Delphine Seyrig, la actriz insumisa

Así por el nombre seguro que no nos suena demasiado. No es tan conocida como las actrices que compartieron espacio y tiempo con ella: Brigite Bardot o Catherine Deneuve o incluso como Jeanne Moreau. Sin embargo, Delphine Seyrig fue su contemporánea, fue una gran actriz y sobre todo fue una mujer muy comprometida con el feminismo y con la defensa de los derechos humanos. El año pasado, el Museo Reina Sofía de Madrid nos dio la oportunidad de redescubrirla gracias a la estupenda exposición Las musas insumisas. También nos dio la oportunidad de rendirnos a sus pies y añadirla a nuestra lista de mujeres referentes imprescindibles para nuestra educación sentimental.

Delphine Seyrig nació en Beirut en 1932. Procedía de una familia de intelectuales. Su tío abuelo era el prestigioso lingüista Ferdinand de Saussure, su madre era filósofa e intelectual y su padre un afamado arqueólogo, Henri Seyrig. De niña, Delphine se crió en un ambiente cosmopolita e intelectual. Vivió en varios países y con 20 años comenzó a vivir en París y a estudiar arte dramático con Pierre Bertin y Tania Balachova. Tras debutar en el teatro francés, se fue a Estados Unidos donde estudió en el Actor’s Studio de Nueva York e hizo su debut cinematográfico en 1959 en una película del representante de la cultura underground Robert Frank, Pull My Daisy. El filme estaba ligado a la generación beat y en él participaron Jack Kerouac, Allen Ginsberg o Gregory Corso. Sin duda, Delphine Syerig ya apostaba por la independencia creativa y hacía gala de una gran personalidad y sensibilidad intelectual.

Cuando volvió a Francia, Seyrig trabajó en teatro hasta que consiguió el papel cinematográfico que definió su carrera en el cine y que supuso su primera colaboración con el cineasta Alain Resnais: El año pasado en Marienbad (1961). En este filme, Seyrig interpreta a una mujer sin nombre, a la que un hombre acosa tratando de convencerla de que el año anterior habían sido amantes. El autor del guion fue el escritor Alain Robbe-Grillet que hubiera preferido para el papel a una actriz más mundana y sensual, menos inteligente. Seyrig hizo suyo el personaje, lo dotó de una sensibilidad y una actitud que se alejaba de la pasividad originaria del personaje. Sin embargo, como actriz, se encontró observada y dirigida por la mirada masculina imperante en aquel momento. Sin apenas directoras mujeres, los cineastas franceses trataban a los personajes femeninos con la distancia y la fascinación que provoca la otredad que es la mujer. La mujer, en esta película, como en tantas otras estará contada por el hombre.

Delphine Seyrig en El año pasado en Marienbad (1959) de Alain Resnais

Esta película supuso para Seyrig su revelación en el cine francés, después de diez años trabajando sobre todo en teatro. Sin embargo, también fue el filme que la encasilló, en cierto modo, pues se convirtió en la encarnación de la seductora burguesa sofisticada recubierta de cierta aura misteriosa que atormenta a los hombres. Los directores con los que trabajó poco supieron aprovechar el talento y la personalidad de la actriz.

Sin embargo, Delphine Seyrig no era una actriz al uso e intentó salir de ese encasillamiento. Durante la década de los 60 no abandonará el teatro donde interpretará obras de Samuel Beckett, Harold Pinter, Peter Handke o Luigi Pirandello. En estas producciones teatrales en las que trabajaba, no se limitó a la interpretación e intentó tener un gran control creativo así, se implicaba en las elecciones artísticas, negociaba los derechos de las obras, elegía a sus colaboradores…

Y en esa época, será de nuevo Alain Resnais el que le dé un papel en las antípodas de la mujer sin nombre de El año pasado en Marienbad. En 1963 colaboraron juntos en la película Muriel (1963), donde interpretó a una mujer más mayor y mucho más compleja, deshaciéndose de su imagen glamurosa. En ella, Sieryg se encontró por primera vez con el tema de la tortura (que más adelante se convertirá en una de sus principales luchas). Muriel es una película nada complaciente sobre las consecuencias de la guerra de Argelia y bastante crítica con sus efectos sobre los veteranos. Delphine Seyrig ganó la copa Volpi por ese papel en el Festival de Venecia logrando de esta forma el reconocimiento a su trabajo como actriz. Seyrig actuó en películas de los directores más afamados en aquella época como François Truffaut, Luis Buñuel, Jacques Demy o Don Siegel.

Delphine Seyrig en Muriel (1963) de Alain Resnais

Delphine se encuentra con Carole

El año 1974 fue clave en la vida de Delphine Seyrig pues conoció a Carole Rossopoulos que la introdujo en el mundo del videoactivismo. Este movimiento, pudo ser posible gracias al desarrollo de la tecnología y la aparición de la cámara Sony Portapak que se comenzó a comercializar nada menos que en 1968. Esto supuso un enorme impacto en los movimientos sociales de aquellos años pues se pudo filmar in situ y de forma fácil lo que ocurría en las calles de Francia.

Este invento que Carole le mostró a Delphine Seyrig supuso para la actriz una nueva forma de entender el audiovisual y su trabajo como intérprete a la vez que veía en él la posibilidad de incorporarlo a la lucha feminista. La ligereza del equipo y la nueva tecnología que abarataba costes y agilizaba los procesos fue fundamental para el salto del activismo escrito al activismo audiovisual. Este se concebía como algo contrapuesto a la industria del cine o de la televisión y era perfecto pues no estaba dominado ni controlado por la cultura patriarcal. Les permitía autonomía e independencia de las narrativas y los medios convencionales.

Delphine Seyrig con Carole Rossopoulos

Así pues, junto con la militante feminista Ioana Wieder fundaron el colectivo Les Insoumuses (Las insomusas), uniendo las palabras insumisas y musas. El colectivo trabajó de forma colaborativa documentando algunas de las luchas que estaba librando en aquellos años en Francia el movimiento por la liberación de las mujeres como el aborto con libre y con garantías, la autonomía sexual femenina y los métodos anticonceptivos o la situación de las mujeres prostituidas.

Más adelante, incorporaron temas como su compromiso contra la tortura, la guerra de Vietnam (colaborando con Jane Fonda) y su implicación a favor de los derechos humanos en general.

Juntas crearon obras como Maso et miso vont en bateau (Maso y Miso van en barco) y SCUM Manifiesto, ambas de 1976 y en 1982 crearon el Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir, para recoger, custodiar y difundir toda la obra audiovisual proveniente de lso colectivos feministas de vídeo, tanto franceses como de otras partes del mundo.

Para Seyrig, que ya estaba involucrada con este tipo de temas, la introducción del vídeo la ayudó a entender su obra y su militancia con otros ojos, pues suponía abrir nuevos espacios y oportunidades para la acción sin tener que lidiar con las estructuras impuestas por el patriarcado. La colaboración con otras mujeres y la utilización del vídeo supuso un enorme potencial para su lucha política y para articular una nueva mirada feminista sobre la realidad.

Jeanne Dielman y Calladita estás más guapa

Al año siguiente de conocer a Carole Rossopulos, una jovencísima y novata Chantal Akerman contactó con Delphine Seyrig para que interpretase a la protagonista de su largometraje Jeanne Dielman (podéis leer el artículo que le dedicamos a este filme). Un nuevo papel totalmente opuesto a lo que le solían ofrecer en cine. Coincide esta unión con los años en los que el feminismo comenzaba a reflexionar sobre la representación que se había hecho de la mujer en el cine. Críticas como Marjorie Rosen, Molly Haskell y, sobre todo, Laura Mulvey, deconstruyen las tácticas que ha utilizado el cine clásico para convertir a los personajes femeninos en objetos expuestos a la mirada masculina y convertidos en objetos pasivos estereotipados. Delphine Seyrig con su participación en la película de Akerman reflexiona sobre su trabajo como actriz y toma conciencia de que su actuación le puede llevar a expresar personajes femeninos que aborden la complejidad de la existencia de la mujer.

Chantal Akerman y Delphine Seyrig en el rodaje de Jeanne Dielman

Durante la década de los 70 y los 80 trabajará y colaborará con un buen número de directoras como la mencionada Chantal Akerman, Marguerite Duras, Liliane de Kermadec, Ulrike Ottinger o Agnès Varda, cineastas que le permitieron plantearse la actuación como acción y presentar personajes femeninos de una mayor complejidad. Para Seyrig, trabajar con estas mujeres significó darle un valor político a su trabajo y afirmó: “No se trata solamente de ser actriz, sino de actuar dentro de un contexto que personalmente me toca muy de cerca… Pero ahora tengo la sensación de que no debo ocultarme detrás de una máscara, puedo ser yo misma. Transforma la actuación en acción, que es lo que tenía que ser”.

El otro acontecimiento que le llevó a replantearse su participación en el mundo del cine fue el documental que realizó con Les Insoumuses: Calladita estás más guapa (1976). En este documental entrevistaron a 24 actrices que compartieron sus experiencias en el mundo del cine, los abusos a los que eran sometidas, la falta de papeles interesantes, la tiranía del aspecto físico, su relación con directores y compañeros masculinos. El documental dejó a la vista lo despiadada que era esa industria con las actrices y hablaron de la necesidad de que hubiera más mujeres que escribieran papeles interesantes para ellas. En el documental se pueden escuchar los testimonios de actrices como Jane Fonda, Maria Schneider, Marie Dubois, Juliet Berto, Viva o Ellen Burstyn. Al final, la película se conviertió en una representación colectiva que dinamitaba el aislamiento de las actrices, que trataba de hacer una crítica que impusiera una nueva mirada hacia su trabajo y hacia la representación que de la mujer se hacía desde la mirada masculina.

La actriz Maria Schneider entrevistada por Delphine Seyrig en el documental Calladita estás más guapa (1976)

Del compromiso al activismo

Seyrig comenzó la década de los 70 con un compromiso político que derivó en un activismo comprometido con la lucha a favor de los derechos humanos. En 1974, retomó el tema de la tortura y se convirtió en miembro del comité internacional que exigía la liberación de Inês Eienne Romeu. Realizó un vídeo documental sobre esta activista política brasileña que llevaba presa desde 1971 y que había sido torturada durante 100 días. La tortura en Iberoamérica fue una de las causas que nunca abandonó y con la que siempre estuvo muy comprometida.

Además, hizo de intérprete en la rueda de prensa que dio la feminista Kate Millet en Francia cuando volvía de su visita a Irán en 1979. Por otro lado, fue de las pocas personas públicas que apoyó la Coordination des femmes noires o el Mouvement des femme noires, un grupo de mujeres inmigrantes de África y del Caribe que protestaba contra el racismo y la política colonial de Francia a principios de los 70. Y en 1972 salió en televisión en defensa del aborto legal testificando, además, en el juicio del caso Bobgny en el que se juzgaba a una menor que había abortado tras haber sido violada por su novio. Este caso tan mediático en Francia, puso en la mira de la opinión pública la necesidad del derecho al aborto libre y gratuito y Delphine fue la figura pública que actuó como altavoz de esta lucha.

Seyrig durante el juicio del caso Bobgny

Adentrarse en la historia de Delphine Seyrig es sumergirse en el feminismo francés, es darse cuenta de lo valiente que fue pues antepuso su compromiso como feminista a una vida fácil de estrella de cine. Ese compromiso hizo que no fuera tan famosa para el gran público como sus contemporáneas. Ahora bien, pocoa a poco se le va haciendo justicia, gracias a la reapertura hace unos años del Centre audiovisuel Simone de Beauvoir, archivoaudiovisual vital de los movimientos feministas de aquellos años, a la exposición que le dedicó el año pasado el Museo Reina Sofía de Madrid (Las musas insumisas) o al documental que realizó la cineasta Callisto McNulty, Delphine y Carole (2019), podemos conocer mejor su labor y aportación al activismo más allá de su excelente carrera como actriz.

Delphine Seyrig dijo en una entrevista en 1985 que había llegado al feminismo tras haber leído los textos de las feministas estadounidenses y de empezar a conocer grupos de mujeres que a finales de los años 60 comenzaban a reunirse en París. Para ella el feminismo aportó una nueva dimensión a su carrera actoral y a su propia vida. Falleció, relativamente joven, en 1990 a consecuencia de un cáncer de pulmón. Ahora es más necesario que nunca reivindicar su obra y su lucha para que no quede en el olvido.

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