Estación Termini, Vittorio De Sica (1953)

“Cuenta la historia amorosa entre una mujer estadounidense y un hombre italiano que deben tomar una decisión en la estación de trenes de Roma.” Esta es la sinopsis que encontramos en Wikipedia sobre esta película y también es la habitual, porque en realidad tiene un planteamiento muy sencillo. Sin embargo, la película de Vittorio De Sica es mucho más. Vista hoy en día y con gafas violeta nos ayuda a poner en contexto cuál era la situación de la mujer en Italia en los años cincuenta. Un país tradicional, conservador y muy influenciado por la iglesia católica que siempre se ha posicionado como uno de los países más machistas de Europa.

Jennifer Jones y Vittorio De Sica

Visto así no nos puede extrañar que Vittorio De Sica pasara de hacer cine de denuncia social como Ladrón de bicicletas a un melodrama romántico de tradición hollywoodiense. Sin embargo, en manos de De Sica el glamour de las estrellas se mezcla con la realidad de la Italia de a pie y el cineasta italiano se sirve de unas imágenes que hablan por sí solas para colar escenas y personajes que reflejan la sociedad italiana de la posguerra. Es una película de encargo, con capital estadounidense, con estrellas de Hollywood (Jennifer Jones, más contenida de lo habitual, y Montgomery Clift, sobrio como siempre) en el reparto y aún así, De Sica consigue dejar su huella de denuncia sin utilizar un lenguaje ni un estilo panfletario, tan solo con su elegante y estudiada dirección. En el guion, las plumas de Truman Capote y Ben Hetch se unen a las de los italianos Cesare Zavattini, Luigi Chiarini, Giorgio Prosperi, por lo que podemos deducir que Hollywood apostó por darle un toque de “autor” y de “calidad” a un filme que podría haber quedado en un producto frívolo y folclórico.

Montgomery Clift y Jennifer Jones

LA INDISCRECIÓN DE UNA MUJER CASADA

Varias cosas me han llamado la atención en este nuevo visionado más allá de la trama de “mujer casada se enamora de joven italiano en la ciudad del amor”. La película comienza con ella y acaba con él, pero es Mary (Jennifer Jones) la que lleva el peso de toda la lucha interior que está viviendo (de hecho en inglés la película se tituló Indiscretion of an American Wife). Al fin y al cabo ella es la casada y con hija, él no tiene ningún compromiso. Por eso, es la angustia de su personaje la que tiene más importancia en la trama. Queda claro que el hecho de que sea madre es lo que más se tiene en cuenta a la hora de visibilizar sus dudas, la vemos comprando un regalo para su hija, la vemos dar chocolatinas a unos niños, habla de ella con Giovanni (sin embargo, apenas menciona a su marido) y cuando se juzga a ella misma lo hace en calidad de su papel como madre.

El momento más significativo en este asunto es el encuentro con la familia que regresa de Inglaterra de trabajar en la minería, es un matrimonio con tres hijos y la mujer está embarazada del cuarto. Ella se desmaya y Mary acude en su ayuda. El padre le dice orgulloso que su mujer solo vive para los demás, frase que nos hace juzgar a Mary, a la vez que lo hace ella misma, la sombra de la mala madre planea sobre ella por no haberse entregado a los demás y pensar solo en ella misma. En unos años en los que la reacción hacia la situación de la mujer se está pertrechando, con la vuelta al hogar a su papel de madre y esposa, el personaje de Mary es transgresor y, debería de ser castigado por ello, por socavar los cimientos del nuevo orden de los sexos. Sin embargo, Mary no es un personaje negativo ni produce rechazo, Mary es un personaje humano y merece nuestra atención.

MACHISMO A LA ITALIANA

Otro tema que conviene destacar es el de los malos tratos. Como decíamos al principio, Italia era (y probablemente lo siga siendo) uno de los países más machistas de Europa y el hecho de que el hombre hable de pegar a su mujer con la naturalidad con la que lo hace Giovanni nos da la idea de lo que se cocía en aquella época: los malos tratos eran normales y aceptados (y siendo justas, no solo en Italia). En este caso, Mary y su sobrino, son los únicos que lo (la extranjera y la nueva generación). Este diálogo es absolutamente memorable (por lo deplorable que nos resulta ahora):

MARY: Es decir, a mí no me gustaría que salieras por las noches… y me dejaras haciendo..

GIOVANNI: Qué. ¿Remendarme la ropa y hacerme la cena? A mí sí. No olvides que soy italiano, y si no te portas bien te pegaría.

MARY: Giovanni, no lo harías. ¿O sí?

GIOVANNI: Naturalmente que lo haría.

Tras esto, solo podemos pensar en que lo mejor que puede hacer ella es largarse cuanto antes pues está claro que él tiene asumida su misión y condición de superioridad y ella se percata de que está ante un más que posible maltratador. Minutos después se confirma la sospecha cuando Giovanni, no aceptando que Mary se quiera ir, le da un bofetón en público. Todas las personas que presencian la agresión, excepto el sobrino de Mary, quedan impertérritos ante lo que acaba de pasar.

Jennifer Jones, Richard Beymer y Montgomery Clift

Pero ese no es el único ejemplo de machismo que encontramos en la película y puesto que es una coproducción, parte de los guionistas y el director son italianos, no se les puede acusar de racismo o de superioridad cultural, son hombres mostrando cómo se comportan sus propios compatriotas con las mujeres. Así, a lo largo del filme vemos como Mary es increpada, observada sin ningún pudor, violentada… por hombres o grupos de hombres. Realmente, la incomodidad del personaje de Mary, cada vez que deambula sola por la estación es manifiesta pues está sometida a un constante acoso, y De Sica hace que esas situaciones no sean en ningún momento algo bonito o halagador, los piropos molestan, las excesivas atenciones también y Mary se siente realmente incómoda, toda la película está plagada de lo que hoy llamamos micromachismos. No hace falta decir mucho, está claro que el director hace crítica del machismo italiano con su dirección y puesta en escena y pone de manifiesto la hostilidad que sufren las mujeres en los espacios públicos.

El desenlace final también está muy asociado a cómo era la sociedad italiana de la época, finalmente, el personaje de Mary no toma una decisión sino que es obligada a tomarla, por unas leyes que condenan el adulterio. En el último acto de la historia, Mary y Giovanni son delatados cuando se ocultan en un vagón de un tren parado en una vía muerta. Les acusan de mantener relaciones sexuales en un sitio público con el agravante de que ella está casada. El escrutinio al que se expone la pareja que ha de recorrer, custodiada por la policía, la estación hasta la comisaría, es otro más de los momentos en los que Mary es expuesta a las miradas y al juicio de todas las personas que les observan, sobre todo las miradas lascivas masculinas que ven en Mary a una mujer sin recato, capaz de tener una aventura fuera del matrimonio en un lugar público. Lo curioso es que sea su indiscreción la que al final les obligue a tomar la decisión final, una decisión impuesta, ajena a su voluntad.

Estación Termini es una película maravillosa, estilizada, sobria, bellísima, un melodrama con tintes de neorrealismo italiano, lo mejor de dos cinematografías absolutamente divergentes: Hollywood e Italia. Y además, es un documento excelente, un pequeño documento filmado que, más allá de la historia de amor, nos muestra una sociedad y una época bastante hostil para las mujeres.

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