Lillian Hellman, la dramaturga del cine clásico

Hablar de Lillian Hellman es hablar de treatro sobre todo, pero también de cine clásico porque de sus textos teatrales previos han salido maravillosas películas después. Lillian Hellman, formó parte de esa “izquierda” intelectual de Hollywood que intentó colar mensajes y reivindicaciones en las películas de los estudios, unas veces con éxito y otras fracasando y que acabó en el banquillo durante la etapa más dura del macartismo.

La escritora nació en Nueva Orleans en 1905 en una familia de origen judío. Durante su infancia pasaba la mitad del año en Nueva Orleans con sus tías y el otro medio año con sus padres en Nueva York. Hellman consiguió estudiar dos años en la Universidad de Nueva York y acudió a varios cursos en la Universidad de Columbia.

Lillian Hellman de joven

Lilian Hellman nunca llevó una vida convencional. Se casó joven en 1925 con el dramaturgo y agente de prensa Arthur Kober pero nunca vivieron juntos. En 1929 decidió viajar a Europa y estableció en Bonn para seguir estudiando. Allí tuvo contacto jóvenes del partido Nazi pues sus ideas de corte socialista le parecían muy interesantes, sin embargo, cuando comenzó a percatarse de las ideas antisemitas se marchó de vuelta a EE.UU.

Hellman acabó en Hollywood, leyendo guiones en Metro Goldwyn Mayer por 50 dólares a la semana. El trabajo era aburrido pero le permitió codearse con intelectuales y artistas e involucrarse, cada vez más, en cuestiones políticas.  

EL ÉXITO TEATRAL Y LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

En aquellos primeros años de la década de los 30, Hellman conoció y se enamoró del escritor Dashiell Hammett, se divorció de su marido y se volvió a Nueva York, donde en 1934 estrena su primera obra teatral, The children’s hour (La calumnia fue su título en español). Hellman triunfó en un panorama teatral dominado casi exclusivamente por autores y ello sin hacer concesiones. Esta primera obra, en la que se habla de lesbianismo y de de falsas acusaciones fue un enorme éxito y tuvo 691 representaciones.

Imagen de la producción teatral de La calumnia (1935) dirigida por Herman Shumlin

Después de este éxito Hellman volvió a Hollywood ya que Metro Goldwyn Mayer había comprado los derechos de su obra. La dramaturga se encargó de la adaptación, la película la dirigió William Wyler y se tituló Esos tres. Sin embargo, el argumento se tuvo que modificar pues no podían hacer referencia al lesbianismo; la historia de las dos maestras acusadas de mantener una relación entre ellas se transformó en una falsa infidelidad heterosexual. William Wyler se desquitaría años después, cuando en 1961 volviera a adaptar la obra de la autora sin las concesiones de la primera película y recuperando la historia lésbica del original.

Lillian Hellman y el director William Wyler

El temperamento izquierdista de Lillian Hellman le llevó a convertirse en miembro de la League of Americans Writers, donde había varios miembros que pertenecían al Partido Comunista, y a sindicarse en el Screen Writers Guild. También por aquella época ingresó en el partido comunista (donde solo estuvo afiliada hasta 1940) y viajó en 1937 a España para apoyar la labor de las Brigadas Internacionales durante la guerra civil para colaborar más tarde en un documental, Tierra de España (1937) de Joris Ivens, donde colaboró con John Dos Passos y Ernest Hemingway.

Tras el fracaso de su segunda obra, Days to come (1936) donde trataba las luchas sindicales, en 1938 escribe la que será su obra más famosa, The little foxes y que se estrenó en febrero de 1939 protagonizada en su estreno teatral por Tallulah Bankhead como Regina Giddens y que tuvo 410 representaciones para después hacer una gira nacional. Su siguiente obra, Alarma en el Rhin se estrenó en 1941 y con ella ganó el New York Drama Critics’ Circle Award. Un obra política con la apoyaba la intervención de EE.UU. en la alianza internacional contra Hitler. Tras esta le siguieron el guion original de la película La estrella del norte (por la que fue acusada de pro soviética) y The searching wind, su tercera obra relacionada con la Segunda Guerra Mundial.

Fotograma de la película La estrella del norte (Lewis Milestone, 1943)

LOS AÑOS TRAS LA GUERRA

Tras la guerra, Hellman recuperó a sus personajes de The Little foxes en una obra precuela que transcurre 20 años antes. Por otro lado, comenzaron los movimientos del Comité de Actividades Antiamericanas y la famosa caza de brujas impulsada por Joseph McCarthy, la escritora será una de las personas que sufrirá las consecuencias, junto con su compañero Dashiell Hammett, y que será llamada a declarar. El director William Wyler lamentará no poder trabajar con ella por este motivo en aquellos años.

En 1951 estrena la que, según la crítica, fue su mejor obra The Autumm Garden, que narra la reunión de un grupo de personas que han alcanzado la mediana edad. También será la obra favorita de la autora. Un año después, será llamada a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, Hellman decidirá que solo hablará sobre ella misma y se negará a contestar a pregunstas sobre otras personas a pesar de las consecuencias que le pueda acarrear.

Lillian Hellman seguirá escribiendo y haciendo adaptaciones para cine y televisión, en 1961 estrena su último gran éxito Toys in the attic con la que regresa a su infancia en el sur y escribirá el guion de La jauría humana (Sam Spiegel, 1965) basada en la novela de Horton Foote.

Lillian Hellman, no solo escribió sus obras, también se implicó en varios de los montajes y en las adaptaciones cinematográficas, además, dirigió también algunas de sus obras en diferentes momentos de su carrera.

Maureen Stapleton y Elizabeth Taylor flanquean a Lllian Hellman en el montaje de The litlle foxes de 1981 en el Martin Beck Theatre de Nueva York

LOS ÚLTIMOS AÑOS

Hellman dejó de escribir teatro en los años 60 y se dedicó a la escritura autobiográfica dejando unos maravillosos textos sobre su vida como An Unfinished Woman: A Memoir (1969), Pentimento: A Book of Portraits (1973) y Scoundrel Time (1976). Además, dio clases de escritura y trabajó para preservar el legado de Dashiell Hammett con el que compartió los últimos 20 años de vida del escritor de manera intermitente. La relación entre ambos escritores, fue de todo menos convencional, sobre todo por sus personalidades tan fuertes e independientes. Hammett, sin embargo, fue un enorme apoyo en la carrera literaria de Hellman.

Lillian Hellman y Dashiel Hammett

La escritora y dramaturga murió en 1984 a causa de un ataque al corazón en su casa de Martha’s Vineyard donde está enterrada. En 1977, Fred Zinnemann dirigió Julia, basado en un capítulo de la vida de Hellman que ella relató en su autobiografía Pentimento y donde Jane Fonda interpretaba a la escritora. La actriz Kathy Bates dirigió en 1999 una película para televisión, Dash & Lilly, con Sam Sheppard y Judy Davis como Hammett y Hellman.

EL LEGADO DE HELLMAN

Como apuntábamos al principio, Hellman irrumpió en una escena teatral carente de voces femeninas, solo algunas autoras habían conseguido estrenar en Broadway, entre otras, Rachel Crothers, Sophie Treadwell y Clare Boothe. Aunque en el teatro más experimental y vanguardista triunfaban nombres como Susan Glaspell, Alice Gerstenberg, Zoë Akins o Edna St. Vincent Millay. Sin embargo, el teatro de Hellman hay que englobarlo en una tradición más convencional y naturalista, heredera de autores como Strindberg o Chejov. En las obras de Lillian Hellman, las mujeres tienen un gran protagonismo. Da igual dónde sitúe la acción, siempre hay espacio para personajes femeninos complejos y alejados de estereotipos.

Es por ello que, gracias a las adaptaciones cinematográficas que se hicieron de sus obras, el cine clásico de Hollywood consiguió contar con las excepciones a las normas de los estereotipos. Es decir, en un momento en el que la censura y el conservadurismo eran muy férreos por parte de los estudios, los personajes femeninos estaban muy polarizados entre las femme fatales y los ángeles del hogar, además, de ser generalmente meras acompañantes de los protagonistas masculinos, bien para redimirlos, bien para conducirlos a su perdición. En estas adaptaciones, Hellman contó con algunos de los directores más prestigiosos del momento como William Dieterle o Lewis Milestone y sobre todo con William Wyler que dirigió varias de sus adaptaciones y guiones, creando una colaboración llena de complicidad y confianza.

Las mujeres de las obras de Hellman están plagadas de matices, que las hacen humanas y nada predecibles. Tomemos como ejemplo la adaptación de su obra más famosa, La loba (1939) (por cierto, un título que nada tiene que ver con el original, The little foxes, y que tiene una espantosa misoginia implícita), protagonizada por Bette Davis, los tres personajes femeninos parten de una primera impresión estereotipada para evolucionar y rebelarse como personajes garantes de la compleja condición humana. Regina (Bette Davis) es tan ambiciosa como sus hermanos, pero en ella se acrecienta esa ambición porque supone independencia económica y, por tanto, independencia personal. Su hija, Alexandra (Teresa Wright), comienza siendo temerosa y frágil, pero evoluciona para convertirse en una mujer con tanta personalidad como su madre y con la misma determinación (aunque carente de maldad). Birdie (Patricia Collinge), la cuñada de Regina, es un personaje demoledor, víctima de malos tratos, es una mujer totalmente anulada, acomplejada y sin ninguna autoestima a consecuencia de un matrimonio infeliz y abusivo que le ha llevado, además, al alcoholismo (un personaje insólito en el cine de la época).

Herbert Marshall, Teresa Wright y Bette Davis en The little foxes (William Wyler, 1941)

El resto de sus personajes femeninos siguen esta estela de humanidad: las campesinas, Marina (Anne Baxter) y Claudia (Jane Withers), de La estrella del norte (Lewis Milestone, 1943) capaces de empuñar las armas contra los nazis junto a sus compañeros, huyendo del estereotipo de mujeres en apuros; Lavinia (Florence Eldridge), la madre de Regina Hubbard (Ann Blyth) en Al otro lado del bosque (Michael Gordon, 1948), que abandona a su familia porque no soporta su maldad; Sara (Bette Davis) de Alarma en el Rhin (Herman Shumlin, 1943), la joven que abandona la seguridad de su familia acomodada para comprometerse con los ideales de su marido en un matrimonio sólido y lleno de respeto y complicidad; Fanny (Lucile Watson), madre de Sara, controladora y dominante; o Cassie (Sylvia Sidney) y Emily (Ann Richards)  en The searching wind (William Dieterle, 1946), las dos amigas de la infancia que se reencuentran años después para hacer autocrítica y balance de su amistad y sus vidas.

Por supuesto, no podemos olvidar a las dos protagonistas de La calumnia (William Wyler, 1961, las dos profesoras, Karen (Audrey Hepburn) y Martha (Shirley MacLaine) acusadas de mantener una relación lésbica, un tema que Hellman fue muy valiente al escribir sobre él en una época, los años 30, en la que el lesbianismo ni estaba ni se le esperaba. Y no solo eso, sino que construye una historia maravillosa sobre una relación entre dos mujeres, amigas y compañeras, independientes, profesionales (ambas regentan su propio colegio para niñas). La amistad femenina, la independencia económica, profesional y personal.

Audrey Hepburn (Karen) y Shirley MacLaine (Martha) en La calumnia (Wylliam Wyler, 1961)

Como apuntara Araceli González Crespán en su artículo Las mujeres de Lillian Hellman: una voz poderosa en un teatro de hombres:

Hellman nos presenta un amplio crisol de tipos femeninos que se debaten entre sus deseos de libertad, su búsqueda del amor, su lugar en el mundo y su derecho a decidir por sí mismas, así como otros que sucumben a la locura, al alcoholismo o a sus más oscuras pasiones o se conforman con los roles más tradicionales. Presenta un amplio y variado muestrario de mujeres rebeldes, insumisas, insatisfechas, vencidas, sometidas y adaptadas. En todo caso, será la independencia económica la que les permita tomar decisiones y adoptar modos de vida poco convencionales.

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