Thelma y Louise, Ridley Scott (1991)

Se han cumplido 30 años del estreno de una de las películas más icónicas de finales del siglo XX, Thelma & Louise. Hollywood no es muy dado al feminismo, aunque muchas veces parezca que son los más progresistas del mundo, en realidad es una industria bastante reaccionaria y conservadora que maltrata a las mujeres y con unos techos de cristal muy altos. Es realmente difícil encontrar cine que se salga de la norma, es escaso, y cuando surge es bastante vilipendiado.

Cuando Thelma & Louise  se estrenó el 24 de mayo de 1991 no estábamos acostumbradas a películas protagonizadas por mujeres, menos aún a películas de acción protagonizadas por mujeres. En las películas de acción las mujeres eran las novias de…, o el ligue de…, o la damisela en apuros a la que el héroe tiene que rescatar o vengar. La mujer era un adorno. La ecuación casi siempre eran dos protagonistas masculinos: el guapo y el gracioso y luego estaba “la chica” con todos los atributos patriarcales que podamos imaginar: muy sexualizada, joven, siempre joven o por el contrario, inocente e indefensa y joven, siempre joven.

Louise (Susan Sarandon) y Thelma (Geena Davis)

Apenas había películas protagonizadas por mujeres. Había habido conatos: Armas de mujer de Mike Nichols en 1988 protagonizada por Melanie Griffith, Harrison Ford y Sigourney Weaver, era en el fondo una pelea de gatas por un hombre, mujer enfrentándose a mujer (el inefable título en español solo reforzaba el subtexto sexista de la trama), femme fatales disfrazadas de ambiciosas ejecutivas que nos vendieron como feminismo pero que, lo siento mucho, no lo era.

También habíamos tenido Magnolias de acero de Herbert Ross (1989) que daba un paso más, porque el elenco era enteramente femenino y aquí lo importante eran las redes que se tejían entre mujeres aunque se quedaran en el ámbito doméstico y no cuestionara la posición de éstas en la sociedad.

Otra película de aquellos años, que se estrenó unos meses después de Thelma & Louise, fue Tomates verdes fritos de Jon Avent (1991). Este filme, enmarcado en el melodrama (género siempre dirigido a las mujeres), volvía a poner el foco en el universo femenino, en el apoyo entre las mujeres para sobrevivir en la sociedad patriarcal y con un cuarteto de actrices protagonistas.

Ridley & Callie

Así que, en este entorno ¿qué hace que Thelma & Louise sea tan especial? ¿Por qué destacó en el panorama cinematográfico del momento? ¿Por qué podemos atrevernos a decir que es una película feminista?

En lo primero en lo que nos tenemos que fijarnos es que el guion estaba escrito por una mujer, Callie Khouri. Su intención era dirigirlo y su intención era rodarlo como una suerte de documental. El guion es absolutamente fantástico, tiene una perfecta estructura con los giros argumentales estratégicamente situados en la trama para crear la tensión y el ritmo adecuado. Así que sí, el guion tiene un excelente mérito, de hecho fue el único Oscar que ganó la película: Mejor Guion Original. Sin embargo, lo que hizo inmortal a la película fue la fanfarria hollywoodiense que le aportó el director Ridley Scott.

La guionista y productora, Callie Khouri recogiendo su Oscar al Mejor Guion Original por Thelma & Louise (1992)

Sin la dirección de Scott, la película se habría quedado en algo pequeño, de culto o probablemente nadie hubiera reparado en ella jamás. El tándem fue perfecto: si Callie Khouri aportaba la visión femenina, la historia que sólo puede ocurrirnos a nosotras, Ridley Scott aportaba la visión masculina, es decir, la acción. Los roles se subvirtieron y el género quedó diluido pues ellas pasaron a ser la parte activa, adoptaron el rol que siempre tenían los hombres: eran activas, tomaban decisiones, eran asertivas, cuestionaban las normas, se enfrentaban a sus rivales, adquirieron confianza en ellas mismas y no adoptaron el rol de damiselas en apuros ni tuvieron un comportamiento victimista. Todas las características de los héroes masculinos se les atribuyeron a ellas y Scott combinó a la perfección los momentos intimistas entre ambas protagonistas mostrando sus miedos, sus inquietudes, sus fracasos, su ira… con los momentos de espectáculo cinematográfico. Scott las fue despojando de los estereotipos de género al igual que había hecho con el personaje de la teniente Ripley (Sigourney Weaver) de la saga de Alien.

El director Ridley Scott con Geena Davis y Susan Sarandon durante el rodaje de Thelma & Louise

Ellas frente al mundo

Si bien es cierto que el desencadenante de la historia es el intento de violación a Thelma (Geena Davis) que lleva a Louise (Susan Sarandon) a asesinar al agresor, la película está plagada de micromachismos, esos que a los que no se dan importancia, esos que están aceptados pero que lo que hacen es perpetuar el lugar desigual e inferior que las mujeres tienen que ocupar en el mundo y que llevan a situaciones como las violaciones y los feminicidios. Desde el marido “huevón” de Thelma hasta el camionero que se cree con todo el derecho a hacerles gestos obscenos, pasando por el chulesco personaje del ladronzuelo (Brad Pitt) que se aprovecha de una Thelma inocente y seducida o el paternalista novio (Michael Madsen) de Louise que no entiende lo que está pasando y lo quiere arreglar con un anillo de compromiso, todo nos lleva a esa sensación de hostilidad con el que el sistema trata a las mujeres. Y es esa hostilidad la que las lleva a ese final épico, desesperado que las expulsa de un mundo en el que no tienen cabida.

Y aún así, ni siquiera en ese final Thelma y Louise son víctimas, siempre, siempre son las heroínas igual que hemos visto millones de veces hacer a los héroes sacrificados: si ellos no son víctimas, ellas tampoco.

Si Scott las convirtió en protagonistas de una road movie de acción, Khouri las convertió en protagonistas de su propia historia, porque aunque por momentos, pueda parecer que un policía (Harvey Keitel) con la mejor intención del mundo pueda “salvarlas” ellas saben que dicha salvación no es tal pues todo terminaría en humillación, culpabilidad y cuestionamiento.

Dos mujeres y un destino

Aparte de la trama, los personajes son el otro punto fuerte de la película. Están maravillosamente construidos, tienen profundidad y evolucionan a lo largo de la epopeya de una forma extraordinaria. Thelma (Geena Davis) es la más joven, la más inocente y la más confiada, aporta energía y alegría. Incluso después del intento de violación Thelma seguirá pensando que eso fue algo excepcional que por qué no la iban a creer cuando explicase lo que ocurrió. Thelma sigue como si nada hubiera pasado confiada y por ello, para el timador J.D. (Brad Pitt) le es tan fácil timarla y robarle el dinero, porque sigue confiando. El robo del dinero es el siguiente giro dramático fundamental de la historia y es el punto de inflexión para las dos protagonistas.

Louise (Susan Sarandon) comienza la historia siendo el personaje más racional, más maduro, tal vez por ser más mayor y por tener más experiencia (nunca se cuenta explícitamente, pero queda claro que ella también fue víctima de una violación y sabe perfectamente la hostilidad y rechazo que ello provoca). Louise es la que piensa, la que planifica, la que constantemente intenta que Thelma baje a la realidad y asuma lo que ha ocurrido y el mundo en el que viven.

Sin embargo, no serán sus consejos lo cambie a Thelma, como hemos dicho será el robo del dinero. Thelma saca toda la ira que tiene escondida y que le hace darse cuenta de en qué situación se encuentran. A su vez, Louise se hunde ante la perspectiva de haber perdido la única posibilidad que tenían de escapar. A partir de ese momento, Thelma llevará las riendas, movida por su energía y Louise se hundirá, precisamente por su visión realista de lo que está pasando. Y, a pesar de saber que cada vez están más cercadas, nunca jamás se las presentará como víctimas. Serán como Butch Cassidy y Sundance Kid en la película de George Roy Hill, acorraladas pero convertidas en heroínas, en símbolos: “Dos mujeres y un destino”.

Susan Sarandon y Geena Davis pusieron rostro a estos personajes, los hicieron reales y los hicieron trascender con sus soberbias interpretaciones.

30 años y todo sigue igual

Vi la película con 17 años. Ya había visto Acusados de Jonathan Kaplan (1988) protagonizada por Jodie Foster y Kelly McGillis. En esta película, no hubo intento, sino violación, y no fue una, sino varias. Al igual que en Thelma & Louise, la protagonista habia bebido, estaba en un bar con hombres y bailaba. El mensaje que nos daban estaba claro: cuando las mujeres intentábamos divertirnos, si bebíamos y sonreíamos, si flirteábamos con desconocidos y no tan desconocidos nos arriesgábamos a que nos violaran. Y todas esas circunstancias se ponían en nuestra contra nos hacía culpables de la agresión, nos responsabilizaba y nos hacía merecedoras de lo que nos pasase.

30 años después, todo sigue igual. Hay que cambiar el tiempo verbal de pasado a presente y tal y como están las cosas a futuro porque no tiene visos de que nada esté mejorando. Las mujeres hoy siguen sufriendo violencia sexual y se las sigue culpabilizando y les cuesta la vida probar que no había ni consentimiento ni deseo, la vida literal. Por eso Thelma & Louise no ha envejecido y es una película que se podría haber rodado hoy en día tal cual, porque la vida para las mujeres sigue estando llena de hostilidad, de micromachismos que las cohartan, de violencia sexual, de tener que ser valientes ante la imposibilidad de ser libres. Porque solo sigue habiendo un hombre entre un millón que esté de nuestro lado, porque la desigualdad sigue vigente.

Hay que agradecerle a Khouri su maravilloso guion y a Scott que utilizara el lenguaje del cine comercial cinematográfico para que la película llegara a todo el mundo, para que siga hoy igual de joven que hace treinta años. Porque Thelma & Louise sigue siendo una metáfora de cómo nos sentimos las mujeres en el mundo, porque su road trip es nuestro viaje vital, porque tantas y tantas veces, en todas partes del mundo las mujeres nos sentimos como ellas al borde del precipicio con todo en contra. Algunas veces claudicamos, o cedemos, otras veces volamos y, cuando no hay esperanza solo nos dejan hacer una cosa, saltar.

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