Se han cumplido 30 del estreno de El silencio de los corderos. En aquel año 1991, todos los espectadores quedamos consternados por el hecho de que un personaje como Hannibal Lecter no nos llegase a producir la repugnancia que debería y nos pasó como a Clarice Starling, sentíamos cierta simpatía hacia él y lo convertimos en uno de los iconos del cine del siglo XX, la contenida y a la vez magnética interpretación de Anthony Hopkins tuvo mucho que ver. La película obtuvo muchos reconocimientos y en premios de la Academia se llevó los cuatro Oscars principales: Mejor Película, Mejor Dirección (Jonathan Demme), Mejor Actriz (Jodie Foster), Mejor Actor (Anthony Hopkins) y Mejor Guion Adaptado (Ted Tally).

Ese fue el primer visionado de la película cuando era muy joven para entender lo que realmente suponía para las mujeres. Pero cuando la volví a ver, comencé a entender y descubrir una gran cantidad de detalles que hacen de ella, no creo que una película feminista, pero sí una película muy interesante en cuanto a la posición de las mujeres la sociedad. La película es una representación de la hostilidad y agresividad que sufrimos, desde los micro machismos más imperceptibles hasta el asesinato.
Clarice Starling, una mujer en un mundo de hombres
Probablemente sea uno de los personajes femeninos más interesantes del cine. La joven aspirante a agente del FBI está encarnada por Jodie Foster, una actriz cuyo físico es vital a la hora de representar dicho personaje. La heroína del filme, no es alta, ni atlética, ni amenazadora y además eso se acentúa. El ejemplo de la altura es evidente, si en otro personaje o película esto se hubiera intentado disimular o hubiera sido indiferente, aquí queda claro que Clarice es una mujer relativamente baja (la actriz mide 1,60 m) y para que nos quede claro hay varias escenas en las que aparece rodeada de hombres y personas muy altas (es claro el plano del ascensor al principio de la película).

Sin embargo, sabemos, desde las primeras imágenes del filme, que eso no es impedimento para su enorme esfuerzo físico y su determinación y tenacidad en el entrenamiento. En seguida sabremos que es una mujer inteligente y una alumna brillante. Jonathan Demme hace una estupenda presentación de personaje en los primeros minutos de película.
Además es un personaje femenino cuya caracterización no está sexualizada. Solo hay que fijarse en su actitud, siempre alerta ante los acosos, y en su vestuario. Ninguno de los estilismos que lleva acentúa su cuerpo: ropas holgadas, trajes oscuros y sobrios, nunca hay una predisposición a estar disponible sexualmente y aún así no se libra de insinuaciones o miradas masculinas que claramente la sexualizan, simplemente porque es una mujer.

Clarice es consciente de su condición de secundaria en el mundo, siempre alerta, siempre suspicaz y aún así es tremendamente valiente e intenta que su trabajo y su capacidad como agente del FBI definan su relación con los demás. Clarice, a su manera, intenta hacerse hueco siendo respetada por lo que hace no por lo que es. Es significativo que Clarice solo esté relajada con su compañera de estudios Ardelia (Kassi Lemmons), las escenas que comparten juntas son las únicas en la que se la ve sonriendo o con confianza. Son las únicas escenas en las que encuentra una cómplice y en las que se siente más segura.
Clarice y Hannibal
Todo lo dicho anteriormente nos lleva a su “relación” con Hannibal Lecter. Lecter intenta ponerla nerviosa desde el primer momento, algo a lo que Clarice se resiste e intenta llevar la situación a un plano de iguales, ella no le muestra su miedo, miedo que le han inculcado los demás. Clarice quiere conocer a Hannibal antes de juzgar. Lecter enseguida la respeta porque ella se enfrenta a él de tú a tú. Ambos juegan a conocerse a leerse a intentar sacarse información que puedan utilizar en beneficio propio y en ese conocimiento ambos se respetan como iguales.

Lecter desenmascara enseguida el acoso que sufre Starling, y se pone de su parte porque sabe que está ante una mente brillante como la suya, que sabe que además podrá ponerla de su parte a pesar de ser un asesino. Clarice se deja seducir por Hannibal y el público, siempre en la posición de Clarice, también. Es un villano al que nos imposible odiar, pues en este caso no es el malo de la película, él será el que ayude a atrapar al verdadero malo: el psicópata asesino de mujeres.
Buffalo Bill
El psicópata asesino de mujeres es un hombre blanco, seguramente heterosexual (aunque no se llega a mencionar) y de una misoginia extrema. Está clara, además, su autoginefilia y su narcisismo. Hannibal Lecter lo expresa claramente: codicia. Este psicópata codicia los cuerpos de las mujeres porque él no puede ser una y por tanto las odia de manera visceral, hasta el extremo de quitarles la vida y la piel para hacerse “un traje de mujer” con el que mirarse y excitarse.

Las mujeres para él son un objeto del que obtener algo. La madre de Catherine, la última secuestrada que todavía permanece con vida, le habla desde la televisión contando cómo es ella, la humaniza con imágenes de su infancia y de su vida. Clarice lo entiende perfectamente: la madre intenta que él la vea como a un ser humano no como un objeto, para que le sea más difícil hacerle daño. Sin embargo, él es incapaz de verla como una persona. Es la punta del iceberg, la socialización de la mujer como objeto poseído por el hombre (da igual para qué), ese asesino psicópata es la degeneración extrema del resto de comportamientos machistas y denigrantes que hemos visto durante la película y que ha sufrido Clarice Starling. Este asesino codicia y a la vez desprecia a la mujer, solo él es válido, solo él es digno de su propia atención. Él en el momento más grotesco de la película pretende ser una mujer, la única mujer válida y merecedora de su atención.
El silencio de los corderos compartió año de estreno con Thelma y Louise dos películas que reflejaban de modo diferente el acoso hacia las mujeres en la sociedad occidental. Han pasado 30 años y no parece que hubiera cambiado nada. Siguen vigentes. El hombre sigue ejerciendo violencia sobre la mujer en diferentes grados, el patriarcado sigue intacto y la codicia de los hombres sobre los cuerpos de las mujeres es más perversa que nunca y más deshumanizadora si cabe. En cierto modo, hemos retrocedido en muchos aspectos. Hoy, El silencio de los corderos sería una película políticamente incorrecta. Hoy, El silencio de los corderos no se hubiera podido hacer.
