Teresa de Jesús, Josefina Molina (1984)

No voy a hablar en este texto de Teresa de Jesús es de sobra conocida. Ya sabemos que fue la escritora más importante del siglo XVI y, por extensión una de las más importantes de las letras hispanas. Sabemos que escribió poesía mística, que escribió varios libros y que fundó numerosos conventos de Carmelitas Descalzas. También sabemos que no gustaba a la Inquisición, que incluso fue interrogada por dicho tribunal. Se la llamaba hereje y se la tildaba de tener ideas luteranas, de hecho se escindió de los Carmelitos Calzados porque ella hacía las cosas de manera distinta. Entre sus contemporáneos fue amada y odiada a partes iguales.

Pero además de todo eso, tenemos que decir que Teresa de Jesús fue una mujer única en su época. Una mujer que sabía leer y escribir. Que, de niña, leía fervientemente novelas de caballería y romances. Que quiso escapar con su hermano a vivir aventuras. Que no quiso casarse para no pasarse la vida embarazada y morir joven como su madre. Que fundó 19 conventos y una nueva orden religiosa, las Carmelitas Descalzas. No hay que ser alguien creyente ni religioso para admirar y reconocer la increíble persona que era Teresa de Jesús, no tiene nada que ver con si se tiene o no fe, pues se trata de poner en contexto a una mujer en el siglo XVI que, a su modo, rompió muchas barreras y que se mantuvo inflexible en su independencia.

Y por esa personalidad tan inflexible, por su libertad de espíritu y por la calidad literaria de sus obras, Teresa de Jesús es un valiosísimo referente literario y cultural.

Teresa de Jesús, la serie

Dicho todo lo anterior no es de extrañar la fascinación que sentía Carmen Martín Gaite por la escritora del siglo XVI y que en su devoción por ella arrastrase a la directora de cine Josefina Molina a crear juntas, en 1982, la serie que narraría la vida de Teresa de Jesús. Ambas escribieron el guion (junto con el historiador Víctor García de la Concha) de la que se presentó como una de las series más caras de Televisión Española el día de su estreno en marzo de 1984. Josefina Molina se encargó de la dirección de todos los capítulos.

Concha Velasco fue la actriz responsable de dar vida a la escritora y el trabajo que hace es absolutamente maravilloso. Hay una verdad, una rigurosidad y una naturalidad en la dirección actoral, no solo de Concha Velasco sino del resto del reparto, que hace que sea uno de los puntos fuertes de la serie. La actriz, además, lleva todo el peso de la serie pues la presencia de Teresa de Jesús es abrumadora, la historia va siguiendo a la monja dejando muy poco espacio para acciones paralelas.

Josefina Molina y Concha Velasco en el rodaje Teresa de Jesús

Hay que decir que es una serie que se degusta lentamente, su tempo narrativo no tiene nada que ver con la televisión que se hace hoy en día y puede que los dos primeros capítulos sean más lentos y pausados de lo habitual. Sin embargo, la serie va ganando según avanza y la vida de Teresa pasa sin prisa pero sin pausa a lo largo de los 8 capítulos que la integran.

En los diálogos es imposible no detectar el gusto por el lenguaje y el modo de hablar de épocas pasadas. La riqueza de las expresiones y de vocabulario conforman un erudito estudio del español que le debemos a Martín Gaite que fue la responsable de los diálogos. Para alguien que se acerca hoy a la serie, puede resultar raro de escuchar en un primer momento, pero el oído se acostumbra a la par que la vista a esa magnífica recreación del siglo XVI español.

Y ese es otro punto fuerte de la serie, la vuelta a la vida de aquel siglo. La dirección artística, el diseño de producción, el vestuario… es de una increíble minuciosidad y rigurosidad gracias a la labor del historiador Víctor García de la Concha. Se rodó en numerosos escenarios naturales y en ciudades como Ávila, Salamanca, Segovia, Úbeda… Sin embargo, hubo que recrear los conventos de La Encarnación y de San José de Ávila en un estudio de 2.300 metros cuadrados.

Todo era poco para ensalzar la figura de Teresa de Jesús, sobre todo de la figura santa pero también de la persona humana y de su condición de mujer en una época en la que pertenecer a dicho sexo no era nada agradable.

Teresa de Jesús, el personaje

Josefina Molina y Carmen Martín Gaite consiguieron con su semblanza de Teresa de Jesús recrear a la mujer que tuvo que enfrentarse a un sistema eclesiástico totalmente rígido y nada propicio para tomarse libertades con las normas que imponían.

Tal y como nos presentan al personaje, podríamos considerar a Teresa de Jesús una proto feminista, más por sus hechos que por sus palabras, como ya hemos apuntado al principio. Teresa de Jesús no quería ser monja en realidad y le tardó en llegar la vocación. De hecho, durante los tres primeros capítulos de la serie, Teresa se angustia mucho pensando que no es digna de ser monja, de que su vocación no es suficiente. En un momento dado habla de matrimonio de conveniencia con Dios para no tener que enfrentarse a su destino como mujer, y esa conveniencia le atormenta hasta el momento en el que, por fin, encuentra la devoción.

Concha Velasco y Magüi Mira

En el segundo capítulo, Teresa critica el destino de la mujer el de someterse al varón en matrimonio y el sufrimiento del cuerpo por los sucesivos  embarazos, abortos y partos. Ella jamás se arrepiente de su decisión y deja claro que nunca pasaría por el matrimonio poniendo de ejemplo a su madre y a su hermana. A su madre no la vemos, murió cuando Teresa tenía 13 años, muy joven, después de haberse pasado prácticamente toda su vida de casada embarazada. Su hermana, sin embargo, sí que aparece en estos primeros capítulos. Está casada y su matrimonio es un reflejo de lo que debía de ser en aquel siglo (y posteriores), la mujer siempre a la sombra del marido, sin derecho a hablar ni a tomar decisiones. De hecho, a lo largo de la serie se nos mostrarán diferentes personajes de mujeres casadas, algunas de alta alcurnia, o viudas para las que el matrimonio tampoco fue la mejor experiencia vital y que así se lo cuentan a una madre Teresa que no pone en duda de sus palabras.

Por otro lado, se la muestra como una ávida lectora, era raro que en el siglo XVI las mujeres supieran leer y escribir, y para sus conventos siempre quiere mujeres letradas. Otro aspecto interesante es su deseo de viajar, cuando oye hablar de las misiones en América, su cara se ilumina y expresa lo mucho que le gustaría poder visitar el nuevo continente.

Teresa de Jesús es capaz de enfrentarse al mismísimo tribunal de la Santa Inquisición sin que le tiemble el pulso. A lo largo de la serie la vemos desafiar a numerosos hombres que ostentan poder tanto eclesiástico como civil y su actitud es siempre firme sin dejarse amedrentar en ningún momento.

Algunos de los momentos más entrañables de la serie son cuando muestran a las monjas con Teresa en festejos, en rezos, en tareas diarias en el convento. El hecho de la voluntariedad de las monjas hace que el ambiente de los conventos que va fundando sean más un hogar seguro para las mujeres que una prisión. La serie deja claro, además, que Teresa de Jesús quería y cuidaba de sus conventos y sufría por no poder atenderlos todos personalmente.

Pese a su frágil salud, la madre Teresa trabajó incansablemente por su orden y por fundar conventos. Siempre por los caminos de España y siempre enfrentándose a dificultades. La serie, desde luego, es una declaración de amor y respeto a la Teresa mujer y escritora y eso se nota en el mimo que pusieron sus dos autoras y la propia actriz que la interpretó.

La serie se puede seguir viendo en RTVE a la carta.

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