La edad de la inocencia está considerada una de las mejores novelas del siglo XX. En ella, la escritora Edith Wharton narra la historia de una pasión imposible derrotada por una sociedad cerrada, asfixiante, pacata y llena de convencionalismos y tradiciones feroces. Sutil, elegante, de un erotismo subterráneo capaz de derretir a la más escéptica lectora, la prosa irónica, metódica y detallista de Wharton nos lleva de viaje al Nueva York de la década de los 70 del siglo XIX y lo hace con una capacidad de absoluta inmersión en esta historia llena de tensión sexual latente y de sufrimiento por la infelicidad de los dos personajes protagonistas.
En 1980, Jay Cocks, amigo y guionista habitual de Martin Scorsese, le dio esta novela ganadora del premio Pulitzer en 1921. Por aquel entonces, ambos hablaban de su deseo de poder tocar todos los géneros cinematográficos posibles, desde el western hasta el musical, pasando por el melodrama o la comedia romántica. Cocks le sugirió a Scorsese que este libro podría ser “su” película romántica. Scorsese la leyó y, como todo ser humano sensible, sucumbió a la belleza del texto y de la historia.

El director preparó a conciencia el filme. Durante 3 años tuvo a una persona investigando sobre la época en la que transcurre la historia para conseguir una ambientación perfecta. Quería autenticidad y, en un arrebato por el detalle inspirado por el trabajo de Visconti en El gatopardo (1993), hizo que se reprodujeran 300 cuadros de la época para colgarlos en las diferentes estancias de las casas de los personajes de la película.
Jay Cocks escribió el guion, junto con Scorsese, y se consiguió el reparto perfecto: Michelle Pfeiffer como Ellen Olenska, Daniel Day-Lewis como Newland Archer y Winona Ryder para el papel de May Welland. Para la narradora omnisciente se recurrió a la veterana Joanne Woodward.
UNA PELÍCULA “MUY SCORSESE”
A simple vista podría parecer que esta película de época, sobre una historia de amor frustrada, no tiene nada que ver con la filmografía del director de películas como Taxi Driver (1976), Toro Salvaje (1980), Uno de los nuestros (1990) o El lobo de Wall Street (2013). Es más, Scorsese venía de dirigir El cabo del miedo (1991) y todavía no habíamos disfrutado de su maravillosa La invención de Hugo (2011). Pareciera que siempre se le haya reducido a director de películas de mafiosos pero en realidad, como él mismo quería, Scorsese ha dirigido todo tipo de películas, por tanto, La edad de la inocencia, no desentona en su extensa filmografía.
De hecho, La edad de la inocencia es una de sus películas más personales, es decir, tiene todos los elementos que le definen como “autor”.
Formalmente es fácil adivinar sus “toques” como son la voz en off o los planos secuencia que dirigen al espectador por los escenarios cerrados. La edad de la inocencia recuerda mucho en este aspecto a Uno de los nuestros o Casino (1995), salvo que aquí lo adapta al ritmo de la novela, al ritmo de la vida a finales del siglo XIX y, por tanto, lo ralentiza. Aquí la cámara se mueve en un vals de imágenes excelentemente filmadas.

El diseño de producción y el detallismo que ya hemos mencionado, es otro de los sellos del director, es perfecta en su ejecución y riquísima en detalles. Desde los cuadros que se pidieron recrear a los guantes que el propio Scorsese mandó investigar y que son claves en los momentos de mayor erotismo y tensión sexual. Por otro lado, la recreación de los rituales propios de la clase alta de la época, uno de los principales ingredientes de la novela de Edith Wharton, son trasladados a la pantalla de una forma igual de magistral por el cineasta.
En cuanto a temas, también es una película netamente Scorsese. El ambiente cerrado, opresivo, lleno de confabulaciones, que castiga al ostracismo al diferente, a la persona que no sigue las normas establecidas del círculo al que se pertenece (como le ocurre a Madame Olenska), es el día a día de los círculos mafiosos. Se premia la lealtad (a costa del sacrificio personal) y se castiga la traición a la familia, y la sociedad que Edith Wharton refleja en su libro es tan endogámica y reducida, que en el fondo actúan como la mafia (solo que con otros modos). No hacer o comportarse como se supone que hay que hacer tiene consecuencias.
Por último, alguien estará pensando en la violencia de gran parte del cine de Martin Scorsese, pero tampoco de la violencia se libra este film. Sí, no hay ni un atisbo de violencia física, pero la violencia emocional y psíquica es abrumadora a lo largo de toda la cinta, el propio Scorsese la ha calificado en alguna ocasión como su película más violenta.

Si en sus films anteriores, como Toro Salvaje, Uno de los nuestros o El cabo del miedo , la violencia es exterior, los sentimientos se expresan y se materializan, en La edad de la inocencia, toda esa exteriorización se reprime (que no se suprime), hasta tal punto que nos puede pasar desapercibida. Toda esta violencia refinada y contenida es la que se ejercerá sobre Newland Archer y, principalmente, sobre Madame Olenska.
Y la misma sutileza que se utiliza para la violencia, la utiliza para el sexo. Es una película tremendamente sexual, porque en el fondo, su principal argumento es la pasión entre dos personas que no pueden consumarla. Y esa pasión, esa pulsión sexual, está tan reprimida y velada como la violencia. Solo el erotismo más sutil, el de los roces, el de las miradas, el de las palabras es el que ilustra esa relación tan intensa como frustrada entre Olenska y Archer.
EL MEJOR PERSONAJE FEMENINO: ELLEN OLENSKA
Ciertamente, el cine de Martin Scorsese, no se prodiga en buenos personajes femeninos, más bien no se prodiga en personajes femeninos (aunque no olvidamos su Alicia ya no vive aquí con Ellen Burstyn o la Francine Evans que Liza Minelli interpreta en New York, New York). Pero si tenemos en cuenta los escenarios y los entornos en los que se desarrollan sus historias, éstas no dejan mucho lugar a las mujeres. Son ambientes muy masculinizados, muy patriarcales y, por supuesto, muy hostiles para las mujeres. Creo que en el fondo, Scorsese es muy honesto con esto. Las mujeres pintan poco en sus universos, pero es que es casi un reflejo de cómo es en realidad, no podemos esperar que un personaje como LaMotta en Toro Salvaje se cuestione cómo maltrata a su mujer. O que el taxista de Taxi Driver, haga un alegato feminista condenando que una menor se prostituya. Creo que ver sus películas son un bofetón de realidad, en sus mundos de ficción, las mujeres quedan relegadas a un segundo plano, nada nuevo.
Tal vez se le pueda cuestionar que no sea crítico con ello, aunque mostrarlo ya es un paso, pero es preferible su honestidad de no pretender dar lecciones feministas, a la posición impostada de otros directores y escritores que se erigen en abanderados de las mujeres sin tener ni idea de lo que es ser mujer ni cómo nos han socializado por el hecho de serlo.

Dicho esto, es normal que Ellen Olenska (Michelle Pfeiffer) esté considerado su mejor personaje femenino, hay que tener en cuenta, además, que fue escrito por una mujer. Tanto en el libro como en la película, le personaje central es Newland Archer, sin embargo, en muchas ocasiones Archer es un mero observador de los efectos devastadores que la provinciana y conservadora sociedad de Nueva York ejercen sobre Ellen Olenska. La violencia de la que antes hablábamos se ceba brutalmente sobre este personaje. Olenska, que tras separarse de su marido, vuelve a Nueva York con su familia pensando que encontrará la paz y una vida tranquila, se ve sacudida por humillaciones y desprecios que le harán claudicar y volverse por donde vino. Ellen Olenska será criticada por no haber sido educada como corresponde, será ninguneada por no hacer las cosas como ellos las hacen y finalmente será desahuciada de su propio mundo. En este caso, como en tantos otros en el universo de Scorsese, la mujer queda a un lado y sufre las consecuencias de la sociedad en la que vive. La diferencia con otros personajes femeninos del director es que, en este caso, este papel lo escribió una mujer y por tanto tiene una mayor presencia, pero es tan víctima como el resto de mujeres que se pasean por la filmografía del cineasta.
