La historia de esta película se podría titular: El camino, historia de un descubrimiento, pues como si de una reliquia arqueológica se tratara, en su día nadie la quiso, quedó olvidada y ahora, por fin, vuelve a ver la luz gracias a dos personas que han creído en ella desde el principio: David García Rodríguez, hijo de Ana Mariscal, y Fabien Gohier, gerente de Karmafilms Distribution. Pero, vayamos por partes.
La película olvidada
En 1963, Ana Mariscal decidió coger la novela de un todavía no muy popular escritor, aunque sí reconocido, y adaptarla al cine. El escritor era Miguel Delibes y la novela El camino que había escrito en 1950. Se unieron pues dos mentes brillantes y dos grandes intelectuales para poner en pie una película que debería haber estado destinada a convertirse en un éxito de taquilla y en un clásico del cine español.

Delibes se implicó mucho en el proceso de producción, incluso dio el visto bueno a los niños actores protagonistas. Ana Mariscal, como ya venía siendo costumbre se encargó también de la adaptación del guion. La película se rodó en el pueblo de Candeleda, en la provincia de Ávila, y como también venía siendo habitual en el cine de Mariscal, se rodó en escenarios naturales combinando actores profesionales como Julia Caba Alba, María Isbert, Antonio Casas, Joaquín Roa o Rafael Luis Calvo entre otros, con los niños protagonistas que no eran profesionales y los habitantes del pueblo de Candeleda. Por supuesto, con poco presupuesto y medios, pero con mucho oficio e ilusión.

Cuando llegó el momento de distribuir la película, Ana Mariscal volvió a tener problemas con la censura, como le había sucedido con trabajos anteriores, así que no se llegó ni siquiera a estrenarse en Madrid y apenas consiguieron su exhibición en algunas localidades pequeñas. La película quedó guardada en un cajón.
Sin embargo, casi 60 años después, El camino está en ruta de nuevo, el responsable de ello es David García Rodríguez, hijo de la cineasta, que lleva varios años recuperando y restaurando las películas de su madre para intentar conseguir que vuelvan a pasarse en televisión. Entre otras, ha restaurado Segundo López, aventurero urbano (1953), la primera película de la cineasta y la última ha sido El camino de la que ya ha depositado en Filmoteca Española una copia restaurada en 4K.
Y… El camino llegó a Cannes
Y gracias a este esfuerzo individual por preservar el legado de su madre, la película llegó incluso a Cannes, algo con lo que seguramente Ana Mariscal no pudo soñar. Quiso la casualidad que David García Gutiérrez ofreciera la película a la Filmoteca de Navarra para que la pasaran en un homenaje al actor Joaquín Roa. Allí la vio una persona del equipo de la distribuidora francesa Karmafilms Distribution que en seguida se la enseñó a Fabien Gohier, gerente de la misma. Gohier, muy interesado por la figura de Delibes y por la cultura en español quedó fascinado con el filme y negoció con García Gutiérrez los derechos de distribución internacional. Y no solo eso, sino que la presentó al Festival de Cannes para que fuera exhibida en la sección Cannes Classics en la pasada edición del festival. Un nuevo cartel y un reclamo publicitario: La joya olvidada del cine español, están dando una segunda vida a esta maravillosa película.

Aquí, en España, esta copia se ha podido disfrutar en la Filmoteca Española, en el Cine Doré de Madrid y en el Festival de Cine por Mujeres de Madrid. En ambos pases, David García Gutiérrez estuvo presentando orgulloso el trabajo de su madre y el suyo propio, pues la restauración del filme es estupendo. Tras el pase en el Festival de Cine por Mujeres de Madrid en la Sala Berlanga, no pude resistirme y agradecerle en persona este regalo tan maravilloso que nos había hecho, fue un momento emotivo por lo emocionado y orgulloso que está de que por fin se vuelva a disfrutar del trabajo de su madre y lo agradecido que está de que el público esté respondiendo tan bien.
Acerca de la película
El protagonista es Daniel, el Mochuelo, un niño de unos doce años al que su padre quiere enviar a estudiar a la ciudad para que no sea quesero como él. A lo largo de la película, nos adentraremos en la vida del pueblo con sus variopintos habitantes, siguiendo las peripecias de Daniel y sus amigos.
La película está plagada de momentos muy divertidos, emotivos con un toque costumbrista muy propio de la directora, sin caer en tópicos folclóricos. Ana Mariscal le añade humanidad y humor a un texto mucho más duro y consigue con ello que el público se adentre en un relato casi etnográfico de la España rural de los años 50.

El pueblo en sí es un personaje más de la película, con sus comercios, sus oficios, su iglesia y feligreses, su escuela y también su cine improvisado y sus jóvenes parejas escondidas en las afueras. Es un pueblo lleno de vida, bullicioso y dinámico y, sin embargo, no peca de ser idílico ni amable en exceso.
La maestría y el oficio de actriz de Ana Mariscal se notan en la dirección de los actores. Consigue de los niños protagonistas (ninguno actor profesional) unas interpretaciones tan poco afectadas como frescas, creíbles y conmovedoras. Se nota también en la dirección de las escenas corales, en los perfectos movimientos escénicos, perfectamente trazados de los actores y actrices.

El uso de los diferentes estilos musicales como elemento descriptivo de los personajes es otro de los aspectos que cabe destacar del filme, además de la excelente fotografía de Valentín Javier (marido de la cineasta y también productor de la película), pues si bien es una película de muchos exteriores, los interiores naturales están maravillosamente iluminados y fotografiados.
El camino es una magnífica obra que fue injustamente olvidada. Ahora tenemos la oportunidad de redimir este olvido y de rescatar y poner en valor una obra clave en el cine español de los 60. Recuperar este trabajo y el corpus fílmico de la primera mujer que tuvo una carrera importante como cineasta en España es una obligación para nuestra historia del cine. Sin El camino, la historia no estaba completa.
