Retrato de una mujer en llamas, Céline Sciamma (2019)

Retrato de una mujer en llamas es posiblemente una de las películas más bellas que se hayan hecho jamás. También es una de las mejores películas de los últimos años. Y, podría afirmar, sin despeinarme, que está en el top cinco de las mejores películas dirigidas por una mujer.

Céline Sciamma dirigiendo a las actrices Adèle Haenel (Heloise) y Noémie Merlant (Marianne)

Cuando la cineasta Céline Sciamma se planteó esta película tuvo en cuenta dos cosas: quería hacer una película sobre las mujeres pintoras (sin hacer un biopic de ninguna artista real) y quería contar una relación amorosa entre iguales. Está claro que consiguió eso y mucho más.

Sciamma tenía claro que la historia sería sobre una pintora anónima que representara a todas las pintoras. La situó en un siglo, el XVIII, en el que muchas mujeres de las familias de pintores trabajaban en los talleres de los familiares masculinos, generalmente padres o esposos (ese era el caso de Artemisia Ghentileschi, por ejemplo). Así pues el personaje de Marianne (Noémie Merlant) es una mujer joven que trabaja en el taller de su padre, que algún día ella misma regentará, y que da clases de pintura a niñas.

Noémie Merlant como Marianne

Más allá de la relación que se establece entre las dos protagonistas, el otro gran tema es la representación, es el retrato, no solo de una mujer (en este caso Heloïse), sino de la mujer. Es decir, es a través del retrato que se establecen relaciones, de Marianne con Heloïse (Adèle Haenel), pero también de Marianne con la condesa, de Heloïse con su madre (Valeria Golino) y con su hermana fallecida, incluso de Marianne con la sirvienta Sophie (Luàna Bajrami).

Porque para pintar hay que mirar, hay que observar y hay que estudiar y eso crea lazos y relaciones. Cuando al principio Marriane mira a Heloïse de forma unidireccional, como un objeto que pintar, fracasa. Así que el retrato necesita de la implicación de Heloïse con el proceso creativo de Marianne, una implicación  que será recíproca en la que ambas mujeres se miran la una a la otra. El proceso pictórico da paso a un proceso de conocimiento de la otra persona y del propio autoconocimiento. A través de lo que implica ese retrato ambas mujeres crearán sus vínculos, primero de amor físico y después de amor eterno.

El reverso perverso del retrato será lo que realmente significa, el futuro matrimonio concertado de Heloïse. Es el futuro encerrado en un lienzo, el futuro que encerrará a Heloïse en un matrimonio irremediable.

UNA RELACIÓN ENTRE IGUALES

Puede parecer a simple vista que la relación entre Heloïse y Marianne es de igualdad porque es entre dos mujeres. Es decir, ambas han sido educadas como mujeres y han socializado como tales, por lo tanto no hay esa relación desigual de poder que establece el hombre sobre la mujer determinada por los diferentes roles de género asignados a cada sexo. Sciamma, además, dinamita la posibilidad de que sea la clase social la que dé pie a la desigualdad o incluso una posible diferencia de la edad y de experiencia vital. Ninguno de estos factores parece influir en esta relación. La diferencia de clase se diluye en el momento en el que ambas mujeres comparten espacios e incluyen en ellos a la sirvienta Sophie y cuando el proceso creativo se convierte en un diálogo en el que ambas mujeres participan. Heloïse no es la musa silente sin voz es parte activa del proceso, también ella es observadora.

Marianne y Heloïse

MARIANNE Y HELOÏSE

Marianne es el primer personaje que se nos presenta. De ella sabemos que da clases de pintura para niñas, sabe nadar, fuma, es independiente, culta y cosmopolita, pero también tiene arrojo y es resolutiva. Si pudiera parecer el personaje antagonista de Heloïse, en seguida nos damos cuenta de que ambas mujeres se parecen más de lo que creíamos al principio. Sciamme huye así del maniqueísmo y de unos personajes antagónicos y estereotipados. Ambas mujeres son valientes a su manera, Marianne desafía las normas pintando a escondidas modelos desnudos masculinos, y a la vez ambas aceptan su destino pues Marianne heredará el taller de su padre. Pero antes de continuar con sus vidas sentenciadas las dos mujeres se amarán y sellarán su amor (a través de la pintura) que será eterno (como muestra el bellísimo epílogo que cierra la película) en el arte.

El personaje de Heloïse tenía el rosto de Adèle Haenel desde el momento en el que Céline Sciamma comenzó a escribirlo. Ya habían trabajado juntas en el debut en la dirección de la cineasta, Water Lillies (2007), que había sido la segunda película de la actriz. Lo que sabemos del personaje al principio de la película es que es una joven que acaba de salir del convento para casarse con un hombre al que no conoce. Ese saber que está en el convento ya nos predispone para pensar en ella como en una joven beata y sumisa. Sciamma presenta al personaje de una forma bellísima, de espaldas, cubierta, sin conocer su rostro, creando misterio: cómo será Heloïse. Pero inmediatamente después Heloïse echa a correr hacia el acantilado (donde sabemos que se mató su hermana), sin embargo, ella no quiere morir, quiere correr. Con ese pequeño gesto entendemos que Heloïse escapa al estereotipo que nos habíamos hecho de ella. Es una mujer con ganas de vivir, con una curiosidad infinita, consciente del futuro que le espera y, sin embargo, nada victimista. No, Heloïse no es una víctima, es una persona con una absoluta consciencia de su condición y con una enorme vitalidad para afrontarla.

HeloÏse

UNA PELÍCULA DE MUJERES

Retrato de una mujer en llamas es una película de mujeres. Y esta afirmación no es para nada peyorativa ni falaz, es una película hecha por mujeres, protagonizada por mujeres que habla de mujeres. No hay ningún personaje principal masculino, aunque el poder masculino está latente en el padre de Marianne (sin su taller ella no pintaría), en el futuro marido de Heloïse y en el hombre que deja embarazada a Sophie.

El universo que se recrea es femenino. Tanto en la casa donde parece que sólo habiten Heloïse, su madre, Sohpie y Marianne, como en el pueblo con esa preciosa escena nocturna alrededor de la hoguera con las mujeres cantando, como en la escena del aborto. Las mujeres como apoyo de unas a otras, que se cuidan unas a otras, que velan por su bienestar y que culmina en el amor de las dos protagonistas, como si de una aislada arcadia femenina se tratara.

Heloïse, Marianne y Sophie

Fuera de la ficción, la producción de la película también está definida por la mirada de las mujeres, pues la historia la escribe y la filma Céline Sciamma y la fotografía una mujer, Claire Mathon. Por otra parte, es una pintora la encargada de pintar los cuadros y dibujos de Marianne: Hélène Delmaire.

EL ARTE DE LAS MUJERES

Tanto la película como el acto de pintar en el siglo XVIII deja constancia de la necesidad de la mirada de las mujeres, esa mirada que habla de ellas y que se resume en la escena en la que Heloïse decide que es importante pintar el aborto, porque es importante dejar constancia de la vida de las mujeres. La importancia de que creen obra propia es la de poder crear una genealogía, pero también una visión y una representación del mundo propio de ellas que los hombres no pueden representar.

Como ya se viene hablando mucho en los últimos años, sin esa creación de las mujeres la mitad del mundo está huérfana de referentes y de pasado y eso es algo que refleja muy bien la película de Sciamma. Ella misma, al mostrar temas como la menstruación, ya está plasmando algo que solo pertenece a las mujeres. El aborto es otro tema que no solo refleja ella como directora en la película, sino que traslada a sus personajes y los hace partícipes de la importancia de dejar constancia de sus propias experiencias vitales. El filme de Sciamma tiene un enorme componente artístico. Su estética es a la vez sutil y sencilla. La austeridad de la casa, casi monacal por la ausencia de decoración convierte la convierte en un lienzo en el que se incrustan los personajes con sus vestuario de fuertes colores, pero lisos y sin accesorios, lo que ayuda a que no se diluyan con el entorno. Son los personajes los que tienen todo el protagonismo y por lo tanto se huye de un vestuario y un diseño de producción ostentoso. Y sin embargo, la sencillez del vestuario y de sus colores rotundos  otorga a la película la personalidad que la define. Su estética marca las imágenes que crearán ligadas al imaginario colectivo creando un universo visual icónico y reconocible.

Adéle Haenel como Heloïse

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