La saga de Star Wars comenzó en 1977 con una película, La guerra de la galaxias, y nadie sabía por aquel entonces hacia qué derivaría. Cuarenta y dos años después, se ha convertido en un auténtico producto de la cultura popular, con su propio universo, mitología e iconografía. Todo el mundo lo reconoce, aunque no haya visto sus películas. Su influencia en el cine comercial fue inmensa e inauguró una nueva era en la que el marketing y el merchandising se convirtieron en pilares fundamentales de los beneficios generados, complementando sustancialmente los ingresos de taquilla.
Siendo un referente cultural tan fuerte, creo importante analizar el papel de las mujeres en las diferentes tramas y cómo han evolucionado los personajes femeninos a lo largo de las tres trilogías que componen la conocida como saga Skywalker.
La primera trilogía por orden de producción, tenía como único personaje femenino a la princesa Leia (Carrie Fisher). A pesar de tener el título de princesa, no parecía corresponderse con el rol tradicional de princesa; ni era pasiva, ni esperaba un príncipe azul, ni vivía en un palacio, ni vestía ropajes lujosos. Era presentada más bien como líder de la resistencia contra el imperio, su principal objetivo en la vida era la revolución y andaba de allá para acá participando activamente en las misiones de la resistencia. Desde luego, este personaje supuso, visto con perspectiva una cierta ruptura con los papeles que se solían relegar a las mujeres, Leia tomaba decisiones y participaba en la acción.
Estamos a finales de los años 70, todavía colea la 3ª ola feminista que hacía unos años había intentado revertir el retroceso en materia de igualdad social que sufrió EE.UU tras la Segunda Guerra Mundial. Pero el personaje de Leia, se parece más a las descaradas mujeres profesionales e independientes herederas de las screw ball comedies de los años 30, una suerte de Doris Day o Katharine Hepburn que intenta sobrevivir en un mundo de hombres mostrando una cierta impertinencia y autosuficiencia que, en el fondo más que hacer una reivindicación, servía a efectos de guion, para darle cierta comicidad y tensión sexual a sus escenas con el alter ego masculino (en este caso, Han Solo).

Y, sin embargo, Leia es un oasis en un universo absolutamente masculino, tal vez porque el género de la ciencia ficción siempre se ha presupuesto que era de interés solo para los espectadores masculinos. En esta trilogía no hay presencia femenina, es decir, no hay mujeres piloto, no hay mujeres en la tripulación del imperio, no hay mujeres, básicamente. Vamos, que en aquella galaxia muy muy lejana solo había cabida para una princesa, el resto de mujeres o seres femeninos de las diferentes especies, estaban recluidas y escondidas. En La guerra de las galaxias, aparte de Leia, solo entra en escena la tía de Luke, pero su participación es absolutamente episódica, breve y sin ningún tipo de trascendencia. Habrá que esperar a El retorno del Jedi para ver algún que otro personaje femenino como Mon Mothma o la bailarina y cantantes de la guarida de Jabba the Hutt (estos últimos, sin ni siquiera una línea de guion, en papeles reservados a las mujeres, es decir, cantantes de cabaret y esclavas para el disfrute del Hutt). De hecho, es en esta película donde el personaje de Leia también es convertido en objeto de deseo de la mirada masculina cuando aparece convertida en la esclava de Jabba, vistiendo un exiguo modelito con el que ni siquiera Carrie Fisher se sentía cómoda. Si hasta entonces, se había librado en cierto modo de que su personaje se convirtiera en mito erótico, esta escena, tras haber aparecido vestida como «cazarrecompensas» para intentar rescatar a Han Solo, la devuelve al rol sexual que parece solo pueda atribuirse a las mujeres.
La trilogía de Anakin Skywalker
La segunda trilogía, en la que se narra la transformación de Anakin Skwalker en Darth Vader, es la más siniestra, a mi modo de entender, en cuanto a los personajes femeninos se refiere. Una vez más, apenas hay un personaje femenino protagonista (Padmé/Reina Amidala) y el secundario de la madre de Anakin. Y estos personajes son los que darán sentido a la personalidad de Anakin, es decir, están condicionados por la creación del héroe/villano. Esta trilogía, de hecho, parece consolidar la (siempre cuestionada) influencia católica de la mitología de Star Wars, por el hecho de que el principal personaje de la saga no tiene padre reconocido, de hecho, la propia madre explica que no hay padre (vamos que se quedó embarazada por una suerte de espíritu santo, que no sé… tal vez podría ser la Fuerza). Así pues, Shmi Skywalker (Pernilla August) es una suerte de virgen María que tiene dos propósitos: uno, dar a luz a Anakin (especie de Elegido, podemos tener en cuenta la traducción del apellido Skywalker: el que camina por el cielo) y dos, provocar y aflorar el lado oscuro de Anakin (aunque sin ella quererlo) cuando éste vuelve a visitarla después de varios años y la encuentra secuestrada y torturada, al borde la muerte.
La función de la reina Amidala (Natalie Portman) en la historia (aunque pudiera parecer más protagonista), también sirve para el desarrollo del personaje de Darth Vader y el futuro desenlace de la historia. Aunque en la primera película, La amenaza fantasma, sobre todo en los primeros minutos de metraje, pudiera parecer que es una personalidad importante y tiene peso autónomo en la historia, su séquito y su firmeza en la toma de decisiones así lo demuestran, en seguida su personaje deja de ser reina para convertirse en Padmé y viajar de incógnito y conocer al niño Anakin (Jake Lloyd). A efectos de guion, el objetivo es que ambos personajes se conozcan y que el niño Skywalker se enamore de ella, de hecho, esta es la única parte un poco transgresora de los personajes. Calculamos que ella debe de ser unos 10 años mayor que él y es él, el que queda fascinado por ella, la admira, la idolatra y se enamora (por una vez el personaje femenino es el mayor y se convierte en referente para el personaje masculino más joven).

Sin embargo, aunque intuimos que Amidala es un personaje fuerte, capaz de ser líder, esto no se transluce como debiera, al final tenemos la imagen de una mujer que desfila por la pantalla con un vestuario diferente para cada escena, luciendo estilismos soberbios que la limitan en la acción. Parece que solo hay un momento en El ataque de los clones o La venganza de los Sith en el que un vestuario más cómodo la ayuda a interpretar momentos de acción.
Según avanza la trama y Anakin ( Hayden Christensen ) se hace mayor, Amidala se va sumiendo en un personaje cada vez más pasivo, ya no tiene el protagonismo que apuntaba en la primera… Sus escenas se reducen prácticamente a diálogos empalagosos y edulcorados con Anakin y situaciones de romance envuelto en clichés de amor romántico hasta que llega la boda clandestina y el embarazo, fin último de toda la trilogía (y razón de ser de Amidala) ya que sus futuros bebés serán Leia y Luke Skaywalker. Una vez da a luz, ya se puede morir (su personaje ha cumplido). Así pues, queda reducida a un vientre fértil, de hecho, queda recluida (con la excusa de que nadie puede saberlo) y su personaje desaparece de la acción cual Penélope a la espera de Ulises. Podríamos decir que Amidala sufre una suerte de involución, de mujer fuerte, líder y protagonista a esposa abnegada y recluida embarazada, sin ningún tipo de voz sobre su destino.
La trilogía final
Y llegamos a la tercera y última trilogía que se estrenó en 2015, 10 años después de La venganza de los Sith. George Lucas había dejado la dirección de Lucas Films cuando vende la compañia a Disney, nombrando a Kathleen Kennedy CEO de la primera. Como ya os comenté en el post que le dediqué, cuando se sentaron a plantear la nueva trilogía, ella tenía muy claro que la heroína iba a ser una mujer. Esta trilogía traspasa pues la barrera de la mujer como acompañante del héroe, y es en ella en la que recae la evolución de la historia, sus acciones son las que cuentan y tienen consecuencias. Pero lo más fascinante de ello es que el personaje de Rey está planteado de tal forma que parece querer abolir los estereotipos de género, algo que entronca directamente con el pensamiento feminista. Ya no es una princesa como Leia ni su misión última es ser madre y objeto de amor del protagonista masculino. Tampoco su vestuario está pensado para destacar sus atributos femeninos ni para convertirse en disfrute de los espectadores masculinos como sucede con las heroínas de Marvel o DC. Su nombre no es femenino y ni siquiera la elección de la protagonista (Daisy Ridley) responde a un patrón erótico heteropatriarcal.

La primera vez que aparece Rey en pantalla ni siquiera sabemos si es un hombre o una mujer pues lleva la cara cubierta y su vestuario tampoco da pistas. Es decir, su personaje bien podría ser un chico, pero sucede que es una chica (que no se comporta como se supone que se debería de comportar): no lleva maquillaje, su vestuario está diseñado para que sea funcional y cómodo, no sexy… Rey malvive sola vendiendo chatarra y ha tenido que aprender a defenderse y a ser totalmente independiente y autosuficiente. Además, Rey es una excelente piloto, ninguna de las anteriores protagonistas poseía este tipo de habilidad, ni destacaba por nada en concreto.
Por si fuera poco lo más fascinante es su relación con el resto de personajes masculinos de la trama, ninguno hace referencia a que pueda o no hacer ciertas cosas por ser mujer, su sexo nunca se menciona, no hay burlas ni chistes fáciles que tengan que ver con su sexo, ni siquiera Han Solo (Harrison Ford), que parece más molesto porque sea demasiado joven e inexperta que por el hecho de ser mujer. Tampoco Luke Skywalker (Mark Hamill) se negará a entrenarla por razón de su sexo. Snoke habla de ella como «la chica» (pero en el fondo es un apelativo descriptivo, no hay infravaloración por cuestión de sexo, bien podría ser “el chico”) y, cuando es apresada, la hace enfrentarse a Kylo Ren (Adam Driver), porque lo que valora son sus capacidades con la Fuerza, sin tener en cuenta su sexo.
Pero Rey no es la única. En esta trilogía, las mujeres están presentes en todas partes, el mundo androcéntrico de la primera trilogía, donde ni siquiera los figurantes y secundarios eran mujeres, ha cambiado. Ahora, echando un vistazo a los personajes que pueblan el universo de estas películas, tanto la base de la resistencia como las naves del imperio tienen mujeres alrededor, es decir, el universo Star Wars ha dejado de ser un universo homosocial para integrar, tanto en sus personajes principales como en los personajes episódicos y extras a las mujeres en un auténtico ejercicio de dar diversidad y, en el fondo, veracidad a la historia.
De hecho, Leia ha pasado a ser General Organa, un cargo militar, un rol atribuido al sexo masculino y ha recuperado el apellido. Hemos tenido heroínas que se han auto inmolado como la Vice Almirante Holdo (Laura Dern); mujeres que pilotan naves, como Rose Tico (Kelly Marie Tran) o que han sido soldados imperiales como Jannah (Naomi Ackie) y la Capitana Phasma (Gwendoline Christie), entre otras. Es por todo esto que Star Wars ha entendido mucho mejor el lugar que queremos ocupar las mujeres en el mundo, mucho mejor que Marvel, por ejemplo, cuyos personajes femeninos siguen pareciendo excepciones más que norma.
