España no era país para mujeres cineastas cuando Josefina Molina en 1969 se convirtió en la primera mujer en obtener el título de directora/realizadora en la Escuela Oficial de Cine. Sólo Cecilia Bartolomé y Pilar Miró se atrevieron a pisar unas aulas llenas de chicos apabullantes y confiados. España no era un país para mujeres cineastas, pero Josefina Molina se atrevió y lo consiguió, aunque cabe preguntarse si su carrera estrictamente cinematográfica hubiera podido ser más extensa y más habitual. Ya no importa, porque esa dificultad para hacer cine hizo que su carrera profesional fuera más ecléctica y rica si cabe, pues Josefina Molina dejó también extraordinarios trabajos sobre todo en televisión y, además, en literatura y teatro.

Josefina Molina nació el 19 de noviembre de 1936, con la guerra civil en los primeros meses de contienda en Córdoba. Su padre era tendero y su madre ama de casa. A pesar de los años de guerra y posguerra, el negocio de su padre nunca decayó lo cual permitió vivir bastante bien a la familia. Así que Josefina pudo aprovecharlo y estudiar incluso Bachillerato, siempre animada por su madre.
De pequeña, Molina era una ávida lectora y pronto una amante de las películas, pues sus padres la solían llevar al cine los domingos por la tarde. Josefina siempre recuerda que la primera película que le hizo ser consciente de que el cine le gustaba fue El río de Jean Renoir (1951). Pronto se comenzó a unir a grupos de jóvenes con sus mismas inquietudes artísticas e intelectuales. La joven Josefina se hizo asidua de los Cineclub, tan de moda en la época, de su Córdoba natal como el Cineclub Senda y el Cineclub del Círculo de la Amistad.
Mientras estudiaba Ciencias Políticas, frecuentaba también un grupo de jóvenes progresistas, Círculo Juan XXIII, con el que se animó a fundar, en 1962, el grupo de teatro “Teatro Ensayo Medea” donde dirigió su primera obra Casa de muñecas de Henrik Ibsen. A la obra de Ibsen le siguieron la dirección de cuatro obras más y la colaboración en un programa de radio, Vida de espectáculos, con una sección que se titulaba “La mujer y el cine”. Josefina Molina ya apuntaba maneras antes de dejar su tierra para ir a Madrid a estudiar en la Escuela de Cine.
SUS COMIENZOS EN MADRID
Tras su paso por la Escuela Oficial de Cine consiguió dirigir varias adaptaciones teatrales para Televisión Española en los famosos espacios como Estudio 1, Hora Once… Este paso por los dramáticos para televisión constituían una estupenda manera de soltarse y coger experiencia en la dirección.
Como ella misma apuntaba, su bagaje cultural era, sobre todo, literario y teatral por lo que en la Escuela de Cine hizo su reconversión al mundo de la imagen. Sin embargo, la literatura y el teatro serán indisolubles en sus trabajos cinematográficos. Su primer largometraje, Vera, un cuento cruel (1973), consistió en una adaptación de un cuento de Auguste Villiers de l’Isle Adam, protagonizado por Fernando Fernán Gómez, Víctor Valverde y Julieta Serrano. Ella misma escribió el guion con la colaboración de José Sámano.

Durante los años 70 Josefina Molina siguió trabajando ficción para televisión, para Estudio 1 dirigió adaptaciones teatrales de obras con mujeres protagonistas como fue el caso de Anna Christie de Eugene O´Neill o Hedda Gabler de Heinrik Ibsen y a finales de los 70 realizó su primera serie de televisión El camino (1978), adaptación de la novela de Miguel Delibes en 6 episodios.
CONSOLIDACIÓN: SUS TRES OBRAS FUNDAMENTALES
La década de los 80 constituyó un buen momento profesional pues trabajó en sus grandes obras. Nueve años después de su primera película, Josefina Molina vuelve al cine y lo hace con una obra fundamental del poco cine feminista que se ha hecho en España: Función de Noche (1981). La película rompe con la narrativa tradicional del cine convencional y hace un retrato en el que no sabemos dónde termina la ficción y comienza la realidad. Protagonizada por Lola Herrera y Daniel Dicenta la historia transcurre mayoritariamente en el camerino de la primera durante las representaciones de Cinco horas con Mario (adaptación teatral de la novela de Miguel Delibes) ambos deconstruyen y analizan su matrimonio, su relación y sus circunstancias vitales. Con unos actores totalmente entregados y descarnados, asistimos a un momento íntimo de una pareja y les sirve tanto a Josefina Molina como a Lola Herrera para poner sobre la mesa la condición vital de la mujer en la España de la recién estrenada democracia. La mujer de mediana edad, educada en el franquismo pero que tiene que cuestionar todo lo aprendido en el pasado, aquello que aprendió y que ya no sirve pero de lo que tampoco puede desprenderse.

Función de noche es una de las pocas y primeras películas que hablaba de la mujer contemporánea, que le daba voz propia y protagonismo, sin censura ni barreras. A excepción de Gary Cooper que estás en los cielos de Pilar Miró (1980), tardaríamos en volver a ver este protagonismo femenino absoluto y honesto en la cinematografía española.
Es unos años después, realiza la serie Teresa de Jesús (1984) que escribe junto a Carmen Martín Gaite. Ambas mujeres consiguen que aflore la mujer, la persona humana del personaje santo, tan beatificado y mitificado por la iglesia y las corrientes conservadoras. Consiguieron humanizar a la santa y reivindicar su fuerte carácter y espíritu independiente como cualidades positivas de la mujer.

Esta década la culminó con un film de época, una producción histórica basada nuevamente en un texto teatral previo, hablamos de Esquilache (1988) basada en la obra de Antonio Buero Vallejo, Un soñador para el pueblo. Molina volvió a contar con intérpretes de su confianza como Fernando Fernán Gómez y Concha Velasco. La película obtuvo un enorme reconocimiento en el ámbito cinematográfico y en la cuarta edición de los premios Goya consiguió nada menos que 12 nominaciones, entre ellas Mejor Dirección y Mejor Película. Sin embargo, solo ganó dos premios el Goya a Mejor Actor de Reparto (Adolfo Marsillach) y a la Mejor Dirección Artística.

Durante la década de los 90, Josefina Molina consiguió dirigir alguna película más (Lo más natural, 1990 y La Lola se va a los puertos, 1993), además de la serie de televisión Entre Naranjos (1998), adaptación de la novela de Vicente Blasco Ibáñez por la que recibió en premio a la Mejor Dirección en los Premios de la Academia de la Televisión de España.
Como mujer de letras que siempre ha sido. Nunca se separó de la literatura, tanto sus trabajos para el cine como para la televisión y ella misma siempre ha sido guionista de sus obras. En los últimos años, Josefina Molina ha trabajado en su pequeño legado literario y ha escrito novelas como Cuestión de azar (1997), En el umbral de la hoguera (1999) (sobre Teresa de Jesús), Los papeles de Bécquer (2000) y su novela autobiográfica Sentada en un rincón (2000)
RECONOCIMIENTO Y LEGADO
Solo en los últimos años se ha comenzado a tener en cuenta su obra y trayectoria, ello ha llevado a que recibiera homenajes y reconocimientos que no tuvo cuando estaba en activo. El primer gran reconocimiento fue en 2006 cuando recibió la Medalla de Oro al mérito de las Bellas Artes. Después vino el Goya de Honor en 2012 y en 2019 el Premio Nacional de Cinematografía, entre otros muchos.

Fue pionera y referente en una profesión en la que a las mujeres ni se las esperaba ni se las quería. En 2006 fue una de las fundadoras de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) junto a mujeres del cine como Cristina Andreu, Iciar Bollaín, Isabel Coixet, Judith Collel, Chus Gutiérrez, Daniela Féjerman, Patricia Ferreira, Laura Mañá o Inés París. Ahora Josefina Molina es su Presidenta de Honor.
«No he estado sola afortunadamente y no estaré sola en el futuro. Hay ya muchas mujeres que están imponiendo sus ideas y su visión del cine de hoy aunque todavía se escatima el reconocimiento de los méritos de las cineastas.»
Josefina Molina

