Ruby Sparks, Jonathan Dayton, Valerie Faris (2012)

Cuando me decidí a ver Ruby Sparks lo que más me interesó fue que el guion estaba escrito por Zoe Kazan, que también protagonizaba la película junto a Paul Dano. La dirección se la dieron al tándem Jonathan Dayton y Valerie Faris que había dirigido a Dano en Pequeña Miss Sunshine. El hecho de que la actriz sea nieta del legendario director Elia Kazan e hija de dramaturgos agudizaba más mi curiosidad. El argumento de la película se resumiría en: escritor prodigio que tuvo un enorme éxito con su primera novela, que escribió hace diez años, se encuentra en un bloqueo creativo. Sueña con una chica a la que convierte en real. Poco a poco descubre que, como es su creación, puede modificar su comportamiento a su antojo.

Los directores, Valerie Faris y Jonathan Dayton con Zoe Kazan y Paul Dano

El argumento en sí es muy interesante, sobre todo porque está escrito por ella y pone patas arriba el concepto del autor y la musa, a la vez que nos plantea una metáfora sencilla pero efectiva sobre lo que supone una relación de pareja bastante tóxica.

Tal vez podríamos acusar a Kazan de ser demasiado simplista en sus personajes masculinos, demasiado convencionales y previsibles: desde el propio protagonista (el genio rarito que nos ha hecho creer durante todo el relato de que él no tiene la culpa de que no sea capaz ni de escribir ni de tener una relación sana con una mujer), el editor de vuelta de todo (hombre maduro de éxito, siempre intentando ligar) o el hermano de Calvin, con su visión simplista de las mujeres.

Calvin (Paul Dano) y Ruby (Zoe Kazan)

ACABAR CON LA MANIC PIXIE DREAM GIRL

Una de las razones de ser del guion de Zoe Kazan es hacer una crítica a los personajes femeninos que tan de moda se pusieron hace unos años. Bajo una apariencia de progresía, los guionistas y directores crearon en realidad un estereotipo de personaje femenino (Manic Pixie Dream Girl), que parecía diferente pero que, en realidad, surgía (una vez más) del deseo masculino de cómo sería su chica soñada: guapa, sin ser sexy, optimista, con ropa femenina, pero no demasiado elaborada, sin una aspiración clara en la vida, con sus mismos gustos musicales (los del autor, claro) y que entrase en la historia del protagonista (masculino) para ayudarle a entender el sentido de la vida y ayudarle a disfrutarla más (porque ellos estaban atormentados y con un vida interior chunga). Sí, a ellos les podía parecer que el personaje en sí era muy atractivo, pero resultó ser un estereotipo más al uso, no era una femme fatale, no era un ángel del hogar, pero era una suerte de “aparición” casi irreal, plana y en el fondo muy poco humana.

El término Manic Pixie Dream Girl (MPDG) lo acuñó el periodista Nathan Rabin en 2007 en su crítica de la película Elizabethtown de Cameron Crowe, protagonizada por Kirsten Dunst y Orlando Bloom, Rabin escribía: “La Manic Pixie Dream Girl solo existe en la febril imaginación de los sensibles guionistas-directores para enseñar a los (en masculino) jóvenes inquietos y conmovedores a abrazar la vida y sus infinitos misterios y aventuras.

Zoe Kazan, con su guion, quiere dinamitar este concepto y se planta harta de que los personajes entre los que tiene que escoger siempre sean creaciones superficiales de las chicas soñadas por intelectuales progres que, al final, solo son capaces de estereotipar a los personajes femeninos de sus historias masculinas (mismo fondo con diferente envoltorio).

Efectivamente, el protagonista masculino de Kazan es tan cliché como la propia MPDG. Calvin es un brillante prodigio literario que crea en su imaginación una chica a su medida. Esta se hace realidad y es tal y como él quería que fuera, con todos los estereotipos sexistas que os podáis imaginar, por ejemplo, su primera aparición en la casa está en la cocina, donde se ofrece a hacerle el desayuno. Pero hay más, ella siente devoción por él y su obra, se interesa por sus avances literarios, está locamente enamorada de él, prepara la cena para él y su hermano, es divertida, es complaciente, es feliz como una perdiz y hace que él también se sienta feliz… La perfecta musa/compañera que está ahí para velar y cuidar al genio.

Paul Dano como Calvin

Y, dónde está el problema. Ruby evoluciona y empieza a comportarse como una persona independiente, es decir, comienza a aburrirse de estar siempre con él, quiere hacer cosas por ella misma, quiere volver a dibujar, quiere pasar tiempo en su apartamento, comienza a tomar decisiones y a tener comportamientos que se escapan al control de Calvin que, en realidad, es un personaje lleno de inseguridades.

EL RELATO DE UNA RELACIÓN TÓXICA

¿Por qué, si él ha creado a su pareja perfecta, ella comienza a distanciarse y a tener iniciativa propia? Calvin intenta darle el espacio que Ruby necesita y cuando lo hace comienza a sentirse inseguro. Ya no pasan tanto tiempo juntos y los celos y el temor a perderla comienzan a apoderarse de él. Ella empieza a no soportar la situación y a sentirse agobiada.

En cuanto esto sucede, Calvin no lo soporta y la comienza a controlar, en el sentido más literal del término. ¿Cómo? Vuelve a sacar su máquina de escribir y empieza a reescribirla: primero para que Ruby esté feliz todo el tiempo, luego para que Ruby solo quiera estar con él, hasta el punto de anularla y de ser incapaz de tomar ni la más nimia decisión. El maltrato psicológico llega hasta el punto en el que él, para demostrarle que la puede controlar la da órdenes sin parar hasta que al fin la libera.

Es una lástima que al final termine haciendo una concesión al género de la comedia romántica, con un supuesto final feliz en el Calvin ha aprendido la lección y tiene una nueva oportunidad, entendemos, que con una mujer real.

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