Laura, de Otto Preminger, siempre ha sido una de mis películas favoritas de los años 40, lo que dice bastante ya que el género de cine negro nunca me apasionó. Cuando la vi, siendo prácticamente una niña, me encantó el personaje de Laura Hunt, esa mujer trabajadora e independiente. Por supuesto, Gene Tierney me parecía una mujer guapísima y el personaje de Laura un referente al que imitar.
Cuando comencé a pensar en el proyecto de este blog, una de las primeras películas que me vino a la cabeza fue este sofisticado filme, porque mis recuerdos intuían que no era una película de género al uso y que Laura tampoco era un personaje sujeto a los clichés de este género cinematográfico. He vuelto a ver la película, dos veces, con muchos más años, con más experiencia cinematográfica y con las gafas moradas y no me ha defraudado.
Me sigue pareciendo una joya, elegante, estilizada, con un guión redondo y una música deliciosa. Lo que me resulta curioso es que se la siga citando como una de las mejores cintas del género del cine negro cuando se aleja bastante de él; más allá de que haya un asesinato que resolver y un policía investigando, oh sorpresa, no hay una femme fatale devoradora de hombres, perversísima que lleve a un hombre a la perdición, ni tampoco hay una patética damisela en apuros. Laura es de todo menos una damisela aunque, bueno, en apuros está pero claro si no fuera así no habría película.
La trama es sencilla en apariencia, el detective Mark McPherson (Dana Andrews) investiga el asesinato de Laura Hunt (Gene Tierney), quien fue encontrada en su propio apartamento, aparentemente asesinada de un disparo en la cara. A partir de ahí, las personas de la vida de Laura se convierten en sospechosas de su asesinato y entre todas van construyendo el relato y el personaje de la protagonista.

Aunque tardamos en ver a la Laura real, su aspecto físico lo conocemos desde el principio, pues los créditos de apertura se impresionan sobre su retrato, un retrato que estará muy presente durante toda la primera parte de la película. A Laura, como persona, la vamos conociendo por lo que la gente que la rodea va contando sobre ella, sabemos que es generosa, que está comprometida con Shelby Carpenter (Vincent Price), un caza fortunas de poca monta bastante simple, y que es una ejecutiva creativa de publicidad, es independiente y ambiciosa.
En este punto es donde nos detenemos, porque este hecho, el que Laura sea una mujer profesional es lo que va a marcar la diferencia con el resto de películas de género. Laura Hunt trabajaba en el departamento de arte de una agencia de publicidad, un departamento de mujeres en el que confeccionan manualmente, las campañas que han desarrollado los creativos. Pero ella ha creado por su cuenta un anuncio de unas plumas estilográficas que ofrece al escritor Waldo Lydecker (Clifton Webb) para que se lo patrocine, persona a la que ella admira ya que lee habitualmente sus columnas. Es decir, Laura es ambiciosa, tiene iniciativa e inquietud intelectual. No vamos mal. Pero no solo eso.

Laura asciende y ese ascenso está ilustrado con dos planos absolutamente maravillosos para la época, Laura ejerce de jefa primero con los creativos, en una sala llena de hombres, y después en una reunión donde no duda en levantarse con seguridad y hablar frente al resto de directivos, por supuesto, todos hombres de nuevo.
Ella no parece encontrarse fuera de lugar en el mundo laboral, de hecho, a lo largo de toda la película va dejando claro que siempre ha querido tener una carrera profesional, pero lo que hace más extraordinario es que su personaje es positivo, en ningún momento se la presenta de forma negativa como una jefa mandona o sin escrúpulos, sino más bien como una mujer muy trabajadora, asertiva, justa y, sobre todo, a la que le encanta su trabajo. Algo que le deja muy claro al personaje de Shelby Carpenter (Vincent Price) cuando él se le intenta declarar:
SHELBY: ¿Cenarás conmigo mañana?… Bien. ¿Y qué tal dentro de tres semanas y todas las noches hasta entonces? ¿Qué tal dentro de dos meses y el mes que viene? ¿Y para comer? Comidas deliciosas. Día tras día, tras día, tras…
LAURA: ¿Y el trabajo? Un trabajo fantástico día, tras día, tras día.
Por cierto, ella es su jefa. Es más, ella le ofreció un trabajo a él.

Más adelante, en la escena de la cocina con el detective Mark McPherson, deja claro que siempre había soñado con tener una carrera y que, además, su madre la apoyaba. Si bien, esta escena encierra la trampa de la súper woman pues cuando McPherson le propone preparar el desayuno, le pregunta en tono entre condescendiente y despectivo si sabe hacer café a lo que Laura responde que ella hará el desayuno y que él puede poner la mesa:
McPHERSON: No me diga que sabe cocinar.
LAURA: Mi madre siempre escuchaba mis sueños de tener una carrera antes de enseñarme una nueva receta.
De verdad, McPherson respira tranquilo, menos mal que sabe cocinar. Sí, Laura es un “ángel del hogar” encubierto. El mensaje es claro: aunque con una carrera profesional, cumple con lo que se espera de ella como mujer: saber cocinar. Es decir, tendrá que lidiar con carrera profesional y casa y tendrá que hacerlo todo bien. Pero, qué queremos estamos en los 40, sí ahí nos la han colado, pero, ¿no nos la siguen colando en pleno siglo XXI. (Por cierto, es una de mis escenas favoritas de la película, qué le voy a hacer.)

Para terminar, me gustaría destacar su carácter independiente y fuerte. Algo que queda patente en su primer encuentro con el detective McPherson, Laura entra en su apartamento y se lo encuentra dormido en un sofá. No se asusta, ni grita, ni hace aspavientos al ver a un desconocido en su casa. Mantiene la compostura, habla con un tono de voz firme y le amenaza con llamar a la policía. Tampoco dejará que nadie le diga lo que tiene que hacer (pese a lo que nos ha querido dejar ver Waldo con su historia, algo que analizaremos en el siguiente post). Más adelante, cuando McPherson la reprende por haber desobedecido sus órdenes ella le replica: “Usted me obligó a dar mi palabra. Nunca he estado ni estaré obligada a algo que no quiera hacer por voluntad propia”. Toda una declaración de intenciones.
A estas alturas de la película, personaje femenino de la historia (que no suele ser la protagonista) ya habría sido presentada como una vampiresa irracional, seductora, devoradora hombres sobre la que nos pondrían en aviso de que va a llevar a la perdición a algún buen ciudadano (o no tan bueno), lo que dará lugar a que cuando llegue su muerte (porque las mujeres así siempre son asesinadas o mueren en alguna circunstancia extraña) esta no genere en el espectador ninguna empatía por el personaje. Este clásico cliché y estereotipo de los personajes femeninos de las películas de cine negro, han servido para que en el inconsciente colectivo se blanquee, normalice e incluso se justifiquen los asesinatos a las mujeres. Para que terminemos diciendo, bueno, se lo merecía, era mala.
Sin embargo, en Laura, el personaje femenino, es positivo, se la presenta como una persona amable, generosa, buena profesional en su carrera, educada, con personalidad pero además, en ningún momento se la hace parecer culpable de su muerte, ella no es la justificación de su propio asesinato.
Todo esto, hace que este personaje resulte muy moderno y avanzado para la época y por ello lo he querido rescatar. En 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, la reacción hacia el movimiento de la mujer moderna que tuvo lugar a comienzos de siglo estaba comenzando a fraguarse para devolver a la mujer a su lugar en el hogar antes de que volvieran los hombres del frente, de ahí que esta película me parezca un oasis en medio del desierto. Y tal vez lo novedoso de Laura se entienda mejor si tenemos en cuenta de que esta historia y este personaje lo ideó una mujer, la escritora y activista Vera Caspary. Cuando comencé a escribir este post, me di cuenta de que solo analizar el personaje de Laura me estaba ocupando demasiado, así que habrá una segunda parte, donde analizaremos la parte de la mujer objeto/ideal y el tema de la posesión masculina hacia la mujer. Adelanto que habrá spoilers.
