La voz de las «musas»

La escritora Laura Freixas lleva unos años preparando y ofreciendo conferencias acerca de la relación entre musas y genios. La figura de la musa que está ahí para el genio y que en la gran mayoría de los casos era una asistente personal a tiempo completo a merced de los caprichos del creador, como fue el caso de Zenobia Camprubí  con Juan Ramón Jiménez. Sí, el binomio siempre era ella musa y él genio, sin embargo, Freixas desmonta en muchos casos esta teoría porque muchas de esas musas eran genias también solo que su talento quedaba relegado y eclipsado por el de él, así pasó, por ejemplo, con María Teresa León y Rafael Alberti (afortunadamente, ahora estamos recuperando y reparando el olvido al que se relegó a esta inmensa escritora e intelectual).

En cine, el tema de las musas ha sido utilizado en muchas ocasiones (como anteriormente en literatura). No deja de ser un tema recurrente de los escritores masculinos que pareciera que, por el hecho de convertirlas a ellas en musas, ya les dieran categoría de algo cuando en el fondo su papel era resaltarles a ellos. Por supuesto, siempre desde una perspectiva y una mirada masculina, las musas parecían seres etéreos casi sobrenaturales, en el fondo eran la proyección del ideal de mujer que los hombres tenían en la cabeza.

El ejemplo en cine por antonomasia es Ocho y medio (1963) de Federico Fellini. El protagonista, Guido (Marcelo Mastroniani), es un director de cine al que le está costando comenzar su nueva película y está atrapado en una crisis creativa. Las mujeres que rodean la figura de Guido son muchas, desde la madre, la esposa, la amante, las actrices, la mujer ideal, la prostituta… todas las posibles mujeres que pueden rondar a un creador tienen cabida en esta película. Pareciera que necesitase de un harén (y así lo escenifica Fellini en la secuencia onírica en la que reúne a todas las mujeres de la vida de Guido) para poder crear.  Esta película sobre el bloqueo creativo, tal vez la más famosa de su director y realmente fascinante no deja de tener un cierto poso de amargura, algunas de estas mujeres que entran y salen de la vida de Guido sienten como una losa esa condición de subordinadas con respecto a la figura del genio, especialmente la esposa, que al final es la única que termina padeciendo todas las excentricidades y la losa del día a día con un hombre caprichoso. Sin embargo, al final todos comulgan con la locura del genio y la celebran.

Ocho y menio de Federico Fellini

Ya en el siglo XXI José Luis Guerín nos regala un ejercicio intelectual y esclarecedor del papel de las musas en la actualidad en su film La academia de las musas. Por supuesto, ellas siguen admirando al hombre sabio, inteligente, mayor, nada nuevo, sin embargo el perfil de estas mujeres va más allá porque ellas son, en su mayoría, sujetos creadores capaces de suscitar la admiración de este hombre sabio. Es decir, la musa ya no es un objeto bello, de entretenimiento (pasivo) o una secretaria eficaz, la musa aspira al conocimiento y la creación, como en una especie de relación reciproca entre dos seres humanos creadores. Ellas ahora son activas y, a pesar de la admiración, son capaces de rebatir y exponer con firmeza sus propias creaciones y pensamientos. Estas musas tienen pensamiento crítico en contraposición a la musa que toman de referencia: la Beatrice de la Divina Comedia de Dante. Las relaciones de este profesor con sus alumnas/musas es un amor intelectual versus un amor apasionado. Guerín, sin embargo, deja hablar a esas musas, les da voz y dimensión humana.

Sin embargo, el personaje de la esposa, esta vez toma la palabra y pone el punto crítico con sus disertaciones. Ella, que no es creadora, sino intelectual parece ser la única que realmente cuestiona el papel pasivo de la mujer en la creación del genio. Su visión feminista de este asunto le lleva a reprocharle a su marido un comportamiento que, aunque el trate de disfrazar de ejercicio intelectual, no es sino la búsqueda constante de la aprobación por parte de mujeres más jóvenes que él. Su crítica a los poetas es feroz, feminista y llena de amargura “Los poetas hablan de las mujeres sin saber lo que dicen”. Sí, los genios sólo las han mirado en la distancia y cuando las han tenido cerca ha sido a efectos prácticos de facilitarles la vida para que ellos sólo tengan que preocuparse de su genio. Sobre la esposa, recae el paso del tiempo, la convivencia con el genio y el haber quedado relegada y sustituida por mujeres más jóvenes y más solícitas con él.

La academia de las musas de José Luis Guerin

LAS MUJERES DAN LA PALABRA A LAS “MUSAS”

Una vez que las mujeres comienzan a tener voz propia y pública se comienza a desmontar este mito. Freixas lo hace con la investigación, otras, como ahora veremos, con la imaginación y creación literaria o fílmica. En las películas de las que voy a hablar la mirada es femenina, el protagonismo es femenino y la historia se centra en la “musa” y no en el “genio” que es observado a través de los ojos de ella con una mirada que dista bastante de ser complaciente. La musa, que siempre estaba al fondo, muda, servicial, pasa al primer plano para que escuchemos su voz.

El primer ejemplo es La joven de la perla, Peter Webber (2003). El libro que sirvió de base para la famosa película protagonizada por Scarlett Johansson y Colin Firth fue escrito por Tracy Chevalier en 1999. La idea se le ocurrió a la autora contemplando el famoso cuadro de Vermeer que le llevó a  indagar e imaginar quién podía haber sido esa mujer que aparecía retratada. Qué posición ocupaba en la vida del pintor. Cómo era su vida y por extensión ayudarnos a entender cómo era la vida de las mujeres en la Holanda del siglo XVII.

Scarlett Johansson en La joven de la perla de Peter Webber

Así escribió la famosa novela. Sí, las mujeres que posaban en los cuadros de los pintores no dejaban de ser las mujeres que les rodeaban, esto es esposas, criadas, prostitutas o mujeres de la burguesía que les encargaban retratos. Las esposas eran las que se llevaban la peor parte y las que luego quedan retratadas de la peor manera, como ocurre en esta película. Siempre atendiendo a los caprichos del marido, toda la vida embarazadas y aún así, la literatura y el cine siempre se ceba con ellas, esta película no es una excepción, y sin embargo, es fácil de entender esa irritabilidad, esos celos de las demás, al fin y al cabo primero fueron ellas y después quedaron arrinconadas y despreciadas. De todas, como ya apuntaba el propio Fellini y retrataba Guerin las esposas siempre terminan siendo las peor tratadas por el genio.

Effie Grey, Richard Laxton (2014), es una interesante película injustamente poco popular. El fiml fue un proyecto personal de Emma Thompson, ella fue la guionista y una de las productoras de la cinta. La idea la recogió de otra mujer que había recopilado historias de famosos matrimonio victorianos. En este caso el genio es John Ruskin, el intelectual victoriano por excelencia. Se encaprichó de una jovencísima Effie Gray (Dakota Fanning), cuando la conoció ella tenía 12 años, aunque no se casaron hasta que ella tuvo 20 años y él 29. Si al principio de la película ella está entusiasmada con salir de Escocia y vivir en Londres y ser la esposa de un intelectual y artista, la realidad quedó muy lejos de sus esperanzas. John Ruskin (Greg Wise) resultó ser un hombre apocado, sin ningún interés sexual por ella y totalmente dominado por la relación opresiva que tenía con sus padres, que vivían con ellos. 

Dakota Fanning en Effie Gray de Richard Laxton

Según la película, en realidad el matrimonio tiene lugar de cara a la galería, era necesario que él se casara para dar una apariencia de normalidad y respetabilidad. Pero, en verdad, para nada más. Si las esposas estaban para atender la casa, al marido y tener hijos, nada de esto le “dejaron” hacer a Effie. La madre era la que se ocupaba de la casa y de las necesidades del hijo y en cuanto a la descendencia, no podía haber al no tener el matrimonio relaciones sexuales. Parece que está documentado por cartas y declaraciones del propio Ruskin, que sentía aversión y repulsión al cuerpo de su mujer. Está claro que es el culmen de la consideración de la mujer como musa/objeto. No podía apreciarla como mujer y persona y solo le parecía bella de lejos.

Es extraordinario que Emma Thompson se decidiera por retratar este matrimonio tan sombrío y humillante para la mujer  y no el segundo de Effie Gray con el pintor Everett Millais al que conoció mientras estaba casada con Ruskin y del que fue musa también, esta vez de forma activa, aquí cumplió todos los mandatos, fue su secretaria/agente, modelo y madre de sus hijos. Este segundo matrimonio con el pintor es el que más ha inspirado novelas y películas románticas y sin embargo, el primero es mucho más revelador de cómo era la educación y moral victoriana y la infelicidad que provocaba tal sociedad. Su matrimonio con Millais no dejó de ser mucho más convencional y nuevamente quedó a la sombra del artista.

La tercera película de la que me gustaría hablar es Bright Star (2010), en el fondo un coming of age de manual aunque con un final bastante trágico. La película, dirigida por Jane Campion, narra la historia de amor entre el poeta romántico John Keats (Ben Wishaw) y Fanny Brawne (Abbie Cornish). Fue la primera película que vi, las anteriores las vi después, en la que fui consciente de que su directora y guionista había decidido que el personaje protagonista del film no sería el afamado poeta sino la mujer de la que se enamora.

Abbie Cornish en Bright Star de Jane Campion

Bellísimamente filmada, de una sensibilidad exquisita, Campion dota de vida a la que se consideraba musa del famoso poeta. Era su vecina y su relación quedó recogida en la correspondencia que mantuvieron entre ambos. Además, hace algo que me parece precioso y es contraponer dos tipos de vidas creativas: la del intelecto y la manual. Mientras él trabaja con las palabras, ella trabaja con las telas y canaliza su sensibilidad por la belleza en los vestidos que se diseña. Unos vestidos que trascienden la utilidad de cubrir el cuerpo para convertirse en expresiones subjetivas y artísticas. En la película, ella quiere aprender y entender la poesía, él, termina apreciando la belleza de su trabajo con la aguja. Ambos, siempre contrapuestos a la figura del prepotente, snob y machista John Brown que es la antítesis de Keats y que siempre intenta ofender y menospreciar a una Fanny que no se deja amilanar. La tragedia de la muerte de Keats a los 25 años, pone fin a la edad de la inocencia de Fanny, el paso de la juventud a la madurez sin anestesia.

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