Vi Dirty dancing en el verano del 88 en un cine de verano. Yo tenía 14 años, estudiaba ballet y danza española y lo que vi en la película me fascinó. En aquella época, la inocencia me impedía ver más allá y a mí lo que me deslumbraron fueron los bailes y esa manera “sucia” de moverse tan alejada de la férrea disciplina de los pliés y los jetés. Claro que me gustó, la vi varias veces, me compré el vinilo y, por supuesto, intenté aprenderme la archifamosa coreografía.
Cuando comencé a estudiar cine, la película perdió la magia para mí, la pedantería snob de los estudiantes de que lo único que molaba eran las películas de Berlanga, de Kieslowsky o Bergman, hacía que Dirty Dancing se hubiera convertido para mí en una película de adolescencia, sí estuvo muy bien en su momento, pero ese momento había pasado.
Ciertamente no volví a verla en muchos años, podría decir décadas, hasta que me topé con el libro de Hadley Freeman The time of my life en el que analiza películas de los 80, las mismas con las que yo había ilustrado mi infancia y adolescencia. En el libro dedica un capítulo a Dirty Dancing donde la defiende como una película feminista en la que se habla del aborto y del deseo femenino. Estaba claro que yo me había perdido algo.
Así que vuelvo a ver la película. Vaya, no sé si esa película, tal cual, se hubiera podido hacer hoy en día, sobre todo teniendo en cuenta el tema del aborto y eso que cuando se hizo tampoco corrían los años más progresistas y feministas en EE.UU. (nada menos que en plena administración Reagan). Dicho esto no es raro que la película la terminara produciendo una distribuidora de vídeo y no la quisiera distribuir en cines la Metro Goldwyn Mayer, era ciertamente escabrosa.
LA PELI INDIE QUE SE CONVIRTIÓ EN MITO
El proyecto fue el empeño de dos mujeres, una guionista y una productora que movieron el guion hasta conseguir el dinero para hacerla. La guionista Eleanor Bergstein partió de su propia experiencia para el guion de Dirty Dancing: en su familia la llamaban “Baby”, pasó las vacaciones en Grossinger’s Catskill Resort Hotel en las Catskill Mountains (complejo vacacional donde se desarrolla la película), su padre era médico y ella bailaba en los sótanos lo que se conocía como “dirty dancing”, en el que las parejas bailaban muy juntas y movían las caderas sensualmente frotando sus cuerpos. Más allá de estas coincidencias ella asegura que la historia no es autobiográfica. Cuando conoció a la productora Linda Gottlieb y le habló del guion que quería escribir esta la apoyó incondicionalmente y lo presentó a 48 productoras (grandes, medianas y pequeñas). De todas ellas obtuvo un rotundo “no”.
El guion terminó en la distribuidora de vídeo Verizon que quería comenzar a producir películas. Consiguieron 4,5 millones de prepuesto, es decir, iba a ser una película de bajo presupuesto.

Cuando tuvieron el primer montaje lo enviaron a Metro Goldwyn Mayer para conseguir distribución pero esta no lo quiso. Así que la película estuvo a punto de ir directamente al mercado del vídeo si no hubiera sido por un pase que hicieron con 1.000 espectadores que al terminar la proyección habían quedado encantados. Solo hubo que eliminar un par de escenas para que les quitaran la calificación R.
La película se estrenó en el verano de 1987 en EE.UU. y fue un taquillazo (recaudó más de 200 millones), arrasó en el mercado del vídeo al año siguiente y la canción The time of my life fue nominada a los Oscars a la Mejor Canción.
La diferencia entre esta rom-com o chick flick, o como queramos clasificarla, respecto del resto de comedias románticas que estrenan los grandes estudios, es que ésta apenas pasó los filtros de lo políticamente correcto (como decíamos antes, solo una escena fue eliminada, se puede ver en Youtube y es la única claudicación que se hizo). Es decir, esta película nunca la hubiera financiado una major (de hecho todas la rechazaron), por la sencilla razón de que incluye un aborto en el que no se castiga a mujer y la sexualidad protagonista no es la del hombre sino la de la mujer.
EL ABORTO NO PENALIZADO
El tema del aborto siempre ha sido tabú en las producciones hollywoodienses. No existe una oficina de censura como cuando en los años 30 se estableció el Código Hays, pero sí hay temas que, simplemente no se contemplan, hay una censura implícita sobre lo que se puede contar y cómo se puede contar. Es decir, si se quiere enmendar un embarazo no deseado en un guion, se puede dar en adopción al niño o finalmente cambiar todas las intenciones y proyecto vital de la madre para hacer que se quede con el bebé. Puede haber abortos (si el bebé no se contempla en el desarrollo de la historia) pero siempre por accidente, nunca es intencionado y, por supuesto, el sufrimiento de la madre es desgarrador, aunque desde el principio quedarse embarazada no entrase en sus planes. Si el aborto es buscado, la madre suele ser castigada en el guion (puede morir, suicidarse o se le consiente porque es el personaje malvado de la película y entonces sí que puede llevarlo a cabo porque es el mal personificado).
En Dirty Dancing no pasa nada de eso. El personaje de Penny (Cynthia Rhodes), la compañera de baile de Johnny (Patrick Swayze) se queda embarazada de uno de los camareros. Dada su precaria situación económica y social decide no tenerlo y se somete a un aborto clandestino que casi le cuesta la vida. La moraleja aquí no es “qué malo es abortar, qué malas son las mujeres que abortan”, la moraleja es “qué malo es abortar sin garantías médicas”.

Este delicado asunto se intentó eliminar del guion cuando el anunciante más potente que encontraron, Clearasil (una marca de crema para adolescentes), se retiró ante el fracaso de sus presiones porque se eliminase el aborto. Pero es que el embarazo no deseado de Penny y su posterior aborto es el macguffin de la película, es la razón por la que Baby (Jennifer Grey) comienza a ensayar a Johnny para que no pierda su bolo en otro hotel cercano y es como el padre de Baby descubre en qué anda metida su hija cuando acude a atender a Penny. Sin aborto, no hay historia, o por lo menos, no historia coherente.
Y podemos ir más allá en cuanto a este tema. El único personaje al que se juzga en esta situación es al padre y no a la madre. El único que queda como un auténtico imbécil es él y no ella (¿dónde se había visto eso antes?), tampoco se la infantiliza ni se la intenta hacer entrar en razón. Ella toma su decisión y el resto lo acepta e intenta ayudarla.
EL DESPERTAR SEXUAL FEMENINO
El otro gran tema por el que Dirty Dancing se puede considerar una película feminista es del despertar sexual femenino. En Dirty Dancing el objeto de deseo es él y la que busca y desea es ella. El protagonista masculino es el que se muestra, el que exhibe su cuerpo y es ella la que observa, la que toca, la que toma la iniciativa. Según defiende su propia guionista, la película está narrada desde el punto de vista de Baby, es decir, es ella la que desea el cuerpo masculino y, en esto, estamos ante una película que se sale de la norma. Hasta que las mujeres no se incorporen en mayor medida a la escritura, la producción y la dirección cinematográfica, este cambio de roles tardará en volver a darse (salvo la excepción de Thelma y Louise en la escena del hotel con Brad Pitt y Geena Davies, con otro guion escrito por una mujer, Callie Khouri). En la gran mayoría de las películas el deseo es masculino, el sexo es falocéntrico y la mujer entra en esa ecuación como personaje híper sexualizado según los gustosnormativos impuestos por el patriarcado. Dirty Dancing está bastante alejada de esta representación hegemónica de la sexualidad.

La guionista Linda Bergstein cuenta en el libro de Hadley Freeman: “Aún recuerdo cuando estábamos en la sala de montaje y todo el mundo me preguntaba, por qué había tantas tomas de Patrick. Mi respuesta era que eso era lo que ella veía. La historia se cuenta a través de la mirada femenina a diferencia de la mayoría de las películas.”
Así que tenemos a Baby, que descubre el sexo y que disfruta con él y que arriesga todo su status quo y la relación con su padre, por ello y, al igual que ocurría con el aborto de Penny, tampoco es castigada al final de la película ni se la hará sufrir por ello. No, Baby descubre the time of her life y lo aprovecha y disfruta sin complejos.
UN PERSONAJE FEMENINO INTERESANTE
En estos últimos años nos han ido llegando muchas propuestas interesantes sobre jóvenes adolescentes, son muchas las propuestas tanto en cine como en series con personajes femeninos adolescentes muy interesantes de todas las condiciones sociales, etnias y orientaciones sexuales posibles. Pero cuando Dirty Dancing se estrenó apenas había referentes. En una década en la que el cine era “muy masculino”, lleno de héroes, militares y aventureros, había poco espacio para protagonistas femeninas. Así que, entre tanta testosterona, a finales de los 80 se nos cuela un personaje maravilloso, Baby. Y, ¿por qué? Pues para empezar, su aspecto físico. Baby es una chica normal, como se suele decir del montón. Tiene ese físico de chica agradable, pero que nadie se vuelve a mirar. Ese físico de la gente corriente que no llama la atención. Supongo que el 99% de las jóvenes espectadoras que veíamos la película nos identificábamos con ella porque no era la típica estrella de cine, cualquiera podía ser Baby. Al no tener un cuerpo voluptuoso, ni sensual según los cánones de belleza establecidos, el personaje y su representación escapa a cualquier posible estereotipo de mujer sexy, deseada y, en definitiva, pasiva.
Por otro lado, Baby es una chica joven con expectativas profesionales, muy idealista, sí, pero quién no ha creído que podía cambiar el mundo a los 17 años. Baby es ambiciosa, va a ir a la universidad y es inquieta culturalmente hablando y curiosa con el mundo que le rodea.

Baby, además, es valiente y resolutiva. No se queda en su zona de confort (con los huéspedes de clase media alta del resort), si no que va más allá, salta las barreras sociales y se adentra en el mundo del personal del hotel. Por otro lado, es un personaje femenino que toma decisiones. A pesar de su estrecha relación con su padre, de su posterior relación con Johnny, Baby toma sus propias decisiones en los momentos clave, se presenta como un personaje independiente y deja de definirse por su condición de hija para definirse por ella misma, porque nunca queda definida por su condición de amante o novia de. No consulta y sigue su instinto o su propia moral sin que por ello sea reprendida. Es por tanto un personaje activo que no se define por el resto de personajes sino que se intenta definir a sí misma y ser consecuente con sus decisiones.
Por último, y casi podríamos decir lo más importante, Baby evoluciona. Comienza la película siendo una adolescente inocente (en todos los aspectos), idealista y cuando acaba el metraje, Baby se ha hecho adulta. Para ello no ha tenido que dejar de ser ella misma, no hay un cambio radical en el personaje, ni tan siquiera el manido cambio radical de imagen, Baby se lleva la atención del chico guapo sin renunciar a ser quien es. Baby sigue siendo quien era pero con más experiencia, tal vez con menos idealismo, pero con más confianza.
Así que si después de estas reflexiones seguís poniéndole peros, os aconsejo dejar fuera los prejuicios. Vedla de nuevo o vedla por primera vez, pero vedla. Poneos las gafas violetas y disfrutad de la historia (salto incluído).

