La directora de cine Marie Noëlle estudió Matemáticas. Es una mujer de ciencia así que no es de extrañar que se casara con un físico, Peter Sehr (aunque ambos se dedicaron después a hacer películas) y que su gran referente sea Marie Curie.
Marie Noëlle se decidió a llevar a la gran pantalla su personal visión sobre Marie Curie cuando tuvo acceso a varios diarios y documentos privados que la acercaron más a la mujer, a la persona que era más allá de su labor científica. La cineasta eligió para su filme los años que transcurren entre el premio Nobel de Física que recibió el matrimonio en 1903 y premio el Nobel de Química que le otorgaron a Marie en solitario en 1911. Esos años son los más intensos a nivel personal de Marie Curie. Ha de superar la muerte prematura de su marido y compañero de investigación, Pierre Curie, tiene que enfrentarse ella sola a la comunidad científica, tiene que seguir trabajando sin el gran apoyo que era él, perderá a su suegro (que fue un apoyo fundamental para su carrera como científica), tendrá una relación sentimental con Langevin, se tendrá que enfrentar al escarnio público por dicha relación.
Esta película va más allá de un biopic convencional si entendemos las circunstancias que llevaron a su directora a hace la película. No es solamente una interpretación de la figura histórica que fue Marie Curie, sino que además responde al momento en el que se narra su historia y a las interpretaciones de la propia directora que se sirve de dicho personaje para reflejar preocupaciones personales e históricas de su propio momento. Es por ello que entendamos que Noëlle Sehr elija justo ese momento en la vida de la científica y no otro. Elige el momento en el que Curie se tiene que enfrentar sola a sus investigaciones porque ella también se enfrenta por primera vez a dirigir en solitario tras el fallecimiento de su marido y compañero de profesión. Nos encontramos, por tanto, ante un filme muy personal en el que una mujer se apoya en otra para entender sus propios sentimientos y su propia historia.

Tal vez por eso la película y la historia, en realidad, nos resulta tan actual. El filme comienza con una escena entre doméstica y profesional, Marie (Karolina Gruszka)está embarazada de la que será su segunda hija mientras trabaja con Pierre (Charles Berling) en el laboratorio. Las condiciones en las que trabajaron eran realmente duras, en un laboratorio improvisado en un local, sin ventilación, ni buena temperatura. Marie Noëlle Sehr nos muestra a un matrimonio de iguales, de colegas de profesión que, además, tienen que lidiar o conciliar como decimos ahora con la vida familiar. Aunque no sepamos cuánto de reparto de tareas había entre ambos, su historia nos ayuda a representar el presente de los que asistimos un siglo después a la representación de su historia o, tal vez, la Marie directora ha colado su vida en la de la Marie científica.
Lo que la cineasta nos ha querido mostrar pues es a la Marie Curie más humana, no es necesaria una fiel representación de lo que fue su vida, hay mucha literatura sobre ello, lo que importa aquí es mostrar la humanidad del mito y su condición de mujer. Las escenas después de la muerte de Pierre, Curie una mujer abatida por la tristeza pero también con muchas dudas en su capacidad para la ciencia, ese síndrome de la impostora que tanto sufrimos las mujeres. Pese a que sus logros académicos y su labor de investigación respaldaban de sobra su capacidad Marie dudaba, ella no sabía lo que iba a lograr después de la muerte de Pierre y si iba a ser capaz de seguir con su carrera científica en solitario de forma brillante. Si bien su fuerza de voluntad inquebrantable y su capacidad de trabajo extenuante la llevarán al éxito.

Estos años de trabajo de altibajos personales son los que le sirven a Marie Noëlle para dibujar a una Marie Curie, a quien admira, como una persona humana más allá de la científica convertida en mito. Frágil, reservada, trabajadora incansable, terca, brillante, a ratos insegura, orgullosa, íntegra y discreta.
EN UN MUNDO DE HOMBRES
Marie Curie no solo se tuvo que enfrentar al hecho de ser extranjera, en un país al que le costó aceptarla, sino también al hecho de ser mujer, algo que no se podía dejar fuera de la película. Mientras su marido vivió, todo fue más o menos bien, aunque ella no daba clase en la universidad y tenía que contentarse con enseñar en un instituto femenino y trabajar en el laboratorio que ella y Pierre tenían. Curie siempre trabajó y trabajó para que se la reconociera como científica, nunca quiso tratos de favor, solo tratos justos. Sin embargo, Noëlle Sehr refleja muy sutilmente el machismo imperante en la comunidad educativa y científica de hace 100 años, frases como que las alumnas están para embellecer la universidad, o las observaciones hacia lo mal que viste Marie Curie o que sepan de ella por su marido, ponen de manifiesto lo poco bienvenidas que eran las mujeres al ámbito académico. Un machismo que tampoco nos resulta tan lejano, cuando tenemos que seguir lidiando con esos temas 100 años después.

Incluso Noëlle Sehr nos muestra un pasaje que no sabemos si Curie lo mencionó en sus diarios personales, la proposición de su entrada en la Academia de la Ciencia a cambio de sexo. No cuesta creer que pudiera ser cierto, si no lo es, el episodio le sirve a la directora para afianzar la posición de desigualdad de Curie respecto de sus colegas masculinos y la integridad de la científica como persona.
LA DOBLE MORAL QUE CASI ACABA CON MARIE CURIE
Tras la muerte de su marido, Marie Curie tuvo una aventura con uno de los discípulos de Pierre y amigo de la pareja, Paul Langevin (Arieh Worthalter), la opinión pública y la prensa de la época se puso de parte de Langevin, que estaba casado, y echó toda las culpas a Marie Curie, que ya era viuda. La presión y el descrédito casi acaban con ella y con su carrera. A pesar de que se sabía que él había tenido varias amantes estando casado, es a ella a quien se culpa y casi pierde la oportunidad de ganar el segundo premio Nobel.

Pero más allá de este episodio, que fue bastante intenso y desagradable para Marie Curie, la cineasta no deja ilustrar los momentos más emotivos tanto en su carrera profesional como personal: la primera vez que da clase en la Sorbona, sustituyendo a su marido y siendo la primera mujer en dar clase en dicha universidad algo que despertó la curiosidad de la sociedad parisina más allá de los propios estudiantes de Física; la muerte de su suegro que había sido de un enorme apoyo para ella cuidando de sus hijas; la relación con su hermana; cuando conoce a Albert Einstein y por último cuando recoge el premio Nobel de Química junto a su hija y sucesora Irène, un guiño a todas las futuras científicas que siguieron sus pasos y se inspiraron en ella.
