Es probable que Harry hubiera preferido no encontrarse nunca con Sally. Tal vez agradeció enormemente que alguien le hiciera darse de bruces con su masculinidad normativa. Tal vez le vino bien caer en la cuenta de que tendría que esforzarse más en las relaciones sexuales futuras, después de descubrir que ningún hombre, ni siguiera él mismo, consigue que una mujer llegue siempre al orgasmo. Aunque seguro que no le hizo mucha gracia que no fuera capaz de diferenciar un orgasmo real de uno fingido.
Cuando el director Rob Reiner decidió hacer una película sobre su vida como hombre soltero, tras 10 años de matrimonio, no tenía ni idea de cómo iba a terminar la cosa. Iba a hacer una película sobre las relaciones entre hombres y mujeres y su experiencia con las citas para encontrar de nuevo pareja. Así, de forma muy sabia, cayó en la cuenta de que si la escribía él solo tendría el punto de vista masculino, pero necesitaba el punto de vista de una mujer para tener una visión más completa y menos distorsionada del tema.
Se lo propuso a la guionista y escritora Norah Ephron que aceptó el reto. Así que comenzaron las conversaciones acerca de las situaciones vividas y de las experiencias de uno y otra, para ir recopilando material para el guion. Hablaban de hombres y mujeres, de lo que piensan unos y hacen otras, etc. Y en estas, Ephron soltó la bomba de que las mujeres a veces fingen sus orgasmos. El sector masculino no daba crédito. Según cuentan los propios Reiner y Ephron, la reacción entre los hombres fue de… «conmigo no», «a mí eso no me ha pasado». Pero, ¿cómo lo sabían? Pues no, no lo sabían, lo que ocurría es que nunca se lo habían planteado, el hombre siempre satisface a una mujer, o eso creían ellos. Lo siguiente fue que Reiner hizo una encuesta entre las mujeres de la productora. Más de la mitad admitió que alguna vez había fingido sus orgasmos. El germen de una de las escenas más famosas del cine había quedado plantado.
Cuando proyectaron por primera vez la película, las mujeres rieron con ganas durante la escena de Sally fingiendo el orgasmo en una cafetería. Los hombres apenas entendían lo que estaba pasando y enmudecieron. Es de suponer que tenían la misma cara que Billy Crystal en dicha escena y la misma que debió de poner Rob Reiner cuando Nora Ephron le dijo que las mujeres fingían orgasmos: una mezcla de orgullo herido, sorpresa e incredulidad.
Pero, analicemos la escena y por qué es tan fascinante y divertida. Si alguien leyera en un guion que la protagonista finge un orgasmo en un lugar público, el peligro de que esa escena se convirtiera en un momento exhibicionista con cierto regusto sexista sería muy alto, y daría igual que fuera una comedia o no, sería una perfecta ocasión para exhibir a la actriz como objeto de escopofilia. Sin embargo, estamos ante una dirección y un guion que parecen dispuestos a que en esta ocasión esa circunstacia quede dada la vuelta. Por lo tanto, la puesta en escena no está sujeta a la erotización de la secuencia pues no tiene lugar en un restaurante a media luz, durante la cena, con vino y velas, tampoco Meg Ryan lleva un sugerente vestido que exponga su cuerpo a la mirada masculina, ni su actuación está pensada para seducir.

Por el contrario, la escena se desarrolla en una cafetería a la hora de comer, con la pareja en medio del local rodeada de todo tipo de personas y Ryan lleva un jersey con una camisa abrochada hasta el cuello, no se expone ningún centímetro de su cuerpo. Cuando Sally comienza a fingir su orgasmo, todo el local enmudece, ella se abstrae por completo y Harry quiere desaparecer. En otras circunstancias, hubiera sido la típica escena en la que ella se hubiera mostrado como objeto de deseo, intentando satisfacer una mirada, la de Harry y la del espectador masculino. Y, sin embargo, lo magistral de esta escena es que el único que se siente expuesto es Harry y por extensión, el resto de los espectadores hombres, al descubrir una verdad muy incómoda para ellos, que ataca directamente en su ego masculino y a su masculidad heteronormativa: ¿habrán sido ellos también víctimas de orgasmos fingidos? Por el contrario las espectadoras se ríen por empatía y por la realidad que subyace detrás, y que puede ser muy descorazonadora: las mujeres no siempre llegan al orgasmo y muchas mujeres ni siquiera han sentido uno. Es decir, queda descubierto el hecho de que la sexualidad de la mujer siempre ha estado narrada por los hombres, pero que cuando somos nosotras las que la contamos, no se parece en nada a como se ha mostrado continuamente en la ficción ya sea cinematográfica o literaria. Y por eso la última frase es tan divertida y tan lapidaria a la vez (frase que curiosamente no estaba en el guion y que sale de la boca de la madre del propio director, la actriz Estelle Reiner), porque pone en boca de una mujer (que además no es guapa, ni joven, ni sexy) el hecho de que las mujeres también queremos disfrutar del sexo.

¿LA MEJOR COMEDIA ROMÁNTICA?
Me gustan las comedias románticas, las buenas comedias románticas. Y buenas hay pocas, porque es un género que ha tendido demasiado a afianzar estereotipos de género y a ser demasiado conservador en sus planteamientos. La mayoría de ellas son bastante bochornosas y si encima buscamos una comedia que no lo sea desde una perspectiva de género, pues entonces podemos dar la misión por perdida, muy pocas pasarían el filtro morado. Cuando Harry encontró a Sally es, sin duda, una de las mejores. Porque es divertida, porque no hay una absurda guerra de sexos descerebrada, porque el personaje femenino no es histérico, ni infantilizado ni tiene como único objetivo conseguir un hombre aunque eso la haga exponerse a situaciones degradantes y ridículas. Porque el personaje masculino no es un inmaduro niño grande que hace todo lo posible por prolongar la adolescencia hasta el infinito. Son personajes adultos, que van adquiriendo coherencia con la edad y que no se traumatizan por ello.
Como comentaba más arriba, el hecho de que Reiner le confiara el guion a Ephron fue lo que necesitaba esta película para ser tan estupenda. Ephron era una magnífica escritora, elegante, divertida, con una gran facilidad para los diálogos inteligentes. No se puede pedir más. También hemos señalado que en la película hay un cúmulo de experiencias vividas por parte de ambos, Ephron utilizó para el guion muchas de las ideas y experiencias del propio Reiner, así como las suyas propias. De esta forma el equilibrio entre lo masculino y lo femenino es perfecto, ninguno se impone al otro. La película en realidad nos propone cómo llegan a conocerse un hombre y una mujer a base de ir desgranando los estereotipos de género con los que han crecido y con los que han sido educados, estereotipos que solo suponen ser obstáculos en las relaciones entre hombres y mujeres y que cuando se verbalizan y discuten ayudan a que estas avancen. Cuando Sally y Harry deciden ser amigos, lo que están poniendo en cuestión es la incompatibilidad de dichos prejuicios con el hecho de tener una relación sana y respetuosa entre dos personas de diferente sexo.

Y sin embargo, a pesar de esos roles de género, estos son unos personajes muy humanos, lejanos a la caricatura. En esta historia, Sally es la cerebral, la exigente, la idealista, la que no tiene prisa por casarse porque quiere lo mejor. Harry es el neurótico que se regodea en su fracaso sentimental y el que está deseando encontrar una nueva pareja, aunque también es el más cínico al respecto.
No me gusta decir que algo es lo mejor a todo lo demás, porque creo que es un concepto que no sirve para categorizar lo que en el fondo tiene de subjetivo. Pero si me atrevo a decir, que Cuando Harry encontró a Sally es una de las mejores comedias románticas de todos los tiempos. Porque no envejece, porque es honesta, porque es divertida, porque tiene un guion estupendo y perfectamente dirigido, y porque sus personajes serán eternos gracias a la magia de la pareja Crystal/Ryan.
