Magnolias de acero, Herbert Ross (1989)

Se cumplen 30 años del estreno de Magnolias de acero en España. Es la adaptación de la obra de teatro del mismo título que escribió Robert Harling, quien se encargó también del guion de su adaptación cinematográfica. Harling quiso rendir homenaje a su hermana, que murió unos años antes por complicaciones con su diabetes, contando su historia y rindiendo homenaje a su vez a su madre y a la comunidad de mujeres que las rodeaban y apoyaban. La película fue dirigida por Herbert Ross.

Y, ¿por qué esta película es importante? ¿Qué tiene de especial? ¿Por qué hablar de ella? No es una película feminista, ni siquiera rupturista formalmente, ni subversiva ideológicamente, sino un fresco costumbrista de un grupo de mujeres blancas del sur de Estados Unidos. Pero lo especial del filme es el momento en el que se filmó y en cómo se convirtió en un fenómeno de taquilla recaudando casi 96 millones de dólares (con un coste de producción de 15 millones).

Esta película en sí es una rara avis. Es un relato ginocéntrico con seis personajes femeninos como protagonistas lo que la convierte en una historia de mujeres, pero no en un sentido peyorativo, sino en un sentido literal. De hecho, en la obra de teatro no hay ningún personaje masculino, solo hablan de ellos pero estos nos intervienen en el relato. En la película sí que aparecen pero estos personajes masculinos son los maridos de, los hermanos de, los padres de, los amantes de… las protagonistas. Una completa inversión de representación de los sexos en un momento en el que en las películas rara vez había más de una mujer protagonista en el reparto y cuando aparecían siempre estaban supeditadas y definidas en función del o los protagonistas masculinos. De hecho hubo críticas que se quejaban de que los personajes masculinos no tenían demasiada entidad en la película.

Estamos ante un filme modesto de presupuesto y protagonizado íntegramente por actrices de diferentes edades que consiguió colarse al final de una década, la de los 80 (en Estados Unidos se estrenó en noviembre de 1989), en la que la testosterona se había con el discurso narrativo de las películas de Hollywood y de ahí su excepcionalidad. La década de los 80 fue la época de la reacción (como teorizó Susan Faludi en su famoso libro Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna). Tras la tercera ola feminista que se vivió a finales de los 60 y durante los años 70, la nueva década estuvo marcada en Estados Unidos por  un férreo conservadurismo exacervado dirigido por unos presidentes tan conservadores como Ronald Reagan y George Bush padre que propagaron su patriotismo militarista y violento a lo largo y ancho de Estados Unidos y con un Hollywood que abrazó sin complejos esta ideología y se encargó de expandirlo por el mundo con muchas de sus producciones.

Durante esa década el cine predominante fue el cine masculino, es decir, protagonizado en su gran mayoría por hombres, pero no hombres cualquiera, sino por hombres héroes, hombres soldados, hombres aventureros. Las mujeres tuvieron muy poco que hacer y muy poco que decir. Los papeles protagonistas de estas estaban confinados a las comedias románticas y los melodramas, pensemos en filmes como Memorias de África o Dirty Dancing. Es la década de las Indiana Jones, de Regreso al Futuro, de Rambo, de Top Gun y también de los Porkis y las Locas academias de policía, estas últimas llenas de vejaciones y estereotipos de lo más burdo hacia las mujeres. Así que el éxito de Magnolias de acero, en cuyo cartel aparecen nada menos que seis mujeres sonriendo, abrazadas, juntas y con mucha ropa en cima, podía haber sido una producción suicida y sin embargo su enorme éxito hizo saltar las alarmas, aunque no sonaron muy fuertes, de que las películas protagonizadas por mujeres tal vez no fuesen una mala idea después de todo en término de taquilla (que al final es lo que cuenta en la Meca del Cine).

Cierto que esta película no pretende ser un alegato feminista, no hay un cuestionamiento de los roles y valores patriarcales de la sociedad, pero sí hay una mirada hacia esa otra mitad de la población, hacia sus lugares comunes y de reunión, esa otra mitad que también tiene historias que contar, sentimientos que mostrar, aunque no haya grandes explosiones, ni efectos especiales. El mundo de las mujeres, que generalmente queda relegado a un plano secundario de las historias de Hollywood, ninguneado y menospreciado, se convierte en protagonista absoluto de esta cinta y por eso es innegable tener en cuenta su valor pues inauguró una nueva era.

La película supuso el lanzamiento de Julia Roberts y le dio su primera nominación al Oscar como actriz de reparto al tiempo que ganaba el Globo de Oro en esa misma categoría. Además de incorporar a su reparto a actrices veteranas como Shirley MacLaine, Olympia Dukakis o Sally Field que también tuvieron sus nominaciones en diferentes premios de 1990. Maclaine y Dukakis estuvieron nominadas en los American Comedy Awards en la categoría de la Actriz de Reparto más divertida y la primera también recibió una nominación al BAFTA y en los Chicago Film Critics Association Awards como actriz de reparto. Sally Field estuvo nominada como actriz principal en los Globos de Oro y la película se llevó el premio a la Película Dramática Favorita en los People’s Choice Awards. El filme, además, le dio a Dolly Parton el mejor papel de su carrera y la oportunidad a Daryl Hannah de salir de su zona de confort e interpretar un personaje en el que su físico no fuese lo determinante del personaje.

Magnolias de acero supuso un punto y aparte pues a partir de aquel entonces, la tradición de repartos feminos, muy habitual en décadas anteriores como la de los 40 o 50, se fue retomando poco a poco. Al año siguiente, llegó el fenómeno Thelma & Louise y ese mismo año se adaptó Tomates verdes fritos (de nuevo mujeres en el sur, un enorme éxito y aunque con tintes más feministas que la obra que nos ocupa). Postales desde el filo en 1990, Ellas dan el golpe en 1992 (aunque como protagonista figura Tom Hanks, el reparto es mayoritariamente femenino), El club de la buena estrella en 1993… Sin embargo, son solo mínimas cuotas que parece que haya que cumplir. Todavía no hay trabajos de directoras que comiencen a ser más asiduas en las producciones y que nos puedan ofrecer una auténtica mirada femenina, pero estaba a punto de irrumpir Jane Campion con su filme El piano y la carrera de Kathryn Bigellow comenzaba a despegar con Acero azul.


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