ponerla en contexto para entender la importancia de esta obra tanto en la historia del cine español, como por su valor en la representación de la mujer.
La película se produjo en 1977 apenas unos meses después de la muerte del dictador Franco. No se había promulgado ni siquiera la Constitución. En cuanto al cine, salvo la obra de cineastas como Saura, Camus o Borau entre otros lo que estaba de moda eran las comedias del destape, vamos las mujeres estaban infrarrepresentadas o muy mal representadas. Por supuesto, las cineastas ni estaban ni se las esperaba.
Así que, la película de Bartolomé choca muchísimo en ese contexto donde todavía la sociedad seguía siendo muy pacata y conservadora, aunque sí que había ganas de libertad, sobre todo para las mujeres que durante los 40 años de dictadura habían estado “atadas a la pata de la mesa”. Y entre la mujer tradicional educada en el servicio social y las mujeres desnudas y cosificadas del infame destape, no había nadie que se acercase a mujeres reales.

EL SERIO DIVERTIMENTO DE CECILIA
La película está llena de frescura, de humor, de optimismo. Recuerda a la ligereza de Margarita y el lobo (ópera prima de la directora), Cecilia Bartolomé es capaz de dar un tratamiento casi frívolo a las crisis existenciales de las mujeres. Lejos de la confesión descarnada de Función de noche de Josefina Molina y de la seriedad y trascendencia de Gary Cooper que estás en los cielos de Pilar Miró, Vámonos, Bárbara es divertida y fresca pero no hace concesiones y lanza dardos muy directos hacia el patriarcado y en concreto a la sociedad del momento. Entre risas y desnudos (con los que pretendía reírse del cine del momento), Bartolomé colaba consignas feministas. Desnudos de una mujer de más de 40, de una mujer sujeto de deseo y exentos de toda erotización banal.

Ana es el retrato de una nueva mujer, una mujer que no se había visto en el cine español. Es la mujer alegre que decide, ella misma, separarse de su marido, que no se siente culpable, que no sufre, que no hace un trauma de ello. Una separación que, al igual que en Margarita y el lobo, responde a una crisis existencial y vital. Por el contrario Ana explora, aprende a vivir consigo misma, se atreve a otras formas de entender el mundo. Ana abre su mente y se deja empapar de todo lo nuevo que va descubriendo. Ha roto la jaula y ha echado a volar sin ningún tipo de remordimiento. Y todo ello bajo la atenta mirada de Bárbara, su hija, una niña que es una metáfora del futuro, una niña que se queja, que opina, que protesta, que es asertiva… En definitiva, una niña alejada de la inocente y sumisa cría vestida de comunión.
No podemos olvidar el momento de las mujeres mayores en el autobús, que comentan la tragedia de la joven mujer que se acaba de bajar del autobús con varios hijos pequeños y otro en camino. Todas coinciden en la esclavitud de esa maternidad en la que los embarazos eran más frecuentes que las gripes y cómo ellas mismas lo habían sufrido. Mientras Ana, su hija Bárbara y su tía observan desde la parte trasera del autobús cómo se enzarza el conductor con las mujeres y les increpa hasta que para el vehículo sale huyendo perseguido por ellas. Es un momento casi berlanguiano en clave de sketch en el que la cineasta deja casi a la improvisación que las viajeras suelten toda la rabia contenida por la vida de represión que han tenido que llevar.

Y así, durante esta peculiar road movie, Ana va desde los personajes tradicionales como su tía, sus padres y las amigas del pueblo, hasta los nuevos hippies y su amiga Paula (Julieta Serrano) que se liberó antes que ella, pasando por nuevos amantes, espiritistas, turistas guiris y gays a punto de salir del armario. Todo un crisol de personajes que en el fondo son una representación de esa España un poco esquizofrénica llena de contradicciones y dudas.

REPERCUSIÓN
La película se estrenó y comenzó con una gran éxito, sobre todo de público, sin embargo, a las dos semanas, el productor, Alfredo Matas, la retiró de los cines. Según cuenta la propia directora, no se habían llevado nada bien durante la post producción de la película y Matas decidió que se acabó. Cecilia Bartolomé se encuentra de nuevo con la cancelación y el ostracismo.
Lo que está claro es que le debemos memoria, recuperación y reparación. Aquellas pocas voces femeninas de la transición sufrieron cancelaciones y olvidos, pero sus pocas obras son muy valiosas, tenemos que cuidarlas, hablar de ellas y divulgarlas para que todo el mundo sepa que, hubo un tiempo en el que las mujeres quisieron hablar pero nos las dejaron (aún con el dictador enterrado). Así que vámonos a descubrirlas.
