Audrey Hepburn pareciera que no necesitase presentación. Convertida en icono de la cultura pop, como némesis de Marilyn Monroe, con su imagen diseminada por miles de objetos de merchandising y reducida a una secuencia de una única película, de un único personaje: la Holly Golightly de Desayuno con diamantes, Blake Edwards (1966).
Reseñando su vida brevemente podemos decir que nació en Bélgica en 1929. Su madre era baronesa y su padre (el segundo marido de su madre) se marchó cuando Audrey tenía poco más de dos años. Este hecho la marcó para siempre, sobre todo por la necesidad de formar una familia con un padre que estuviera presente para sus hijos (algo con lo que no tuvo mucha suerte).
Su primera aspiración fue la de ser bailarina. Pasó la Segunda Guerra Mundial en Holanda donde sufrió todas las privaciones posibles, hasta que se mudó con su madre a Londres después de la guerra. Allí siguió estudiando ballet y comenzó a estudiar arte dramático, cuando aceptó el hecho de que nunca lograría ser una prima ballerina.
Rodando una de sus primeras películas en Mónaco, se fijó en ella nada menos que la escritora Colette y quiso que fuera su Gigi en la adaptación teatral de su novela homónima. Aceptar este papel la llevó a las tablas de Nueva York y de ahí, a ser elegida como la protagonista de Vacaciones en Roma, William Wyler (1954) apenas pasaron dos años.

Audrey Hepburn se convirtió en una estrella en seguida y eso que su filmografía no fue muy extensa. A partir de 1967 se retiró prácticamente del cine. No le motivaba volver, no le gustaban las películas que se estaban haciendo en aquellos años ni los nuevos métodos de trabajo. Dio prioridad a su familia y más adelante, en los 80 a su trabajo como embajadora de UNICEF al que se dedicó en cuerpo y alma hasta su prematura muerte en 1993 a los 63 años de edad.
Cuando pensamos en Audrey Hepburn, siempre nos vienen a la cabeza, en películas como las ya mencionadas Vacaciones en Roma y Desayuno con diamantes, además de My Fair Lady o Sabrina. Sin embargo, para podernos hacer una idea de lo magnífica que fue su aportación como actriz y como persona repasamos 5 de sus películas menos conocidas en las que brilló y cuyas interpretaciones dieron profundidad y variedad a su carrera en el cine:
Historia de una monja, Fred Zinnemann (1959)
Cuando le ofrecieron el papel de la hermana Luke, Audrey Hepburn llevaba un tiempo sin rodar. No le gustaban los guiones que le llegaban. La habían reducido a papeles de candorosas jovencitas, bien vestidas, pero demasiado lánguidas y aburridas. Leyó la novela de Kathryn Hulme en la que se iba a basar la película y aceptó el papel que la llevaría a rodar de nuevo en Europa y a visitar África por primera vez.

La película cuenta la historia de la hermana Luke cuya ambición es ser enfermera en el Congo e ingresa en el convento para poder conseguirlo. A pesar de su vocación religiosa, las estrictas normas de la orden confrontan a menudo con el ejercicio de su profesión como enfermera por lo que finalmente abandonará la orden ante la imposibilidad de ser una buena monja y enfermera a la vez. Hepburn bordó con sutileza la crisis personal del personaje y su evolución a lo largo de los años.
En una película con un excelente guion y unos magníficos actores, Audrey brilla sin Givenchys, ni glamur, como solo se puede hacer cuando se pone verdad y corazón en una interpretación. Audrey demostró con este personaje que tenía verdadero talento para la interpretación.
La calumnia, William Wyler (1961)
Basada en la obra de teatro de Lillian Hellman, The children’s hour, William Wyler quiso hacer un remake de la película que él mismo dirigió en 1934 en la que, por problemas con el código Hays, tuvo que cambiar la relación lésbica por un triángulo amoroso heterosexual. Karen (Audrey Hepburn) y Martha (Shirley MacLaine ) son amigas desde hace tiempo y dirigen una escuela para niñas. Una de sus alumnas lanza el rumor de que entre estas dos mujeres hay algo más que amistad, esto provoca el cierre del colegio, ya que los padres retiran a sus hijas. Sin embargo, esta circunstancia hace que Martha confiese que tal vez sí albergaba sentimientos de amor hacia Karen. A pesar de ser más fiel a la obra, esta versión también resultó víctima de la censura, Wyler temió que no le dejaran estrenarla en cines (se prohibía hablar expresamente de homosexualidad o mostrarla) y eliminó escenas en las que se muestra a Martha enamorada de Karen, además del trágico final.

Tanto Shirley MacLaine como Audrey Hepburn realizan unas interpretaciones maravillosas en esta insólita película. Contenida, matizada y de una extrema sensibilidad, Hepburn vuelve a aparecer desprovista del glamur de su diseñador fetiche, Givenchy, y en blanco y negro. El propio Wyler calificó su actuación de brillante.
Encuentro en París, Richard Quine (1964)
Esta es una comedia muy divertida, irreverente y con una Hepburn esplendorosa, y eso que el rodaje no fue nada fácil. Audrey se reencontró con su antiguo amante, William Holden, que pasó todo el rodaje alcoholizado y por el que hubo que parrar para que pudiera desintoxicarse. No fue el trabajo más agradable para el equipo y la propia Audrey y, sin embargo, nada de eso parece haber quedado en pantalla. Sobre todo Audrey demostró que sabía hacer comedia y que tenía un don innato para ello.

Basado en una historia de George Axelrod (que había escrito el guion de Desayuno con diamantes), Audery Hepburn interpreta a una secretaria a quien contrata William Holden para que le ayude a mecanografiar un guion que debe entregar en dos días y que todavía no ha empezado. La película supone una delirante lluvia de ideas con cameos de Mel Ferrer, Marlene Dietrich o Tony Curtis que hay que reivindicar por su inteligente parodia del trabajo de guionista y del mundo del cine. Por supuesto, en aquellos años no se entendió su delirio y los críticos fueron bastante duros con ella. Sin embargo, es una comedia que ha envejecido mejor que algunas de sus coetáneas y que algún día se considerará un clásico del género.
Dos en la carretera, Stanley Donen (1967)
Cuando Audrey Hepburn aceptó protagonizar Dos en la carretera, ya estaba muy harta del mundo del cine. Se encontraba como pez fuera del agua con el nuevo cine que se estaba haciendo en los 60 y, en un primer momento, este guion tampoco la convencía. Las aristas de su personaje, el cinismo de algunos diálogos… le hacía temer que afectase a su imagen, además, la historia se parecía demasiado a la de su propio matrimonio con Mel Ferrer que estaba dando sus últimos coletazos.

Aún así, Hepburn aceptó. Joanna es uno de los personajes más humanos que ha interpretado. La esposa de este matrimonio protagonista que evoluciona a lo largo de 12 años, no siempre para bien, es el personaje más real y mundano de su carrera. El director Stanley Donen tenía claro que quería un personaje realista, así que no dejó que Givenchy interviniera en el vestuario, quería que la protagonista vistiese de lo más normal, y tampoco aceptó al equipo de estilistas en los que más confiaba Audrey. Al principio esta situación le hizo sentirse incómoda e insegura pero su experiencia anterior con Donen la relajó. Su compañero de reparto fue Albert Finney. El resultado fue una de las mejores películas sobre el matrimonio que se han hecho nunca.
Robin y Marian, Richard Lester (1976)
Audrey Hepburn llevaba 9 años sin rodar una película, cuando se embarcó en este proyecto, básicamente por dinero. Esta historia de amor crepuscular narra de forma ingeniosa y conmovedora el reencuentro de un Robin Hood de mediana edad (Sean Connery) que regresa de las cruzadas y con una Marian que ha ingresado en el convento. Hepburn no lo pasó bien durante el rodaje en Navarra. Todo iba demasiado rápido, apenas tuvo tiempo para preparar el personaje y el director, Richard Lester, no estaba por la labor de repetir tomas por lo que le método de trabajo le resultó agotador y la experiencia no le gustó nada.
Sin embargo, su personaje nos devuelve a la Audrey más honesta y más sutil. Su Marian llena la pantalla como solo ella sabía hacerlo y nos regala su último gran papel en el cine.

