Las mujeres en los inicios del cine

El cine comenzó como algo sin importancia. Ni los propios hermanos Lumiére vieron mucho futuro en él. Nadie se lo tomaba en serio y en sus primeros años quedó relegado a una atracción más de barraca de feria.

Es cierto que este desprecio no duró demasiado y pronto comenzaron a proliferar salas de exhibición que compartían techo con cabarets de poca monta y music halls. El cine se iba haciendo popular pero era un entretenimiento para clases bajas en calles de no buena reputación. Las películas solo tenían un rollo y salvo las excepciones de Meliés o Alice Guy, no había narración ni historia.

En 1905, en EE.UU. comienzan a proliferar los nickelodeon, los primeros locales en los que se exhibían películas. Los años dorados de estos establecimientos duraron hasta 1915 y era tan alta la demanda de películas que comenzaron a producirse a destajo. De esta forma, fueron muchas las mujeres jóvenes de clase trabajadora que vieron aquí su oportunidad de iniciar una carrera. Se las contrataba, sobre todo, para montar las películas debido a que sus manos eran más pequeñas y podían manipular mejor el celuloide en un trabajo que requería mucha precisión.

Sala de montaje de Thanhouser Film Corporation, hacia 1917

Dada la poca importancia que se le daba al nuevo espectáculo, no muchos se lo tomaban en serio así que, además de las montadoras otros perfiles de mujeres trabajadoras se fueron animando a trabajar en la incipiente industria como secretarias, costureras, peluqueras y también escritoras y actrices de teatro. Sin embargo, en el cine todavía no había oficios definidos ni segregados por sexos por lo que todo el mundo hacía de todo y compartía tareas. La actriz y guionista (de ella es el crédito del primer Ben-Hur que se filmó en 1907), Gene Gauntier, decía que durante su etapa en Kalem Company entre 1907 y 1912 trabajó en casi todos los oficios de la compañía.

Gene Gauntier

Los recientes estudios acerca del trabajo que realizaron las mujeres en el cine en Estados Unidos hasta el inicio del sonoro a finales de los años 20 parecen afianzar la idea de que no sólo fueron directoras y actrices sino que ocuparon su lugar en prácticamente todos los oficios del cine (incluso hubo alguna operadora de cámara y algunas llegaron a regentar salas de cine en propiedad). El año de partida en el que se comienza a estudiar la influencia de las mujeres en el cine en EE.UU. es alrededor de 1906-1907 cuando la antes mencionada Gene Gauntier escribe el guion de Ben-Hur, Alice Guy Blaché se instala en Nueva York y la actriz Florence Lawrence debuta con la Edison Company en la película Daniel Boone y se convierte en la primera estrella de cine.

En una artículo de 1923 de la revista The Business Woman, se llegó a listar hasta 23 profesiones que realizaban las mujeres además de la de actriz: aparte de las más feminizadas como secretarias, scripts, peluqueras, diseñadoras de vestuario, telefonista… se añadían otras como montadoras, coloristas, guionistas, diseñadoras de decorados, publicistas, directoras de casting, compositoras, directoras, productoras… Se estima que en aquel año 40 productoras de cine pertenecían a mujeres.

En aquellos primeros años los principales estudios estaban situados en Nueva Jersey y Nueva York y todavía no había entrado la banca a hacerse cargo del negocio ni se habían formado los grandes monopolios. Esos primeros años fueron de aprendizaje, de aprender a escribir algo parecido a un guión de cine, de aprender el manejo de los novedosos equipos… Hasta que comenzó la especialización no había distinciones entre los sexos. Es más, profesiones como la de guionista estaba profundamente feminizada había muchas más mujeres escribiendo que hombres (algo en apenas unas décadas se fue revirtiendo hasta que apenas quedaron mujeres en esta profesión).

Ya en California, la escritora Beulah Marie Dix cuenta cómo cuando la contrataron en la Famous Players-Lasky Company en 1916 trabajó como extra, aprendió a manejar una cámara, colocaba focos… Mientras que entre 1916 y 1921, Universal City concentraba el mayor número de mujeres directoras que también trabajaban de actrices, guionistas y productoras, entre ellas, Lois Weber (la directora más importante de aquellos años).

A la izquierda, la directora Lois Weber

AMIGAS Y MENTORAS

La energía del movimiento sufragista impregnaba los grupos de mujeres trabajadoras, la lucha por los derechos laborales, la incorporación de las mujeres al trabajo durante la Primera Guerra Mundial nada de esto era ajeno a la industria del cine. Beatrice DeMille, escritora, productora y empresaria, madre del director Cecil B. DeMille, dejó constancia de ello con sus optimistas palabras:

“Esta es la era de las mujeres. Y creo que ha venido para quedarse. Toda la relación entre los sexos ha cambiado.”

La sinergia que surgió entre las mujeres del cine fue muy fuerte en aquellos años lo que favoreció la colaboración y el amadrinamiento profesional. Es sabido que, la que está considerada la primera directora de cine estadounidense, Lois Weber, fue contratada por Alice Guy en Solax Company. La guionista y productora Frances Marion arriesgó proyectos por ayudar a la actriz Marie Dressler y a la guionista Lorna Moon. La actriz Norma Talmadge organizaba fiestas para que las mujeres de la industria se conocieran y pudieran colaborar entre ellas. La propia Beatrice DeMille impulsó las carreras de las dramaturgas Marguerite Bertsch y Beulah Marie Dix.

Beatrice deMille

PRODUCTORAS

En aquellos tiempos del cine mudo proliferaron las productoras dirigidas por mujeres o co-dirigidas con sus maridos y/o compañeros masculinos de profesión. Eran productoras independientes de los estudios aunque dependían de éstos para la distribución y la exhibición con lo que era una independencia relativa.

En el caso de las productoras dirigidas por mujeres, casi siempre eran actrices que querían asegurarse un mayor control en la producción, aunque estas fueron las menos numerosas hubo algunas como Liberty Feature Film Compay de Sallie Lindblom (1915), Flora Finch Company (1916-1917), Pickford Film Corporation de Mary Pickford (1916-1919), Marion Fairfax Productions (1921-1922), o Gloria Swanson Productions (1926-1928) entre otras.

Más habitual fue el hecho de que actrices, guionistas, directoras etc. se asociaran a productores con los que a veces compartían parentesco o matrimonio. Así hubo muchas productoras binomio en aquellos años como fue el caso de la pionera Alice Guy Blaché que cuando se trasladó a Estados Unidos fundó su productora Solax Company junto a su marido Herbert Blaché (1910-1922) o de la directora Lois Weber que se asoció con el actor-director Phillips Smalley para fundar Lois Weber Productions (1917-1921).

LA AUSENCIA DE CRÉDITOS

El problema de estos binomios y otras muchas colaboraciones fue que muchos de los trabajos de estas mujeres quedaron sin acreditar. Durante los inicios del cine, tal y como hemos mencionado con anterioridad, la colaboración en los diferentes aspectos de la producción era lo habitual, ni siquiera estaban claras las nomenclaturas y, en el caso de la producción y la dirección, no estaba claro dónde empezaba una y terminaba la otra.

Casi ningún trabajo se acreditaba por lo que al final era difícil saber cuál era la participación real de las mujeres. Hasta 1911, cuando la Thomas Edison Company publicó una lista completa de intérpretes, directores/directoras y autores/autoras, no comenzó a acreditarse con algo más de exhaustividad. Del material que queda de aquellos años, muy pocas compañías añadían créditos a las películas. Así que es muy difícil saber la verdadera implicación de las mujeres en el cine de aquellos años, el ejemplo más paradigmático, Alice Guy Blaché, cuyas películas de sus años en Gaumont fueron atribuidas muchas veces a otros directores.

En el caso de parejas bien sentimentales, bien de trabajo, igualmente la participación de la mujer nunca quedaba clara, pues en muchos casos se acaba adjundicando el crédito al hombre. Fue lo que ocurrió con muchas de las películas de Charles Chaplin en la productora Keystone Company pues, si bien Mabel Normand era la directora asignada, fue Chaplin el que se acreditaba como director. Otro ejemplo fue el de la actriz Lillian Gish que cuando el director David W. Griffith se ausentó durante unos meses del estudio Mamanoreck en Nueva York, Gish quedó como supervisora y aprovechó para dirigir su única película Remodelling her husband (1920).

Lillian Gish dirigiendo a su hermana Dorothy Gish en Remodelling her husband (1920)

EL ADVENIMIENTO DEL SONORO Y… EL DINERO

A medida que las películas se hacían más largas y costosas, cuando comenzó a entrar dinero de la banca y los empresarios como Daryl F. Zanuck, los hermanos Warner o Louis B. Mayer se hicieron con el control, no solo de la producción sino también de la distribución y la exhibición, las mujeres fueron relegadas poco a poco hasta que quedaron reducidas a la mínima expresión en las profesiones que antes habían dominado. El cine comenzó a ser un negocio importante y muy rentable por lo que se profesionalizó y especializó en extremo. A las mujeres se les reservaron los trabajos administrativos, los trabajos de peluquería y maquillaje, vestuario, script, es decir, los trabajos que siempre han estado más feminizados. Sólo hubo dos oficios en los que todavía se mantuvieron algunos años varias de las mujeres que habían comenzado sus carreras en el cine mudo: el de guionista y el de montadora; si bien es cierto que su presencia ya no fue tan numerosa.

En cuanto a las productoras y directoras que todavía conseguían sacar adelante algún proyecto propio lo tenían que hacer con pocos recursos económicos, sin sonido (porque era más barato) y generalmente eran películas documentales o didácticas. Cuando llegó la década de los 30 solo se tiene constancia de una mujer dirigiendo para un gran estudio en Hollywood, Dorothy Arzner para la Paramount. Arzner consiguió mantener su carrera como directora hasta 1943.

La directora Dorothy Arzner

Fuente: How Women Worked in the US Silent Film Industry

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