La semana pasada saltaba la noticia de la aparición en los archivos de la Filmoteca Española de la primera película sonora dirigida por una mujer, María Forteza. Se formó un enorme revuelo, máxime cuando su autora era una completa desconocida de la que apenas se sabía nada y de la que sigue sin saberse mucho. Es un corto documental titulado Mallorca, con música de Albéniz, a quien está dedicado, y sin diálogos, tan solo una locución en off al principio. Según ha puesto en conocimiento Filmoteca Española, la película se catalogó en 1982 como película muda y se había atribuido su autoría a Ramón Úbeda (marido de la directora), al proceder a su digitalización, hace unas semanas, es cuando se ha visionado y se ha podido constatar que tenía sonido y que en los créditos aparece María Forteza como directora.

María Forteza fue una de las cupletistas más famosas de la isla en los años 20. Se casó con el productor Ramón Úbeda y colaboró con él en diversas películas. Mientras escribo estas líneas, se está intentando datar la fecha del filme ya que surgen discrepancias en torno a si fue anterior a 1935 o posterior. No hay constancia de la película en la prensa y solo por detalles de la vida personal de ambos y por detalles de la película se puede llegar a dar una fecha aproximada de la realización del filme que, de momento, se cree que fue realizado entre 1932 y 1934.
Por supuesto, la noticia es bienvenida y celebrada y, por supuesto, no sorprende. No sorprende el hecho de que la película estuviese “desaparecida” y no sorprende el que poco a poco se vayan aportando nombres femeninos a la historia general y a la del cine en particular. Se va reescribiendo la historia y las investigaciones nos van llevando a descubrimientos que hacen cambiar el relato de la historia. Estamos pasando de la invisibilización, la ridiculización o el ninguneo, a la visibilización, el respeto y la reparación del trabajo de las mujeres. Pienso en la labor de rescate y reconocimiento que se está haciendo, por ejemplo, de las escritoras que se han aglutinado bajo el paraguas de “las sinsombrero” que habían quedado olvidadas y, en el mejor de los casos relegadas a la sombra de sus parejas (como fue el caso de Concha Méndez a la sombra de Antolaguirre o de María Teresa León a la sombra de Alberti). Pienso también que hasta hace unos pocos años nadie conocía a Alice Guy-Blaché y ahora la historia del cine no se puede contar sin ella, porque fue la primera cineasta (hombre o mujer) en realizar películas argumentales de ficción, un año antes de que Melies se pusiera en faena. Y estos son solo ejemplos de lo que poco a poco se está consiguiendo, no solo en el ámbito de la cultura, también en la ciencia y la historia.
En el caso que nos ocupa, parece que ahora, cuando se reescriba la historia del cine español, se podrá incluir una mujer más a la escasa representación que de directoras ha habido en nuestra temprana cinematografía. Por supuesto, María Forteza no podrá quitarle ningún mérito a Rosario Pi que, hasta ahora ostentaba el título de ser la primera mujer en dirigir un filme sonoro en nuestro país (El gato montés, 1934), pues seguirá siendo el primer largometraje de ficción sonoro dirigido por una mujer.

Pioneras por los pelos
Se cuentan con los dedos de la mano las pioneras en el cine español, ahora ya son cuatro. Y todas tienen mucho en común, salvo Rosario Pi, todas, Helena Cortesina, Elena Jordi y María Forteza, venían del mundo de las variedades y la interpretación. También se sabe que ninguna consiguió rodar más de una película (que se sepa) excepto Rosario Pi que fue la que tuvo una trayectoria más estable en el cine, aunque su carrera también quedó trucada. Fueron pioneras con muy poca suerte y que han tenido que lidiar con el olvido, la desidia y la desbancada. Una vez más, su presencia se borró y fue muy a posteriori cuando se las comenzó a dar el crédito que se merecían.
Elena Jordi fue la primera mujer en dirigir una película en 1918, Thais, un cortometraje basado en la ópera de Missenet y en el que ella era también la protagonista. Sabemos que esto fue así más o menos, porque quedan los periódicos de la época que se hicieron eco de ello y hablan de aquel filme, pero lo cierto es que la película desapareció y no hay constancia física de ella.
A continuación, Helena Cortesina, en 1921 dirigió Flor de España o Leyenda de un torero. Se estrenó dos años después y para producirla creó su propia productora, Cortesina Films. El filme fue un fracaso en taquilla y no se tiene constancia de que dirigiera ninguna película más aunque continuó su carrera como actriz, primero en España y después en Argentina. Si la película de Elena Jordi está desaparecida, en el caso de Cortesina, lo que casi desaparece es su crédito como directora. Señala Barbara Zecchi en su libro La pantalla sexuada que, si bien ella aparecía como única directora de la cinta, con los años se añadió el crédito como co-director de José María Granada y más tarde se invirtió el orden de los nombres, quedando el de Cortesina por debajo del de Granada.

Por último, Rosario Pi. Hasta hace unos días era considerada la primera directora de un filme sonoro, El gato montés que dirigió en 1935. En Rosario Pi, ya encontramos una carrera más profesionalizada y consolidada en el cine. Pues no solo dirigió un film, sino que dirigió en 1938, Molinos de viento y además fue guionista y productora, si bien su carrera profesional no terminó en el cine, sino que volvió a sus orígenes: el sector textil.
Estas breves anécdotas nos dan la idea de que, prácticamente, la participación en el cine de las mujeres fue casi circunstancial y claramente anecdótica, es decir, que estas mujeres dirigierons sus respectivos filmes pero no tuvieron la oportunidad de proseguir con una carrera estable como directoras de cine y ahí quedó la cosa. Pasarán muchos años hasta que las mujeres se hagan un hueco considerable en el cine como directoras o productoras. Durante la dictadura apenas podemos hablar de dos nombres: Ana Mariscal y Margarita Alexandre. Y esta situación no mejoró (y solo un poco) hasta la década de los 90, pues entretanto, una vez más, solo necesitamos una mano para contar las directoras que dirigieron cine en los 60, 70 y 80 en España (Cecilia Bartolomé, Josefina Molina y Pilar Miró). Hoy en día la nómina de directoras es más amplia y son muchas las que lo siguen intentando pero, todavía, son muy pocas las que consiguen mantener una trayectoria con varios títulos que le den espacio para poder desarrollar un estilo o una filmografía interesante. Pero esta es otra película.
